Los niños sabios de hoy

Como adultos tenemos a veces la inconsciencia de pretender en medio de una soberbia mal entendida, de pensar que todo lo sabemos. La educación de los niños en cualquier generación es un privilegio, aunque también representa un reto que nos conduce a decir que, en estos momentos debemos actuar con los cinco sentidos despiertos para conectarnos con esa energía dinámica de los niños superdotados de estos tiempos.

Generalmente son curiosos y asoman una profundidad que en nuestros tiempos de gente menuda no era más que una rareza. Nos dejan arrobados cuando nos interrogan sobre qué; si hay vida en otras galaxias. ¿Dónde está Dios? ¿Qué es un ángel? Su autoestima está sobrevaluada, conocen del dolor, de la injusticia y hasta especulan sobre cómo resolver conflictos del orden que sea.

Si; arrastramos las heridas recibidas en el pasado, en las que abundaron los no como respuesta o todavía nos escuecen los juicios de los padres o familiares sobre nuestras ideas más temerarias y fantásticas, seguramente; responder una pregunta cómo esta puede ser todo un reto. Podría pasar que cargáramos el atavismo de un pasado repleto de exigencias para alcanzar la perfección, lo cual puede manifestarse en la certeza de no ser suficiente tal y como somos.

Los que fuimos criados por padres generosos y a la vez bastante exigentes, por aquello de legarnos una buena educación. Es digno de recordar, si fuimos buenos estudiantes, tener los cuadernos bien presentables, uniformes impecables, no ensuciar en el acto de comer, era algo de ni pensarlo, para no decepcionar a nuestra madre, en ese sentido inconscientemente trasladamos esas mismas exigencias a nuestros hijos.

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El rol mental

Pasamos años incontables, repitiéndonos consuetudinariamente el rol mental que tenemos grabado in mente: Cuida tus cosas, se ordenado, se cuidadoso. Hasta que; en un momento dado actuemos contrariamente a lo que preconizamos. Lo cual de hecho nos causará un resabio moral por no honrar el modelo que vendemos o promovemos.

Tenemos que preguntarnos sobre la presunción de que un hijo nuestro sea, testigo o tome cuenta de que hemos violado los principios que tratamos de inculcarles, unos preceptos que hemos tratado de grabar a fuego en sus almas para su posterior acatamiento y les sirvan de fundamento para su vida futura. Lo cual sería una vergüenza.

Ante sus preguntas, las respuestas que les destacamos son; que se trata de nuestro punto de vista, que el mundo, la sociedad, puede estar de acuerdo o no, que él es libre de tener su propio criterio. La invitación que les hago es a estudiar, a investigar, a creer en las maravillas de la vida. Dejad fluir a estos maestros en ciernes, de nuestra parte requerimos humildad y, un gran ensanchamiento de la consciencia.

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