Oh, dulce misterio de la vida (Eclesiastés 8:17)

OH, DULCE MISTERIO DE LA VIDA (ECLESIASTÉS 8:17)

No tardamos en sentir que nuestro cerebro no tiene fuerzas cuando intentamos encontrar respuesta a los misterios de la vida. ¿Es necesario que entendamos todo en las Escrituras antes de que aceptemos la verdad?

La vida es demasiado complicada, demasiado inmensa, demasiado llena de elementos conflictivos como para que ninguno de nosotros obtenga todas las respuestas. No debemos adoptar jamás la actitud de anti intelectualismo que caracteriza a algunos segmentos del cristianismo en la actualidad.

Es preciso que recordemos siempre que por mucho que intentemos pensar acerca de la vida, seguirán existiendo los misterios. No poseemos suficientes datos ni tenemos la habilidad necesaria como para ver la vida en su totalidad y poder contestar todas las preguntas.

Aunque el hombre más sabio del mundo antiguo escribió estas palabras, admite que los humanos no podemos obtener todas las respuestas. Dice además que la diligencia en la labor no servirá para desentrañar los misterios de la vida: “Por mucho que trabaje el hombre buscándola, no la hallará”.

La Biblia no relaciona ningún estigma al hecho de que nos esforcemos en entender la vida. Como vemos, el que nos esforcemos en adquirir conocimientos es algo que se estimula a lo largo de todas las Escrituras, optemos mejor por decirle al Señor: enséñame oh Dios a exclamar con el apóstol Pablo: “¡Profundidad de las riquezas, de la sabiduría y del conocimiento de Dios! ¡Cuán insondables son sus juicios e inescrutables sus caminos!” Amèn.

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