Los tiempos de la radio están ya en la historia, señalan quienes creen que con ello entierran el gusto por la palabra hablada y transmitida, que ya con la televisión no hay necesidad de escuchar sin ver. No haremos aquí una crítica a tales consideraciones. Bien podríamos decir (y así lo vemos a diario) muchas veces la televisión nos ofrece imágenes que no son necesarias para estar informados sobre este o aquel tema. La televisión engaña desde su fundamento más básico.

Pero no sigamos por ahí. Decía pues que la radio para muchos está muerta, afirman aquellos que creen que la imagen televisiva lo es todo. Pero no es así, aun en los primeros tiempos de la televisión, la radio nunca se anuló del todo. Y es en estos días en que pareciera cobrar nueva fuerza gracias, como siempre, a la tecnología.

Las radios locales siguen atendiendo a un público que pareciera satisfecho con lo que le dan a diario. Programas de revista (ya no se usa esta palabra, pero bien define lo que quiero decir, así que la volveré a usar), entretenimiento, listas de popularidad, las vivencias de la gente a diario. Las noticias siempre se han alzado como el gran recurso emitido y recibido como algo que necesariamente nos enlaza con nuestro mundo cotidiano. Que si tales acciones de nuestro presidente municipal, que si cerrarán estas o aquellas calles, que si los últimos asesinatos del barrio son ya una realidad triste y cotidiana para muchos. Todo ello no podría tener el impacto y la inmediatez que se tiene a través de la radio. Ni la prensa ni la televisión tienen tales alcances.

Pero ahora ha llegado una nueva forma de radio, la diferida, digamos; ahora llamada Podcast. Las barreras temporales y las espaciales han sido eliminadas. Podemos escuchar programas de radio de otros estados o países, en otros tiempos cuya vigencia es ya relativa. Nuevos formatos, programas de radio que responden de mejor manera a nuestras necesidades de información y de diversión. Podcast que, en su diferenciación con los programas locales, representan en realidad un problema para la radio regional que no responde ya a lo que nosotros deseamos.

No podemos seguir hablando aquí sin mencionar los aspectos tecnológicos que posibilitan tales opciones y que son poco a poco descubiertos por nuestra sociedad. Las bocinitas y radios USB. Con ellos la gente escucha su música favorita una y otra vez (la mayoría de las veces que he escuchado en la calle, es esto lo que están escuchando). Los podcast noticiosos de ciencia, listas musicales, historia, etc., no son tan escuchados.

En estos precisos momentos en que escribo esto me doy cuenta que a quienes he visto con estas bocinas de memorias han sido sólo a personas de clases bajas, jamás he visto a los adinerados portando su música de un lado a otro. Al parecer estamos frente a un fenómeno social otra vez que bien merecería un estudio sociológico. ¿Tecnología para los pobres? Pero se supone que precisamente la tecnología no es para ellos. Tal vez estemos en los albores de una lección

Bocinitas USB para escuchar tu música diferida

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