Hay series, como hay películas o libros, que no poseen término medio en cuanto a gustos y predilecciones. O se aman o se odian, o nos parecen salidas de las mentes más brillantes y benignas o de las más mediocres y malignas. Padre de familia es una de estas series, idolatrada por unos y vilipendiada por otros. Creada por Seth MacFarlane en 1999, después de idas y venidas, cancelaciones y reanudaciones en diferentes canales de televisión, Padre de familia se ha consolidado como una serie de indudable personalidad, humor sin concesiones y giros narrativos impredecibles.

Sobre el primer rasgo que hemos señalado, si bien es verdad que esta serie de animación bebe inequívocamente de la madre de todas las series de la llamada “cultura pop americana”, Los Simpsons, Padre de familia no es una serie más sobre una familia estadounidense desde una perspectiva burlesca, sino un compendio de lo mejor y más peculiar de este tipo de teleficciones, con toques de bestialidad y de ternura al mismo tiempo.

Sobre el humor sin concesiones de esta serie han corrido ríos de tinta. Lo cierto es que no deja títere con cabeza: absolutamente todo lo que tiene que ver con la sociedad actual es pasado por el rodillo más feroz de la crítica, el escarnio y el ataque abierto y sistemático. Sin lugar a dudas, es este el elemento de la serie más polémico y controvertido. Es de todo punto justo sostener que el humor debe tener un mínimo código ético: es decir, uno no se puede reír de todo y bajo cualquier circunstancia. Y aquí no se puede dejar de reconocer que Padre de familia sobrepasa a veces esta delgada línea roja, como cuando hace humor tratando la pedofilia o con escenas ultraviolentas. Sin embargo, el humor agresivo de la serie de MacFarlane es su gran atractivo, ya que es transgresor y absolutamente sorprendente.

De las tres grandes series de animación made in USA (Los Simpsons, Futurama, Padre de familia), es esta última la que, desde el punto de vista de la estructura narrativa de los episodios, más puede sorprender al espectador, ya que en prácticamente todos los episodios hay giros imprevisibles, flashbacks e incluso añadidos de personas de carne y hueso en la propia serie. En Padre de familia nunca sabes cómo va a terminar un episodio, ni siquiera qué conclusión puede extraerse de él, porque también en esto la serie es formalmente anárquica.

Padre de familia merece ser desde luego disfrutada y digerida una y otra vez. Al margen de que guste más o menos en determinados aspectos, la sucesora de Los Simpsons es un bálsamo refrescante, muy adictivo, rompedor, delirante y original. Puede no gustarte, pero una vez que te gusta ya no puedes parar de verla. Ni de reír, claro.

Una de las series de animación más irreverentes del momento

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