Todos estamos sensibilizados con el cáncer, y cada día más es un síntoma de la decadencia de nuestro tiempo. No encontrar una cura y que aumenten tan exponencialmente los casos cada año, y que cada vez se den más en gente joven es un lastre en nuestra sociedad. Si tenemos en cuenta que el aire que respiramos contiene gran cantidad de toxinas y que los elementos cancerígenos son cada vez más comunes en los alimentos que ingerimos y en el agua que bebemos, llegamos a constatar la necesidad de avanzar en la investigación de algo tan primordial y que está matando a millones de personas cada año. Se ha demostrado que productos de la vida diaria, como jabones, ambientadores u otras sustancias contienen un volumen agresivo de elementos que provocan que nuestro sistema inmunológico deje de responder adecuadamente y que ayudan a que las células cancerígenas puedan llegar a desarrollarse.

Las células llegan a producir cáncer si el nivel de oxígeno disminuye por debajo del 40%. Las terapias génicas solucionan el problema de las células cancerígenas, que al dividirse más rápidamente consumen más cantidad de glucosa de lo habitual. Los glóbulos rojos y la electricidad que los condiciona mejoran mediante esta técnica, porque reparten mejor el oxígeno gracias al movimiento entre membranas. La inmunidad mejora y el colesterol, triglicéridos y ácido úrico evolucionan sensiblemente a mejor. La ozonoterapia ha surgido como un método infalible para potabilizar el agua, para cicatrizar y regenerar tejidos, y esto lo llevó a ser una fórmula inédita para la curación y sanación de heridas desde que se comenzó a usar en la Primera Guerra Mundial.

Las terapias respiratorias son tan efectivas gracias a que las células sanas no se ven alteradas. Satisfacen a los tejidos dándole a las enzimas la habilidad de defenderse allí donde las células con cáncer se encuentran en un nivel más deprimido.

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