OBBA, LA ORISHA DEL CEMENTERIO

Obba. La orisha del cementerio


   OBBA. La orisha del cementerio, estaba ya en edad de casarse y su padre quería que escogiera esposo, pues ya había finalizado su aprendizaje y este habían sido muy productivo. 

   Una tarde, la dulce e ingenua OBBA conoció a SHANGÓ. Al momento surgió la atracción y seguidamente un amor profundo y sincero. Aunque SHANGÓ vivía con OYÁ, mujer muy parecida a él en personalidad y gustos, pidió en matrimonio a OBBA pues su dulzura le cautivó y sabía que le íba a aportar a su convivencia cosas que ahora mismo no tenía y que nunca íba a tener.

   Los primeros meses de matrimonio fueron muy felices hasta el punto que SHANGÓ dejó su correría y andanzas con OYÁ para dedicarse por entero a OBBA. En el reino se respiraba ternura, tranquilidad y dulzura por doquier.  

   Todas las mañanas OBBA bajaba al río con su hermana Oshun y pasaban las horas de sol contándose sus secretos y confesiones, bañándose en el río y tomando el sol. Esta relación de hermandad desató la envidia de OYÁ, también hermana de Oshun, por lo que decidió unirse a ellas para ganarse la confianza de la ingenua OBBA y así poner en práctica su venganza para volver a tener el amor incondicional de SHANGÓ

   Un día que OBBA no tenía ningún ingrediente para hacerle la cena a SHANGÓ, OYÁ le ofreció su receta secreta de la sopa preferida de su hombre. Esta consistía en que se cortara una oreja y la pusiera a hervir para la sopa, todo bien especiado. OBBA no lo dudó en ningún momento pues OYÁ siempre llevaba un turbante tapándole esa zona de su anatomía. Así que OBBA, con total de agradar a su hombre cogió un puñal y se cortó la oreja para cocinar la cena.

   Cuando llegó SHANGÓ a cenar, la dulce OBBA le sirvió la humeante sopa la cual este comió con premura. Cuando acabó se fijó que su esposa ese día llevaba turbante ocultando su bella melena le pidió que se quitara el pañuelo. Al ver a su amada mutilada, tembló de rabia pues él no podía permitir que alguien imperfecto estuviera a su lado. OBBA dándose cuenta de la traición, se echó a llorar. SHANGÓ, irradiando fuego por los ojos, abrazó a su esposa y besándola, le juro que siempre la amaría. 

   OBBA, muerta de pena, fue a visitar a su padre, Obbatalá, a quien le pidió: "Quiero irme donde nadie pueda verme. Quiero la tranquilidad de lo no existente, quiero vivir con los muertos, con los espirítus, con quienes no puedan hacerme ningún daño. El cementerio será, de ahora en adelante, mi casa".

   A partir de ese momento, OBBA, con quien para comunicarse con los vivos lo hacia a través de Oshun, vivió por siempre feliz entre las tumbas del cementerio. Desde entonces se la conoce como OBBA, LA ORISHA DEL CEMENTERIO.

   

Obbá, mujer de Shangó

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