La invasión de los españoles que conquistaron las tierras americanas, casi siempre la hemos visto desde nuestro punto de vista, el del conquistador. En Otoño AZTECA de Gary Jennings vemos el punto de vista del conquistado.

Hace tiempo que extrañas naves sin remos arribaban sin cesar al Único Mundo para vomitar de su interior hombres blancos de rostro barbudo, y ávidos de tierras, oro y sangre.

En Aztlan, un lugar mítico para el pueblo azteca, donde según la leyenda estuvo asentado el pueblo azteca, antes de iniciar la peregrinación de ciento sesenta y cinco años que culminarían en la fundación de Tenochtitlan, en la remota costa occidental de México, han llegado ya las noticias de la conquista de Tenochtitlan.

Aislados en aquel extremo alejado del imperio azteca, es difícil hacerse una idea cabal de la situación. Así, el gobernador reverenciado de Aztlan, su hermana y su joven sobrino Tenamaxtli, viajan hasta Tenochtitlan, rebautizada por los españoles como Ciudad México.

Todo era nuevo para Tenamaxtli, la imposición de un modelo cultural ajeno a una civilización azteca derrotada hace que todo cambien en Tenochtitlan, olores, sabores, sonidos, palabras, vestidos creencias religiosas, todo se esta transformado de una forma radical y rápida.

La ciudad les recibe con un bárbaro escarmiento; en la plaza, la gente se apiña para contemplar como a un mexica, casi un anciano, arde el la hoguera sin pronunciar apenas un quejido, solo unas pocas palabras orgullosas. Tenamaxtli no sabe que ese va a ser el primer y único recuerdo que tendrá de su padre, una imagen que dejara incurables cicatrices en su alma.

Tenemaxtli no volverá a Aztlan en mucho tiempo, preferirá quedarse en Ciudad México para aprender de los conquistadores, conocer su lengua y robarles el secreto de su palo de fuego, fuente de su poder y su supremacía.

Pero la venganza no es un plato fácil de preparar, el pueblo llano se acomoda fácilmente a sus nuevos amos. Agrupar bajo su mando que aun se resisten a ser conquistados, naciones indómitas, tan distintas y lejanas a la civilizada Aztlan, significa enfrentarse a una ardua tarea; vencer, una hazaña imposible.



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