Sonó el timbré, el océano llamó a mi puerta.

El viento acaricia las olas, que pequeñas se trepan en el árbol y, nada es consistente, pero si tú eres una imagen que he creado, quiero que seas azul, azul brillante, y nunca más, nieve.

Tengo tanto por decirte, no sé, qué contarte, no sé, por dónde empezar; quiero tus oídos como si fueran mi universo, que escuchen lo insondable, inexcrutable, inconmensurable de este silencio; anhelo abrazarte, pero no, temo que presientas cuánto te he extrañado, aunque se que lo sabes cuando me miras con ese guiño que conozco, como si hubieras ganado la batalla del dios marino, y entonces, me trajeras ahí en tu mochila, el secreto del alba, confinado en un cuento.

Estás ahí, y no lo creo, volviste; no lo creo, ha pasado un siglo, quizás dos, porque el tiempo es caprichoso, cuando mide lo perdido.

¿Quién eres? ... ¿quién eres, océano azul?

¿Por qué llegas a rescatarme? ¡siempre salvador!!

¿de qué necesito ser salvada? ¿ de qué necesitas rescatarme?

Nunca emití una señal de auxilio, ni te he llamado a mi orilla, ni te he revelado la daga de tu ausencia, nada es consistente; no entiendes que tu rugido ancestral, ese poder en tus olas, y la sombra oscura de tu inmensidad en la noche, me hiere, antes que librarme.

A pesar de todo, estás aquí, te abrazo, te acepto, te recibo, eres el océano que llama a mi puerta , que ha vuelto, suspiro; volviste a pintar la sonrisa, mientras el sol nada con experticia, y las estrellas le cuidan sus ropajes y la arena se cuela entre sus dedos y yo, simplemente, ahí.

oceano perdido

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