No temo a los truenos, a los relámpagos ¡Al contrario! Me gustan, pues, me recuerdan las crisis, las tempestades que he visto, padecido y soportado...

 

Las ratas, no las temo; pero me disgustan y las detesto tanto como a las cucarachas y a otras alimañas que anidan entre los hombres. ¿Hemos invadido su mundo o son ellas las que nos asechan? Sea cual sea la respuesta, ¡están allí! y dónde no las imaginábamos.

 

Tú tienes temores -¡también yo!- y en grado sumo. Resulta tonto que, al caminar en la noche, ya no temo la mordedura de una serpiente que resienta el paso de mi peso, si dejo caer desapercibidamente mi pie en la oscuridad...

 

Eso que temes me pasa al doble... ¡Mírate al espejo! ¿Quién es hermosa como tú y codiciable? Soy yo -otro más- quien teme perderte, no sólo por tus méritos exteriores y señales evidentes, sino que no soporto la intangibilidad de esta distancia, las repetidas interrupciones eléctricas y la artificialidad de cada pirueta virtual que hacemos para alcanzarnos y; sin embargo, aguantaré hasta donde me queden $, pues, eso es lo único que me separa de ti, en esta distancia que nos acerca o nos aleja, como abandonados en el mar de las mareas hertzianas.

 

¡Ya no vendrá nadie!

De hecho, la que pensé me gustaba (y pienso que amé en alguna medida) es un deja vú. Otro de esos que se aparecen para probarnos la fortaleza de la lealtad, para tentarnos en los apegos y, aunque es hermosa, no soy "su tipo" (y tampoco ella el mío) (no daré hijos y no deseo volver a casarme).

 

¿Tu temor es válido?

No tengo para recibir ni alojar a nadie en condiciones "decentes". No voy a vivir como la ley de lo citadino prescribe y, esa estabilidad que se supone venir de una corbata, un traje y una presentación "impecable" no hace juego con este aislamiento al que me he sometido por más de una década y, además, cuando intenté salvar las diferencias (volviendo a la ciudad) me apestó lo nauseabundo, lo innatural, y ese estampido de cláxones que intentan moverme a empujones en el tráfico automotor: No quiero volver a "vivir" bajo el yugo de un reloj, las agujas de un patrón que explota con sueldo miserable y la insulsa esperanza de que tendré suficiente para comprarme todo lo que salga a la venta en la próxima quincena...

 

¡Sí! No tengo miedo ¡Estoy aterrado! Dependo de papeles y más papeles para saltar la verja de mis fronteras para llegar a las tuyas. Dependo de terceros, de servicios, para ver tus deseables gestos, tus movimientos y adivinar cómo eres realmente, más allá de lo que se ve en la complicidad de esta pantalla que distorsiona la realidad.

 

La corporalidad, los apegos de este cuerpo (y del alma) que muere en esta espera, a gritos te llaman, como lechuza solitaria en sus noches. ¿Sucederá -como en el canto de las aves- quienes llaman sólo a una, pero reciben a otras de mucho vuelo?

 

Y fui como ave y caí atrapado en esta red. Anunciaba mi canto con un triste jolgorio, el canto de esta soledad interior que, a veces, me abruma, pero la entiendo -¡No por tenerte a lo lejos!- sino por desear materializarme en tus brazos y la carnalidad, la tentación, o como sea que este sentir se llame, pide cualquier cosa para entretenerse, cuando lo que se necesita aún no se recibe…

 

¿Crees que experimentaré -en otro cuerpo- lo que deseo en el tuyo?

Sólo tú supiste entenderme en la turbulencia de muchas voces clamando lo que pide como suyo; aunque –también- anhelabas hallar en mí lo que no supe darte, y yo no tengo.

 

Yo, largo tiempo ya, hice como las perdices que conviven conmigo en esta montaña. Sus cantos repetidos -reconocibles- anunciaban sus deseos, su ansiedad y su renuncia a sostener, largamente, un mismo nido. Tú, sin embargo, haz sido un lugar alto y de difícil acceso a lo que puedo, simplemente, entender. Sostener ese ascenso, en esta verticalidad, soltaba cabos de mi vida y –a mi pesar- hay asideros que no sé soltar de mis amarras… Hay cosas que desconozco del viaje y no tengo tiempo para suspenderme en un cordel sin ciertos asideros necesarios al empuje de mi pie, mi sustento, mis últimas metas.

