Los oxalatos son un componente de ciertos alimentos y se pueden generar en el organismo tras digerir determinadas sustancias. Suelen ser tóxicas, incoloras y reductoras. Su toxicidad proviene del hecho de que, al unirse con iones de calcio, forman el oxalato de calcio, una sal muy poco soluble. Así, por un lado obtenemos el calcio, tan beneficioso para el organismo, pero por otro (si cristaliza) puede llegar a dificultar los conductos renales. Si se combina con otros minerales, como el hierro o el magnesio, dificulta su absorción a nivel intestinal.

Básicamente podemos encontrar oxalatos en las espinacas, el cacao en polvo, el chocolate negro, la remolacha y las alubias. En cantidades menores también están presentes en las fresas, las moras, la coliflor, los cacahuetes, las nueces, los cítricos, el café y el té.

Únicamente entre el 10 y el 20% de los oxalatos presentes en el organismo provienen de la dieta; el resto, los genera el propio organismo. También se conoce que el 80% de cálculos renales se forman a partir del oxalato cálcico.

Una buena dieta para evitarlos se basa en un consumo de alimentos vegetales y reducir en la medida de lo posible los alimentos cárnicos y todos los citados anteriormente, a los que se suman las pasas, el perejil, los higos y los tomates.

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