Una de las afecciones más frecuentes en verano, que afecta sobre todo a los niños, es la conocida como "otitis de las piscinas", una inflamación del conducto externo del oído que se relaciona con la exposición a aguas excesivamente cloradas o contaminadas.

Las otitis externas, que pueden ser localizadas o difusas( también denominadas "oído del nadador", que es la más común), son causadas por bacterias y pueden ocasionarse a partir de una herida(debido al rascado o al empleo de bastoncillos o isopos), causando un dolor intenso, escozor y secreción abundante. Estas infecciones se ven favorecidas por el calor y la humedad causada por los contínuos baños, lo cual crea un entorno favorable a la proliferación de los microogranismos. Las otitis "difusa crónica"causadas por hongos y cuyo riesgo aumenta también con la humedad, producen un enrojecimiento superficial, un escozor constante e intenso pero raras veces duele. Pero las otitis, aunque generalmente son bastantes molestas, no revisten gravedad y es sencillo su diagnóstico y tratamiento. No obstante, siempre  deben ser seguidas por un médico, ya que una otitis mal curada puede predisponer a repetirla en el futuro. Para evitar la presencia de humedad en el conducto auditivo, es muy recomendable colocar en el oído, tapones específicos hechos a base de silicona, caucho o cera, así  como tener especial cuidado en mantener seca la zona no sólo al salir del agua, sino también en la casa, después de la ducha o el baño. La limpieza del conducto auditivo también es imprescindible, aunque no se aconseja efectuarla con bastoncillos de algodón, los cuales pueden lastimar la piel de los más pequeños.

Asesoramiento: Dra. Ulrika Anna Nilsson

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