Primera Etapa

 

Aunque mi hijo me había dicho la noche anterior que no me fuera, como buen aprendiz de adulto no le hice caso por tener solo dos años y me fui a hacerme mi propia despedida con la novia, que para decepción general sufría de vaginitis y me tuve que conformar con lo que las generaciones actuales llaman bluyineo, pero el mio fue mas allá porque aprovechando el sueño de los padres de ella le di las primeras lecciones orales en el mundo de la pareja (que le practique un cunnilingus).

Al día siguiente y sorprendido por no tener susto ni  nada, por el viaje pero intimidado por la cantidad de sueños e ilusiones depositadas en mi y en mi aventura, me levante y ahí empezaron las decepciones del viaje: nadie se había apostado a la entrada de mi casa con pancartas de despedida, y de la familia al final estuvieron los que de verdad importaban: padres, hijo, tía que al fin y al cabo era la patrocinadora del viaje, y !oh¡ sorpresa la suegra, además de los amigos de crianza esos que estaban acostumbrados a verme hacer locuras y a ser el primero de todos nosotros en hacerlas, de hecho fui el primero en casarme y en divorciarme.

Conté y reconté los dolares que había de presentar en cualquier aduana o punto de inmigración para justificar y hacer creer que era un turista mas como los de la época (2000), después de despedirme de todos los que fueron al aeropuerto me metí en el túnel y me subí al avión, entre asustado y no, por la inceridumbre de no  saber que era lo que en realidad me esperaba y como lo iba a resolver, pero sobretodo esperando muy dentro de mi que me devolvieran de Barajas para así justificar que yo no estaba para hacer vida en el extranjero y no confesar que realmente no quería hacer el viaje (así de tonto era yo en ese tiempo), después de todo ya me había presentado a la embajada de los Estados Unidos en Bogota dos meses antes pero me habían negado la visa. Ya en el avión me dedique a pretender que era un viajero acostumbrado y a seguir recontando los dolares.

Ya en el Dorado una hora después empece a gastarme por ultima vez en diez años los billetes de 5.000 y10.000 pesos que llevaba encima, llamando a la casa y tomándome una carisima coca-cola, sin saber de verdad que esa seria la ultima vez en 9 años que gustaría billetes colombianos, allá me paso la primera curiosidad del viaje: aunque tonta me sorprendió porque la resolví de manera internacional , a una de las viajeras que me hacían compañía en la aventura se le cayó el pasaporte y solo yo me di cuenta y lo recogí sin que nadie me viera y sin que ella se enterara, se lo pensaba tener escondido hasta que fuera el momento de embarcar, pero me dio miedo meterme en averiguaciones y que al final se me complicara el viaje por algo tan pendejo así que puse cara de policía o mejor dicho de militar retirado (ja¡ con 23 años) y se lo entregue, para sorpresa mía, esa fue una acción con muy buena reacción por parte de ella porque el agradecimiento duro todo el viaje (14 horas) y resulto que ella si era una viajera acostumbrada y aunque no se quedo en Madrid si no que siguió para Barcelona me hizo el viaje super agradable y me dio pinceladas de lo que seria todo un des cubrimiento de vida, le era agradable a la vista y a la compañía femenina.

Aunque me habían dado cantidad de consejos paranoicos acerca de no llevar nada que fuera sospechoso de poder hacer de transporte de drogas , incluido los tacones de mis botas tejanas, no les hice  caso y  me fui con botas puestas y con una mano de teléfonos y direcciones apuntados en la correa, además de una camisa de manga corta, jeans y la chaqueta en la mano, en pleno invierno, eso me sirvió creo de despiste.

Ya en Barajas pensé que de verdad la tal inmigración seria mucho mas difícil de pasar y resulto que el guarda civil de turno no estaba por la labor de requisar y me tarde mas en entrar a España que en mi propia casa cuando llegaba tarde, después me decían los paisanos que si me hubiese ido cargado de verdad ahí si me habían requisado o estaría celebrando un corone de huevos, pero eso es otra historia, lomaluco fue que la persona que debía ir a recogerme y a  cobrar las 20.000 pesetas que cobro por la carta de invitacion no apareció y después de 1.000 gastadas en llamadas apareció otra a recogerme y a llevarme al piso, primera enseñanza no se dice apartamento sino piso, que resulto ser mas frío que el patio de mi casa en colombia y con una compañía mas lagarta y fea que una patada en los testiculos, pero por lo menos me llevaron el mismo día a la disco una tal Center Boite que después me entere o mejor dicho ese mismo día, era la versión madrileña del parque la Libertad de Pereira los domingos.

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