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Viviendas tradicionales de origen prerromano o celta, en su interior vivían las personas repartiendo el espacio en tres zonas, una para las personas, otra para el ganado y otra para la paja y útiles de trabajo. En la zona familiar existía un rincón para hacer fuego con un horno rudimentario donde se cocinaba el pan, este lugar también se usaba de dormitorio general para toda la familia. Las pallozas no tenían chimenea ya que el humo se filtraba a través de la paja que constituía el techo. Las paredes de piedra eran bastante anchas con el fin de que guardaran el calor del interior de la estancia.

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La parte destinada a los animales era algo más baja que las otras con el fin de que los residuos y excrementos no llegaran a la estancia familiar llegando solamente el calor que desprendían las bestias y que les servían de calefacción. Además de la pallozas de El Bierzo, también se pueden encontrar algunas en Galicia o en Asturias en el valle de Furniella o Ibias ya que se han querido conservar como un testimonio cultural de los antiguos poblaores de estas tierras.

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Las pallozas tienen entre 10 y 20 metros de diámetro con paredes bajas hechas de piedra y el tejado en forma de cono realizado con vegetales sobre un entramado de maderas que permite que resbale el agua o la nieve. El término palloza es un derivado del gallego "pallaza" que hace referencia a la paja, el material vegetal con el que se construía el techo. Su auténtico nombre era Casa de Teito o Teitu, pero se ha popularizado más el nombre de polloza, pallouza y pallaza. 

En la actualidad se han construído algunas pallozas destinadas al turismo en zonas donde nunca existiero estas antiguas construcciones y algunas de ellas se han convertido en restaurantes con el fin de mantener el turismo rural que tanto auge tiene en este momento.

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