optimista

El optimismo ante la vida

Las personas que presentan una aptitud optimista ante la vida y que además nada les parece más útil que serlo ¿Cuánta razón tienen? Porque en la vida, nada es más ventajoso que abrigarse con una gran capa de optimismo. Es posible que entre las virtudes de cualquier ser humano el optimismo sea una de la más influyente para transitar con buena cara el camino de la vida que, a veces, en algunas circunstancias, no nos es tan favorable como quisiéramos.

Un ser humano con ese valor, siempre que acomete un proyecto o persigue una meta, con la fe de que lo va a alcanzar, mantiene sus sueños vivos, presentes, con la convicción de alcanzarlos. No teme equivocarse, no le asustan los riesgos, ni a la posibilidad del fracaso que siempre está latente. En el fondo se sabe poseedor del coraje necesario para empezar las veces que las circunstancias lo ameriten. Tendrá el arresto necesario, en el momento oportuno para rectificar, cambiará lo que sea posible cambiar. Los problemas serán un acicate para solucionar lo que haya que resolver.

¿Un optimista tiene fe en sí mismo?

¡No es que no dude! Sino que está dispuesto a dilucidar las dudas que se presenten en el camino, tiene la prestancia psicológica y espiritual para sacar ventaja de esas dudas. Es tal su convicción, que llega a despejarlas y sacar enseñanzas de ellas. Un optimista convencido, sabe conscientemente que lo que daña no es dudar, sino dejarse vencer por las dudas.

En general, las personas optimistas son, particularmente; poseedores de una alta auto-estima y tienen la especial habilidad de ganarse la confianza de sus semejantes. Son individuos alegres, apartados del miedo ancestral que en infinidad de veces impide la realización de los seres humanos. Un ser optimista, marca pautas y señala caminos.

esperanza

Lo contrario al optimismo

Todo lo contrario sucede con los seres pesimistas, Las personas con esta aptitud, rechazan los cambios, defienden una posición perdida, jamás se atreven a romper el cerco, se aferran a lo que tienen y a lo que no tienen, porque les dominan los miedos, al enfrentar los desafíos de la vida. Se dejan ganar por un pesimismo que los inmoviliza, enmudecen. Sus proyectos son espejismos, el futuro se torna incierto, las oportunidades de conseguir el éxito y la felicidad plena se difuminan en una decepcionante mediocridad.

Estamos viviendo en una época marcada por un mundo cambiante a una vertiginosa velocidad, el cual no obliga a cambiar con él. Un sinnúmero de veces nos vemos impelidos a afrontar cambios, que de buenas a primera aparentan ser traumáticos, que nos conducen a deshacernos de normas de conducta que, han marcado pauta en nuestra existencia, por años; sociales, familiares, filosóficos, geográficos…

En la sociedad en que vivimos hoy, es una sociedad en constante desarrollo, en la cual se requiere dosis altísimas de optimismo, de un profundo aprecio por lo que se hace. Estamos obligados a desarrollar una mente amplísima, porque de otra manera no podríamos asimilar las reformas en el día a día

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