No tengo tiempo para nada por no tener nada de tiempo.

Vida cronómetrada

Probablemente sea esta una de las frases más célebres en labios de todos nosotros. Vivimos una loca carrera cronometrada como si cada segundo tuviéramos que batir nuevos recors porque los anteriores nos descalifican. ¿Por qué ocurre? ¿Cómo se ha llegado a esto?

Razones, lo que se dice, razones, tenemos para dar y vender. Pero yo voy a centrarme en la que considero la razón principal según mis luces y experiencia particular. Tal vez si alguien lee este artículo y quiere añadir algo más en un comentario podamos averiguar otras causas comunes de este mal endémico que padecemos y que nos hace ir de culo las 24 horas del día y podamos aprender unos de otros algunos consejos útiles.

 

El tiempo se nos va en trabajar y trabajar sin que sepamos por qué trabajamos tanto.

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Lo que yo veo es que nuestras vidas no son el resultado de la casualidad sino de un modelo que nos imponen y nos mantiene acorralados y sin escapatoria y sin tiempo. No hace muchos años la vida transcurría  con arreglo a un paradigma diferente del actual. Era una organización diametralmente opuesta a la sociedad de hoy con unos valores que ya se han perdido atropellados por la intransigente cabezonería globalizadora.

Y es que el mundo tal cual lo conocemos funciona a modo de una empresa planetaria donde los mercados financieros mandan. Y, ¿quiénes son esas entidades que tienen más poder que todas las naciones? ¿Por qué tienen ellos más dinero que los estados y los países se arrodillan ante su presencia hasta que les chupan la última gota de  sangre de la yugular?

Desde las sombras imponen al mundo su régimen. ¡Ellos mandan!

Poco a poco apenas sin que las personas se hayan percatado de ello se han ido levantando barrotes invisibles a su alrededor mucho más sólidos que los de acero macizo de las  puertas carcelarias. Nos han convertido en prisioneros y no lo sabemos porque nos falta una evidencia física que nos haga ver la cruda realidad. Estamos tan ocupados que no tenemos tiempo para nada ni para darnos cuenta de nada. 

Creemos ser libres al no ver la maquinaria que nos tiene recluidos; creemos ser libres porque lo queremos creer; creemos ser libres porque nos repiten como loros que lo somos con palabras aduladoras para los oídos cuando la verdad es que nuestras descarnadas espaldas claman al cielo por los azotes del látigo. Toda la evidencia de nuestras tristes vidas  nos grita desesperadamente la actual condición de esclavos queramos darnos por enterados o no.

Un puñado de desaprensivos que no quieren que tengamos vida programan nuestras existencias para acabar con nosotros manteniéndonos laboralmente esclavizados. ¿Qué tenía de malo trabajar 8 horas, tener 8 horas de ocio y descansar el resto? Conozco muchas personas incluyéndome a mí que han tenido que abandonar aficiones y tareas agrícolas porque ya se han quedado sin tiempo para realizarlas. ¿Quién es el guapo que puede después de trece o quince horas de trabajo hacer otra cosa que no sea descansar y dormir?

 

Si no tenemos tiempo pues es porque nos han quitado el tiempo. Porque no quieren que lo tengamos. Nunca se ha trabajado tanto a cambio de tan poco. Con sueldos irrisorios que para lo máximo que dan es para estar toda la vida de préstamo en préstamo y sin tiempo para nada excepto para estar sin tiempo. Así pues, ¿cúal es nuestro porvenir?

Si vamos como vamos, que vamos ir, nuestro futuro inmediato será lo más parecido al de un régimen penitenciario donde los internos disfrutan dependiendo de su reeducación y reinserción social  de permisos carcelarios de diferentes grados. Según la lealtad y la ceguera demostrada al sistema seremos premiados o excluidos.

Nos han dejado sin tiempo para nada ni siquiera para saber por qué vivimos o morimos. Nos han regulado tan exageradamente en todo lo que hacemos que nos han convertido en animales de granjas industriales cuyo régimen engrasador es alimentarnos para que produzcamos la mayor cantidad de carne posible con el pretexto de obtener pingües beneficios una vez nos despiecen en el matadero.

En esto acaba la productividad.

Denuncio la inhumana ideología, la doctrina demoníaca por cuyos vientos nos vemos arrastrados a una miserable existencia de trabajos forzados sin ningún beneficio. No solo no tenemos tiempo, tampoco tenemos libertad, ni nada de nada que podamos creer que tenemos. Se han apoderado de nuestras propiedades y de nuestras vidas y valemos lo que vale un cero a la izquierda.

 

Atrapados, amordazados y sin tiempo. Nuestras vidas ya no dependen de los esfuerzos de cada uno sino de decisiones políticas y financieras que nos ahogan y asfíxian.  Algo grave está pasando en el mundo cuando todas las naciones están en crisis. Las naciones sin dinero, nosotros sin tiempo para nada, ¿qué es esto? ¿Qué está pasando aquí? ¿A dónde nos llevan?

Lo que puedo decir es que nos están enroscando vuelta sobre vuelta. Pero nada de lo que yo pueda decir podré decirlo como lo dijo Chaplin. Verdaderamente su película Tiempos Modernos retrató el mundo de hoy.

 

Yo ya no tengo tiempo para nada. ¿Y ustedes?

 

 

Cronometradas

No tengo tiempo para nada excepto para no tener tiempo.

movilizaciones inmovilizadas

Esclavos laborales

¿De qué nos vale vivir para trabajar?


¡¡¡TRABAJEMOS PARA VIVIR!!!


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