Observemos un árbol, sus ramas y sus hojas. Cada una en su lugar y su espacio, de varios colores y formas, recibiendo energía de acuerdo a su posición. Sin embargo todas son parte del mismo árbol, lo alimentan y se alimentan de él, si el árbol es sano ellas también y si él muere ellas se marchitaran.

Así como en mi primera publicación pretendí exponer mi punto de vista sobre el “sentido de la vida” esta vez aspiro continuarlo y a la vez descubrir un tema que a muchos nos cuesta reconocer a pesar de que lo vivimos cotidianamente, me refiero a una barrera invisible que nos separa y limita, fronteras que solo encontramos en los documentos hechos por el hombre, forjados por la ilusión de ser dueños de la tierra, la Patria.

Una ilusión que no está ante los ojos puros de un niño, ni ante la fuerza de la vida, ni ante nuestra madre naturaleza.

Ilusión que nos cubre los ojos con una bandera y nos separa de nuestros hermanos y hermanas, manteniéndonos divididos. Más no es difícil darse cuenta que todos los seres humanos, por más diferentes que parezcamos, creyéramos y/o pretendiéramos ser, somos iguales por lo menos genéticamente, es decir solo hace falta vernos a nosotros mismos, descendientes de hombres y mujeres de cada rincón del planeta que concibiendo herederos de diferentes etnias unieron civilizaciones regalándonos hoy nuestra identidad.

Con el manifiesto simplemente procuro exponer la ilusión de las razas… no creo ni veo varias razas solo una, la humana, en diferentes etnias. y para conseguir un entendimiento más apropiado a lo natural, propongo abrir los ojos a la naturaleza, la verdadera ley.

Esta realidad la encontramos a nuestro alrededor, desde el macro hasta el microcosmos, desde plantas y animales hasta los átomos que nos componen.

Así nuestra mano que escribe nunca reclama de la otra mano a pesar de ser más fuerte, muy al contrario siempre una apoya a la otra. 

JC

 

 

arbol bonsai marchito

ranita

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