PABLITO Y SU ABUELITA

Érase una vez Pablito, era un niño tranquilo, despierto, alegre, cariñoso, respetuoso, muy maduro para su corta edad, contaba con doce años, sus padres, eran sus verdaderos héroes, Josué y Maria, buenas personas, amorosos, enseñaron a sus hijos todo lo relacionado con la vida, con mucho amor, los valores, los buenos modales, Delia era la madre de Maria, la Abuela de Pablito, una viejecita candida, con algunas huellas de los años en su cara, que amaba a su nieto por sobre todas las cosas.

Pasaban horas juntos, el se sentaba en sus piernas y se recostaba en su regazo y ella le contaba tantas cosas de otrora, pero con tal detalle que Pablito quedaba con la impresión de estar enamorado de ese pasado que la abuela le contaba, le hablaba de las patinatas navideñas, de las caritas de felicidad de todos esos niños, en patines, patinetas, bicicletas, andando a toda prisa por la calle, cerrada, le contaba de un grupito de jóvenes sonrientes, tocando parrandas y aguinaldos sentados en la acera, esa música era sublime, decía la abuela interrumpiendo la soñolencia causada por la imaginación de Pablito.

Pablito disfrutaba bastante esos buenos momentos con la abuela, a tal punto que solo esperaba al fin de semana, para visitarla y continuar escuchando esos cuentos que lo transportaban a esos tiempos de la abuela, esos tiempos maravillosos, llenos de magia y alegría y que pensó que para que sus tiempos fueran perfectos, esas patinatas debían volver.

Ver caritas felices, andando en patinetas, patines, bicicletas y que un grupo de jóvenes músicos, tocaran parrandas en la acera, seria algo extraordinario, seria como tener el pasado en el presente.

Así transcurrió la niñez de Pablito, entre sus cosas, la escuela, sus padres y los cuentos de la abuela, creció con esa inquietud, de parte de esas tradiciones perdidas.

Pasaron varios años y Pablito entro al colegio, el profesor de música preocupado por la cultura y tradiciones, cada vez que les daba clases, alimentaba el deseo de Pablito de recuperar esas tradiciones de las que la abuela le hablaba en sus amenas conversaciones.

En cierta ocasión se sentó y converso de los cuentos de la abuela con el profesor y el profesor quedo gratamente sorprendido con esa conversación que sostuvo con Pablito.

A final de año, pensó el profesor de música, ya basta de tanta charla, y busco a Pablito y le propuso, vamos a formar un grupo de jóvenes del colegio, que deseen realizar una Patinata, contaran con todo mi apoyo y el del colegio, y mas o menos les explicó como hacerla, debían buscar un lugar donde realizarla, ponerle fecha, hora, solicitarle ayuda económica, al colegio o a cada uno de los alumnos, para un compartir, bebida, comida y solicitarle seguridad a la policía local.

Los jóvenes salieron de la reunión con el profesor, con ganar de comerse al mundo y todo se dio de forma espontánea, rápidamente lograron todos los objetivos, estaban emocionados, porque en menos de una semana, ya tenían todo coordinado para realizar la patinata, muchos de ellos pensaron, ¿Porque si es tan fácil, se dejaron de hacer?

Impacientes esperando la fecha elegida, se reunía el grupo de Pablito y hacían planes para continuar realizando año tras año la Patinata del colegio y así rescatar un pedacito de esas tradiciones navideñas que la abuela tanto ansiaba.

Llegada la fecha, Pablito le pidió a sus padres pasar buscando a la abuela, para que los acompañara a la patinada, la abuela profundamente emocionada y agradecida, se arreglo velozmente y se monto en el carro con una sonrisa inmensa, una sonrisa de felicidad y satisfacción, abrazo a su nieto todo el camino, hasta el paseo donde se iba a realizar la patinata, detuvieron el carro y se bajaron todos, Pablito se quedo abismado, no salía de su asombro, al ver con sus propios ojos que la abuela era la mejor cuenta cuentos del mundo entero, porque todo lo que la abuela le contaba, sobre las patinatas, como el lo imaginaba así mismo era, era tan exacto y por eso no salía de su asombro, Josué se acerco a Pablito y le entrego su bicicleta, Pablito la tomo y comenzó a pedalear y mientras andaba en su bicicleta, en su pecho crecía gran emoción, no sabia si reír, llorar, gritar, no sabia que hacer, su cuerpo sentía Amor, sentía escalofríos, veía en su derredor, las caritas de felicidad de todos los niños, correteando, a pie, en bicicleta, patinetas, patines, todos con gran alegría, cuando sonó una parrandita, “parranda, para parrandear, parranda vamos a empezar, si, porque ya las pascuas se van a acabar, si, porque ya las pascuas se van a acabar…” y Pablito pensó, razón tenia la abuela, esa música es sublime, algunos adultos rodearon a los parranderos y aplaudían sus canciones y transcurrió la patinata entre pitos y alegrías, entre música y algarabía, hasta que termino. Cansados, se retiraron a casa, cuando dejaron a la abuela en su casa, Pablito la abrazo y le dijo, gracias abuelita, te quiero mucho, gracias por tanto amor y por tus hermosos cuentos, la beso y se fueron a su casa; esa noche Pablito dios gracias a Dios por tantas cosas buenas, por sus padres y por su abuelita y durmió con una sonrisa dibujada en la cara esa hermosa noche, y continuaron realizando esas magnificas patinatas y fueron felices para siempre.

Pablito y su Abuelita

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