Oriente politeista: soma y tapas

El gran dios Indra pudo llevar a cabo su batalla contra una serpiente monstruosa ingiriendo “SOMA”, una bebida embriagadora. ¿Cómo es posible que un dios tan poderoso necesitase adquirir fuerzas embriagándose con el zumo de una planta? La respuesta es que el rito tenía la función de darle potencia a los dioses. En esta religión existian fuerzas y energías consideradas superiores a los propios dioses. En la liteatura religiosa védica se hablaba a menudo de “TAPAS”, una especie de calor que se origina dentro del ser humano en el momento del ascetismo, capaz de darle la capacidad de conocer el mundo más profundamente y de realizar acciones de otro modo imposibles. Además del “tapas”, la literatura religiosa védica admitía la existencia del “brahmán”, es decir, lo que es estable y sólido, de lo que están hechos la tierra, el cielo y los propios dioses.

Cuando un ser humano realizaba un rito, de este emanaba un brahmán del cual se apoderaban los dioses. “Avamedha” era el ritual védico más importante. Se centraba en el sacrificio de un caballo y podía realizarlo solo un rey que hubiera conseguido la victoria. Se llevaba a cabo para purificar el país y asegurar el bienestar. Hasta el poderoso INDRA adquiría BRAHMÁN a través de las accciones litúrgicas de aquellos que realizaban las ceremonias y, por este motivo, eran denominados brahmanes. Pero en este punto la religión védica se prestaba a una ulterior transformación: tras haber exaltado la importancia de los ritos, la religión comenzaba a centrar su atención en el ser humano como fuente de aquellas energías que suscentaban al mundo y a los dioses. Es decir, el ser humano poseía una esencia interior que sería la misma que poseía el universo, eterna e inmutable. Está esencia tendrá una gran importancia en el budismo.

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