El ser humano como entidad en si mismo siempre a procurado el deseo de realizarce a si mismo, de encontrar el punto perfecto entre el potencial y la felicidad intrínseca, estado de perfecta paz; posibilidad que se ve opacado por tantas ocupaciones e instrucciones intelectuales que recibe nuestro cerebro a diario. Este es como una esponja que absorve todo tipo de conocimientos produciendo ciertas confuciones en nuestras decisiones y en nuestros anhelos, queriendo cumplir todo tipo de desafios al mismo tiempo, sin tener claro un camino, por tanto queremos coger varios. Es bueno hasta cierto punto abarcar ciertas áreas, pero no podemos abarcar todo. Tenemos que tener presente el poder del fuego interno de Dios en nuestra vida en cada paso que damos. Este es el mismo fuego con el que todos hemos realizado grandes exitos en nuestra vereda.

Cuando queremos tomar el control total en nuestro caminar se nos presentan un torbellino de ideas diferentes que en ciertas ocasiones no podemos sintetizar. algunas veces esas ideas, producen una gran cantidad de posibles soluciones que al fin y al cabo titubeamos para elegir una de ellas, este titubeo produce que la mente nos de advertencias en forma de miedo a traves de la mente; estas se producen porque no tenemos una idea clara de lo que realmente queremos, pero con las experiencias de la vida estas abandonan y se vuelven mas definidas mientras caminamos en este mundo, produciendo un anhelo específico que nos llevará a un destino superior de identidad. Comprendí que el ser humano puede ser capaz de producir cualquier pensamiento que logre un significado, pero nos relacionamos con el miedo de tal manera que nos limita a mantener ideas ya comprobadas en nuestro entorno mental sin ser certeros.

Comprendí que, más allá de lo que pase a mi alrededor, yo soy el traductor de la realidad que me rodea este bien o no mi entorno. Y que al llamar desafío o aventura a una situación, en lugar de peligro o riesgo, soy co-creador de mis propias experiencias. Tomé conciencia de que, como traductor, me había vuelto adicto a sentir y re-sentir algunas emociones y experiencias desagradables del pasado. Tal vez porque pensaba que si otros, o incluso yo mismo, me trataban de esa manera era porque lo merecía y entonces –quizá para sentirme en casa- buscaba recrearlas en mi vida una y otra vez.

Las había convertido en parte de mi identidad. Así, descubrí que había estado repitiendo situaciones que me llevaban al mismo laberinto mental, por ello siempre tuve la necesidad de empaparme de conocimientos. La lectura no necesariamente nos ayuda a crecer como persona, crecemos como persona cuando enfocamos la atención en crear nuestras propias experiencias creando conslusiones acertadas basada en lo que leemos; más de una vez había generado incendios en mi interior por no exteriorizar mis pensamientos y hacerlos experiencias.

A primera vista queremos dar impresión de capacitados e instruidos, pero en definitiva un aprendizaje que no se acompaña de vivencia es un aprendizaje puramente teórico, seguiremos en la ingnorancia si no somos capaces de hacerlo visible y real. Nos llenamos de rápidas respuestas y evasivas, pero no nos animamos a arriesgarnos a caminar en la incertidumbre que puede generar no tener una respuesta inmediata; esa incertidumbre que nos acompaña cuando nos atrevemos a dejar el camino conocido, y que suele preceder los nuevos descubrimientos.

Cada vez que queremos crear nuevas veredas y lograr resultados extraordinarios en un área de nuestra vida, siempre es necesario que nos detengamos por momentos empezar a hacer las cosas de la forma en la que queremos hacer y no hemos hecho. En otras palabras ¿Quién dijo que tiene que ser o hacerse sólo de cierta manera?

Los grandes personajes que han transcurrido por este mundo han dejado sus historias hasta el día de hoy, por su innovación y atrevimiento, seguramente hemos hecho las cosas lo mejor que pudimos, pero no necesariamente lo mejor posible. De hecho, las generaciones futuras son las que mediran nuestro quehacer y disfrutarán de los aportes que nosotros seamos capaces de hacer a partir de desafiar y enriquecer el hoy, partiendo de las miradas tradicionales que ya no son funcionales. La valentia, de la mano del respeto por el otro, es la madre de muchos descubrimientos y nos invita a recorrer nuestro propio sendero de investigación y aprendizaje.

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