 

Eres un mar de fuerte oleaje, cuyas mareas percibo en mi miopía. Hay cosas que no pueden captarse con el ojo, con ciertas atenciones sinceras y, aunque no haya puesto un dedo en tu turbulencia -tus aguas internas- no sé si son heladas o ardientes. ¿Puedo dar crédito a un par de sentidos? Ellos no me dicen la verdad que esta distancia esconde y, más de eso, ¿qué garantías tenemos? No "estás" estando, pero no estamos y nada sabemos...

 

Y ¿a quién perseguirían los recurrentes lamentos? Si vuelvo a las ventajas de un pueblo ingrávido y fresco, si vivo casi aislado del mundo… ¡Seré responsable! ¡Mía es la decisión!

 

Mira que no hallo ni las palabras ni el momento para confirmar TODO. Sé que careces de medios, pero JUNTOS, nos metimos en esto y NO PUEDO EXIGIR NADA (ni tengo nada para obligar ni signar como segura garantía). Al igual que yo, estás expuesta al riesgo de esta aventura. Vamos dándole forma al deseo, al ensueño, a la idealización. No tengo miedos ¡son temores!

 

Tiempo antes de casarme (por primera y única vez) no había ser quien me diera ciertas atenciones. Uno llega a desmotivarse y sentirse raro, pues, uno no tiene lo que desea cuando se quiere y, luego de comprometerme (esa vez legalmente) comenzaron a llegar personas a mi vida, como si tuviese colgado un cartel publicitario: “Recién Casado” ¿Intuyes cuán popular me hicieron ciertos comentarios infundados? De la noche a la mañana, para algunas, me volví una clase de ser interesante y comprendí cuánta incertidumbre (y curiosidad) hay entre quienes no han formalizado sus uniones sexuales... ¡De hecho! en la discoteca de un crucero, una recién casada que acababa de conocer, abrazó mis pies con los suyos bajo la mesa y, muy cerca estaba sentado su esposo ¡El no se dio cuenta! ¿Qué pude pensar o hacer? La situación era halagadora, por un lado. Era excitante que una mujer me sedujera ¡la chica era bonita!  Pero, ¿qué podría ofrecerle que no le diese su compañero legal? De momento, hubo un choque de adrenalina y escrúpulos ¿Me gustaría que me traicionaran a mí de esa manera? Mis hormonas subieron y bajaron, pero tengo muy claro mi concepto de lealtad (y no me gustaría tener una mujer así). ¡Me asusté! Fue una tentación que me arrastró hasta que huí…

 

 

¡Tienes razón! Lo intentamos y funcionó hasta que comprendimos nuestras metas (ya no tengo 45). ¡Cierto!

 

No me voy a encadenar a otra irrealidad… Sigo teniendo ojos, impulsos, pero pocas oportunidades y, en mis condiciones, raras serán las veces en que me aventure a la experiencia de probar otra vez mi suerte: ¡Me quedaré tranquilito!

Es posible que pienses que soy negativo al ver mi “realismo” o el nuestro. En todo caso ¿no estábamos así? Además, más que perder ¡ganamos! ¿Qué teníamos antes? Pero era imposible imaginar lo que esto sería a lo lejos…

 

No ha sido malo, aunque no vaya a ser mejor ¡Ni pizca! Pero ¿hemos de remar o esperar que el tiempo o el viento nos arrime a las costas de una situación ideal?

¿Celos? ¡Sí! ¡Los tengo!

En un modo, ya no lo siento. Vanamente te he explicado mi parecer en cuanto el uso de la minifalda esa… Aunque no haya caso de decirte que a tu espejo golpearía, pues él te ve desnuda cuando yo te deseo. Y, no te digo más; he depuesto luchar contra mí mismo, pues –esa violencia o lado explosivo que todos tenemos- lo llevo preso y “embobado” ¿Para que empujar una mano con la fuerza de la otra?

 

No pienso luchar más, una cosa es argumentar conmigo y otra sería pelear, pero no sé cómo luchar contra un “enemigo” que no conozco… Ya habrá otro método, descubriremos otros caminos y –quizá- la frontera no sea sólo mía.

