Si alguien no conoce Roma y planea ponerle solución a eso inminentemente ahora es el momento porque tendrá, hasta el 27 de abril, la oportunidad de entrar a un lugar que normalmente permanece cerrado. Se trata del Palacio Farnesio, construido por el cardenal Alessandro Farnese, que en el siglo XVI sería elegido Papa con el nombre de Pablo III. Habitualmente está vedado al público porque es la sede de la embajada de Francia pero se ha procedido a devolverle numerosas obras que lo decoraban antaño, después repartidas por otros museos y centros de Italia, queriéndose mostrar al público su aspecto tal como era entonces.

 

Una de las ventajas de este viaje es que muchos aeropuertos españoles operan vuelos baratos a Roma, con tarifas bastante asequibles, por lo que no es difícil encontrar el que se ajuste a nuestras necesidades, tanto en gusto -o rechazo- por determinadas compañías como por fechas y horarios. Las más interesantes de precio son las low cost, por supuesto. Ryanair oferta billetes desde Barcelona con salida el 14 de marzo y regreso el 23 a partir de 37,98 euros mientras que EasyJet lo hace desde Madrid (15-23 marzo) y Santander (31 marzo-5 abril) partiendo respectivamente de 43,98 y 45,98 euros. También Vueling hace la ruta: desde Palma de Mallorca cobra 94 euros con salida el 22 de marzo.

 

En la decoración del Palazzo Farnese intervino una nómina de artistas memorable: desde el arquitecto principal, Antonio Sangallo, a las aportaciones de Miguel Ángel en la escalera y el piso superior o las de Vignola, pasando por los maestros de la pintura Carracci, Tiziano, Volterra o Sánchez Coello que decoraron con frescos las espléndidas bóvedas y paredes de la Cámara del Cardenal, la Sala de Fiestas, el Camerino o la Galería, hasta las estatuas de Della Porta o de artistas grecorromanos.

 

El edificio se alza en la Piazza Farnese, un espacio que antiguamente se utilizaba para realizar espectáculos populares. Uno de ellos era la suelta de toros; se dice que la gente se refugiaba de las astas de los animales en los pilones de las dos fuentes, vaciadas para la ocasión. Curiosamente no se trata de pilones exactamente sino de bañeras trasladadas allí desde las Termas de Caracalla.

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