PALABRA DE DIOS

Cuando se escucha la palabra de Dios, se siembra una semilla; ahora en esta semilla hay poder para nacer, crecer y dar fruto, pero el crecimiento de la semilla depende del terreno en el que ésta fue plantada (Mateo 13:18-23); aunque el terreno no sea el propicio para que la semilla crezca y de fruto, “el terreno no podrá decir: No he podido producir nada porque aún no han plantado semilla en mi campo, pues estaría mintiendo”; aun si el terreno es débil, el deber de él es fortalecerse para lograr el desarrollo del poder de la semilla.

¿Y cómo puede la semilla nacer, crecer y dar fruto en un terreno débil, es decir lleno de pedregales y espinos?

Al escuchar la palabra de Dios sus siervos la explican, la ejemplifican y preguntan si ha quedado entendida, y si se responde afirmativamente, entonces es éste conocimiento el que servirá como herramienta en cada persona para empezar a remover del terreno débil los pedregales y los espinos; porque si la palabra ha sido comprendida entonces debe pasar del entendimiento a la acción, esto significa que deberá ser aplicada en la vida de cada uno, generando un cambio en su proceder; “porque el propósito de la palabra de Dios no termina cuando se analiza y se entiende, sino cuando se cumple” (Lucas 11:28). Aquel cambio de proceder logrará la desaparición de los pedregales y los espinos que existen en el terreno y de ahí en adelante la semilla tendrá la oportunidad de nacer crecer y dar fruto.

En todo caso si la semilla ya ha sido plantada, Dios vendrá para recoger la cosecha y dará a cada uno recompensa de acuerdo al fruto que encuentre (Mateo 25:14-30), “y si no encuentra fruto ¿Cómo decirle que no hay cosecha aunque Él nos haya regalado una semilla?”

Biblia

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