Prisión, padre, violación, justicia

Roberto Palacios fue condenado a 20 años de prisión por homicidio

 

El titular lo dice todo. Ante una situación así, cualquier persona en su sano juicio trataría de evitarlo. No solo en caso de un hijo, sino de cualquier persona.

La historia trata de Roberto Palacios y su hija, Miranda. Vivían en California, en la ciudad de Ensenada, después de que la madre los abandonara por otro en Morelia, de donde eran.

Con lo poco que tenían, padre e hija tuvieron que mudarse a los barrios conflictivos de la colonia de Ensenada. Un buen día, Roberto no pudo pasar a recoger a su pequeña a tiempo, dado que en su trabajo lo explotaban, pues conocían su situación desfavorable y se aprovecharon cuanto pudieron de ella. Su hija volvía sola a casa y calmaba a su padre diciéndole que estaba paranoico, hasta que llegó ese día y los temores de Roberto se confirmaron.

Al llegar a casa, descubrió a uno de sus vecinos, Martin, de quien se decía era un hombre retraído y poco sociable, tumbado sobre Miranda y forcejeando con ella. Roberto corrió, cogió el bate de béisbol y golpeó tres veces a Martin en la cara, dejándolo inconsciente, para luego llamar a la policía y a la ambulancia.

Tras el juicio Roberto Palacios fue condenado a 20 años de prisión por homicidio.

Esta historia circula por internet y, a falta de datos precisos, no podemos confirmarla plenamente. Aun así, son muchos los casos como este, en los que la justicia no ampara el derecho a la legítima defensa, propia o ajena, ante una amenaza física de la índole que sea.

Aquí en mi ciudad, recuerdo casos como el de una pareja de ancianos a los que trataron de robar en su casa mientras dormían. El pobre hombre se levantó y cogió un cuchillo, y parapetándose en la puerta de su cuarto lanzó varias cuchilladas que, tiempo después, llevaron al ladrón a la muerte. No faltó mucho para que ello le enviase directamente a prisión, y de no haber sido un anciano, probablemente habría salido culpable del juicio.

Luchemos por una Ley mejor. Para ello, solo un camino es válido; el de la JUSTICIA.

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