Cada cierto periodo de tiempo en Colombia reunimos a un selecto grupo de intelectuales, para que estructuren el país deseado.

Generalmente en su trabajo aplican metodologías modernas, aplicadas en ciertas sociedades, como los escenarios en la Sudáfrica de Mandela.

Los documentos producidos son nobles intentos como para escribir la más bella novela del mundo ideal, jamás visto por el ser humano o cualquier indicio de ser vivo existente.

Es posible que en los análisis de los resultados obtenidos en las políticas implementadas públicas y privadas, se pueda hablar de incremento en la cobertura de educación, en agua potable, en vías de penetración y comunicación, en medios de movilidad, en participación política.

Lo cierto del caso es que la construcción de una sociedad más justa y solidaria en un marco de convivencia pacifica, los nobles intentos, de ficción jurídica son sus mayores logros.

¿El por qué todos los esfuerzos de generaciones no brindan los resultados esperados?, lo primero que se me ocurre, es porque no queremos, la mentalidad del ser individualista desprovisto de solidaridad nos frena, pensamiento heredado de generación en generación como virus imposible de erradicar.

Para construir una sociedad más justa es necesario brindar oportunidades de desarrollo humano, en su justa medida de acceso a las necesidades básicas, cítese salud, educación, empleo y libertad a la capacidad de creación, pero no como dadivas, si no como un paso para el logro del complemento físico de vivienda digna, alimento, vestido, recreación, en premio a la contribución productiva de cada uno de acuerdo a sus capacidades de hacer, que permitan tranquilidad emocional, motor de convivencia pacifica.

De igual manera la equidad no puede ser selectiva por edad, color, credo o estrato, debe integrar totalmente bajo el sentido de pertenencia de país soberano, que no cierra sus puertas al mundo, pero si protege sus hijos.

Ilusos comentarios los últimos, que solo reflejan el deber hacer de una sociedad concebida desde sus orígenes sobre la guerra y el despojo de sus raíces, mezcla de fuego y trópico por ingenieros de otros mundos, creadores de seres nómadas perdidos en el tiempo y espacio, desarraigados del sentido de patria única.

Lo más fácil es ver la problemática y no los logros, pero nuestra realidad nos presenta suficientes argumentos para lo primero, lo segundo son buenos intentos de aquellos hombres conferencistas de temas de superación, de estado, de aquellos que no viven y desconocen el otro país.

Colombia es un país que se ha dedicado a firmar cuanto tratado de libre comercio se le presenta, olvidando nuestro atraso tecnológico y que poco a poco somos colonizados por las multinacionales en sectores vitales del producto interno bruto como: las comunicaciones, la banca y la minería, generando en esencia poco empleo mal pago.

Nuestra evolución como seres humanos nos arroja un universo inseguro y lleno de incertidumbres, el empleo informal crece, los servicios de salud deteriorados, las soluciones son a punta de normas, con el convencimiento que tienen vida por sí solas y poder divino de arreglarlo todo.

Nosotros los de la sociedad civil, divididos entre pobres y ricos, manipulando los primeros a los segundos en múltiples paros, que benefician en esencia a unos pocos, que los toman como trampolín político para ostentar el poder en la cercanas elecciones.

Nuestra pobreza espiritual e intelectual es cada vez más latente, solo verso y poca acción, elegimos siempre los mismos a los mismos, la minoría domina el poder de la prensa, la industria, las comunicaciones y cuanto fenómeno influyente surja.

Somos una sociedad que no asumimos nuestras responsabilidades, descargando nuestras culpas en los demás, los mayores en los jóvenes, y los jóvenes en los mayores.

Cualquier parecido con otros países es mera coincidencia, aquí estoy pensando como saldar la impagable deuda social que tengo con mi país.

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