Paciencia

Hay virtudes que pueden ayudarnos a llevar una vida más tranquila y sosegada, una de ellas es la paciencia. A aplicar la paciencia puede aprenderse y si se sabe poner en práctica se tendrá una herramienta perfecta para combatir el estrés.

Desarrollar la paciencia puede resultar muy beneficioso para todos los seres humanos, ya que ayuda a controlar el estrés y a educar el carácter. Aunque es una virtud como cualquier otra, muy pocos sabemos llevarla a la práctica.

La paciencia se define según el diccionario de la Real Academia Española como: la capacidad de soportar algo sin alterarse, o bien hacerlo de manera minuciosa o lenta. La paciencia es considerada como un rasgo de quien tiene una personalidad madura. Con esto se consigue que las personas que tienen paciencia sean conscientes de que hay que esperar con calma a que las cosas sucedan, porque consideran que las cosas que no dependen de uno mismo hay que darles un tiempo para que terminen sucediendo.

 ¿Qué hacer para ser paciente?

En la naturaleza se pueden encontrar claros ejemplos de paciencia. Quizás sea porque entiende que cualquier proceso tiene su tiempo, con independencia de la voluntad que tenga quien lo está observando.

Es muy habitual encontrarla en cualquier árbol, que habiendo sido plantado con una semilla, ha tenido que esperar más de 25 años para convertirse en un el árbol fuerte y robusto que es ahora. O en el nido de pájaros construido rama a rama.

Los seres humanos no vemos las cosas tan sencillas. Pensamos que las personas que tienen más tranquilidad que los demás son lentas. Normalmente a la mayoría nos cuesta ser capaces de parar nuestros impulsos lo que nos lleva a no saber esperar con calma. Nos dejamos arrastrar por los ataques del momento, para terminar arrepintiéndonos por lo que ha pasado y nos toque pedir perdón. Somos capaces de repetir el ciclo una y mil veces, teniendo alguna semejanza con la naturaleza, pero estando todavía demasiado alejados de la paciencia.

¿Cómo desarrollar la paciencia?

A menudo nos tenemos que enfrentar con situaciones en las que nos sentimos ofendidos, tenemos contratiempos o suceden hechos inesperados. Aplicando unas sencillas pautas quizás nos resulte más sencillo poder superarlas.

De forma intencionada podemos ponernos como meta tener paciencia durante un día entero. La paciencia solo se llegará a desarrollar mediante la paciencia. Pensemos antes de actuar centrémonos en que la paciencia sea fundamental en la toma de decisiones.

Debemos tener como practica habitual el perdón. Conviene recordar que todos somos imperfectos. Si sabemos aceptar las imperfecciones de los demás conseguiremos aceptar las nuestras también. Así conseguiremos actuar de una manera más calmada.

Hay que tratar de tener en nuestra mente lo que realmente importa. La mayoría de las veces las cosas que menos importancia tienen son las que más logran que nos impacientemos.

¿Cuándo debemos aplicar la paciencia?

Son habituales y numerosas las situaciones que nos llevan a tener que poner en practica la virtud de la paciencia, y también depende mucho de la persona y de lo que a esta le ponga verdaderamente nerviosa.

Una serie de ejemplos son los siguientes:

Estar dentro de un atasco de tráfico, atender a personas mayores o a niños, cuidar a algún enfermo, hacer manualidades, la convivencia, tener que realizar actividades que no son de nuestro agrado.

La manera de controlarnos y tener paciencia es sencilla y siempre es la misma: cerrar los ojos y respirar hondo, esta última acción es conveniente que se realice varias veces. Se trata de no reaccionar y de controlar el impulso, es tan fácil como esperar y ver que pasa. Cuanto más lo llevemos a la práctica más pacientes seremos.


 


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