 

Cuando estuve enfermo… ¡Hace mucho no sé qué es sentirme atendido! Mi cama, mi compañía, me asistieron ese par de días y -es irónico- cuando creo que no habrá nadie ¡Dios o Su vida! me suplen lo que me falta: No hay mucha fe, pero ¿queda otra opción? ¡Esperemos! (El tiempo de Dios es perfecto) (Aunque prefiero la velocidad de mis impulsos).

Estos días, te lo dije, coincidí con gente de una década atrás. ¿Será propicio mi tempo ahora? Si no pude mantener lazos filiales que los años me mostraron libres de cadenas o nexos con unos pocos amigos ¿Cómo ampliar ese reducido círculo? Lo haría por razones comerciales. No tengo mucho en común con la gente y mi espacio es reducido para ser tan inclusivo en mis afectos. ¡No sientas pena! (No soy parte de lo que muchos gustan).

 

¿Qué puede moverme otra? ¿La camita?

Te confesé qué “sí” y que “no”. ¿Podré salir de mi selva y volverme citadino y andar al paso de sus ciudades? (no).

Puede que me guste ver sus piernas blancas, bien depiladas, pero ¿dónde estará mi alma salvaje? También ¡Me volveré viejo! (no podré cumplir siempre).

 

Puede que me encandile el brillo de la escarcha que riega con el perfume, sobre sus senos… ¿Me sabrán a miel o intuiré la hiel? No puedo llevar a cuestas el pasado ajeno. ¡Tú sabes mis secretos! ¿A qué le temes?

 

No soy tu carga. No soy tu responsabilidad. De más está decir mi opinión: Intentemos ser responsables por explorar el resto del camino  ¿Temes tomarme de la mano? (Sé que no, pues, TE TENGO Y NO TE TENGO) (y mis sueños -mudos testigos- me dicen el porcentaje verdadero).

 

Si tú renuncias, yo renuncio. Si te quedas, yo me quedo.

 

En el fondo, lo que me incomoda, no es tanto la distancia, sino la dependencia ¡Eso no es bueno!

 

Dependemos de tantas cosas, de circunstancias y variables que la cotidianidad no entorpecería, si fuera natural, pero –el papá de JC- me enseñó algo que tú practicas a la inversa: “Si quieres olvidar a alguien PIENSA EN LAS COSAS NEGATIVAS QUE TE HA HECHO”.

 

¿Qué te he hecho?

Dime “lo negativo”, sino ser realista y alzar la mirada frente a esa ola de cosas que nos amenaza, como un iceberg. ¡Dí!  -con la sencillez de su publicación- en qué fallo si me siento amenazado por un reto que asumí sin considerar mis carencias (y las tuyas). ¡No somos culpables! Y ¿Hay culpas en esta forma de “amar” a lo desconocido?

 

Si es “culpa”  ¡Me inculpo!

 

Si es torpeza temer la avalancha  -esa de separarte de lo tuyo- por lo que crees hallar en mí ¡Temamos! Seamos “torpes”. No sé cómo levantar un pie sobre la tabla que me lleva en esta ola…

Una cosa tengo por cierta: Recogeré todo lo que haya escrito –cantos de sirenas- y los guardaré donde sólo yo pueda entenderlos y, si la vida me permite -lo que hizo Adam Smith- ¡quemaré mis manuscritos!

 

Nada, después de ti, será real ni valdrá esta pena:

  • Pena de saber que existes.
  • Penas y deseo de amarte (que no es igual a poseerte).
  • Pena de este deseo de cambiar mi mundo, para hacerlo entendible y manifiesto a tu mundo.

 

Eso, en suma, serían mis temores. Por ello, cuando avanzo en las tinieblas de la incierta noche, una parte de mí no teme a la mordedura de una serpiente y, sin embargo –creyendo que puedo hallar la vida- angustiado, otra parte de mí desea ser mordido y, en cosa de minutos, cambiar esta dimensión, y dar a mi alma el reposo que las letras no nos pueden dar: Hallar el descanso que las emociones temporales del alma o el cuerpo no mitigan y…

 

¡Decir en raudo vuelo!

 

Te amo, aunque no seas mi vida (ni yo la tuya).

 

¿Cómo irás a “perderme”?, si no te tengo ¡ni me tienes!

 

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