BUDAPEST se convirtió en la capital de Hungría independiente en 1867. Para simbolizar esta libertad política, se edificó el Parlamento ( la sede de los diputados ) de Hungría en 1902, a orillas del DANUBIO. Es un inmenso edificio de arquitectura neogótica, copiado del Parlamento de Londres.

Esta ciudad posee numerosos monumentos y, sobre todo, el Danubio, un río largo y caudaloso. Por él se dio a Budapest el nombre <>. Con sus 2857 kilómetros de longitud, es el segundo RÍO más largo de Europa y el único que va de oeste a este, siguiendo el desnivel del terreno. Nace en la Selva Negra, en Alemania, y cruza diez países antes de desembocar en el Mar Negro.

El Danubio, a lo largo de más de mil kilómetros, sigue sirviendo de frontera entre varios países de Europa. En la antigüedad ya marcaba el límite entre el Imperio Romano y los pueblos bárbaros. Pero el río era sobre todo una maravillosa vía navegable muy apreciada por los invasores. Los magiares ( un pueblo nómada de Asia ), que fundaron Hungría, llegaron navegando por él en el siglo IX. Y los mongoles, siguiendo el mismo camino, invadieron este joven país y destruyeron la ciudad en 1241. Y el ejército otomano, también navegando por el Danubio, conquistó Hungría en 1526, pero los emperadores de Austria y los reyes de Hungría volvieron a recuperarla en 1686.

El Danubio ha desempeñado un gran papel en la historia de Budapest al darle tanta gloria y al mismo tiempo tanta desolación. En la época romana la gente acudía ahí para aprovechar las propiedades de sus aguas y hacer curar termales en ellas. En 1838 las aguas del río provocaron una inundación que devastó la ciudad y causó 70.000 muertos. Este drama fue compensando, sin embargo, por Johann Strauss, hijo, el compositor austriaco, que en 1867 compuso un vals titulado “El Danubio azul”, el cual dio la vuelta al mundo.

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