Ni Tan Santos… (Los Inocentes)

William Muñoz La Cruz

26/07/2016

El encierro en el espacio mental de una colectividad mediocre (ajena de una cultura progresista) no tiene espacio fijo, es adaptable. El tamaño del contexto lo impone la cantidad de individuos que lo contenga y el impacto colateral que genere en la sociedad que compone al país.

La democracia no es un sistema funcional que admite lo mediocre, crece con la participación individual y colectiva de una población bajo la premisa del crecimiento en valores. Quienes se escudan bajo su manto, exigiendo derechos sin afrontar obligaciones, la transforman en un sistema complaciente donde opera el poder de pocos con intereses individuales; confunden, como resultado nefasto, a toda la urbe orientándola bajo un solo índice: la destrucción.

No toda una multitud puede ser culpable de una cultura desvalorada. Pero nos expresamos todos al unísono, siempre predominará la nota que contenga mayores integrantes.

Los hermanos Pérez (Chacón, González, Sánchez o cualquiera que imaginemos) adoptaron las costumbres de sus antecesores. Antiguos residentes que vociferaron en sus tiempos, con plena seguridad y a todo pulmón, que vivían en la sucursal del cielo. Ahora, Como pagando el coste del tiempo de la vida, los Pérez, ya viejos, fueron desapareciendo heredando sus creencias. Así, hoy sus descendientes adoptaron los sueños curtidos de vicios, sin imaginar nunca que afuera de la muralla imaginaria que los retiene, por muchas décadas, existe otro mundo, otra vida, otra luz.

Los Cuatro Pérez (por atribuirles un apellido) siempre están en la casa grande sumergidos en sus vicios espirituales, como aquellos fumadores insaciables. Lo han hecho siempre, han vivido así toda la vida, es una costumbre genética. Se encuentran en la gran vivienda, muy grande, y nunca han sentido la necesidad de encaminarse por otro rumbo. No conocen otra casa porque no les interesa la aventura. El humo sepulto de valores, acumulado por largos años, está que revienta la morada, pero ellos creen que todo está muy bien, que es lo normal, que no deben cambiar. Entra alguien, quiere ayudarlos y casi cae al piso por asfixia, les grita “carajo no se dan cuenta, se están matando sin saberlo” ellos le responden “¿Qué? ¡Mentiroso, esa es una treta inventada por el demonio de la envidia!”

Para que los habitantes de este escenario pudiesen alguna vez conocer y respirar el aire puro, y ver si decidían adentrarse a un cambio, los vecinos, a la fuerza, les abrieron las puertas. Ellos, sentados como siempre, abrieron los ojos y quedaron cegados por la luz exterior, se miraron entre ellos, les asusto lo desconocido, solo exclamaron “Por favor, cierren las ventanas y la puerta, estamos fumando”.

Algunos de los confinados al reducido espacio mental, en el pasado, se atrevieron y se marcharon llevándose en sus enseres todos los vicios y malas costumbres, en fin una conducta devaluada, pero al migrar a otras tierras trataron de imponer sus hábitos como la semilla de un cáncer expandible. Pero en muchas extensiones ajenas a su mediocridad, al tratar de imponer sus ideales destructivos, son execrados por las sociedades más avanzadas y estos forasteros terminan regresando a los acostumbrados escenarios perdidos en la miseria interminable.

Como ya mencionamos al principio, hay países donde los regímenes se ocultan bajo una fachada de demócratas e implantan medidas populistas y clientelistas con el afán de perpetuarse en el poder. Usurpan sin medida las bondades naturales del haber nacional, comprándole miserias a la gran mayoría, mientras que unos pocos disfrutan de los grandes dividendos. La gente cree que viven en democracia. Eso le hacen creer, es la excusa de pocos para no cambiar el sistema que perjudica a la mayoría.

Qué es democracia... pregunta cobntsnte. La democracia no debe instalarse en un país como una estación del tiempo. Una lluvia repentina, como un regalo de la providencia o como un derecho adquirido a través de la religión o el voto. La democracia debe significar algo más. Es la preparación de un sistema donde participemos todos para lograr un beneficio en común. Enmarcado en el presente y en el futuro, para nuestra generación y las venideras. Se trata de un proyecto de vida enfocado hacia el infinito porque la democracia debe ser un sistema que debe enriquecerse a medida que pasa el tiempo. Este crecimiento debe enfocarse en la grandeza que nos brinda la naturaleza y el ingenio del hombre.

Para que un país llegue a la democracia, lo primero es que debemos descubrir su significado. Y quienes primero deben conocerlo son los ciudadanos en general. Ese discernimiento debe impartirse en las escuelas. No solamente como una materia de primer año de bachillerato o una clase de primaria, debe ser una enseñanza constante en todo el proceso educativo de los jóvenes venezolanos.

Debemos saber que son los derechos y las obligaciones de un ciudadano ante la nación. Conocer cómo gana económicamente un país, en que invierte, como se endeuda, en qué y cómo paga. Tener las herramientas para que el votante sepa elegir a sus gobernantes. En la actualidad muchos habitantes están acostumbrados a escuchar, de parte de los líderes, lo que a él le gusta. Le encanta ser complacidos, beneficiados y no obligados a retribuir lo que reciben porque creen que les corresponde. Nunca exigen una aclaratoria de cómo van a ser los procedimientos gubernamentales… no les importa.

Debemos estar claros que la situación de un país influye en todos los aspectos del ciudadano. Si el país está mal, el hogar también lo está porque el país, gobernado, tiende a ser como una familia donde tiene padre y madre que se encarga de administrar los bienes, del país o los bienes del hogar. Si el gobernante no funciona, su inoperancia repercutirá en todos los hogares y por ende en toda la población del país: Desempleo, devaluación, inflación, especulación y toda la cantidad de vicios que se instala en la mente para poder vivir de una manera más fácil y sin esfuerzos. ¿Y entonces que tenemos, democracia?

El poder es del pueblo pero solo un grupo lo administra, para bien o para mal. La democracia no es solamente el derecho que tenemos para elegir a nuestros gobernantes, es un compromiso donde existe justicia en todos los aspectos. Justicia para el hombre, para el medio ambiente y para el entorno social. Todo junto. Debe existir un sistema de oportunidades incluyendo al medio ambiente para conseguir un verdadero equilibrio.

Somos venezolanos y gran parte de nuestra cultura proviene de los intereses de las circunstancias manejadas por los flautistas encantadores. No podemos negarlo, somos un país caudillista. A lo largo de nuestra historia, nos han suministrado mentiras, sueños inverosímiles y falsos protectores. Como aguja hipodérmica inyectaron ideales que más que patrióticos, nos ilusionaron con una vida de comodidades adaptadas a la miseria humana. Nos enseñaron a que otros malgasten nuestros recursos entregando la más mínima porción de lo que en verdad nos corresponde. Engañándonos al vociferar, mediante discursos politiqueros llenos de artimañas, la más grande mentira sobre un futuro mejor que nunca logramos visualizar. Hoy nos hemos convertido en residentes de un inesperado espectro, adaptados, a la fuerza, a lo marginal y serviles a una causa desastrosa.

¿Què es la democracia?, ¿la tenemos?. No podemos hablar sobre democracia en un país donde cada uno cree tener la razón y quiere imponerla drásticamente. No podemos hablar de desarrollo, en un país donde la mayoría de gente productiva se dedica a quehaceres improductivos asignado por entes incapacitados, en nuestro caso: los gobiernos. Así como vamos, la mejor forma para exterminar una cultura progresista, es seguir implementando el populismo. Cuyas consecuencias se definen como vicios destructores de una nación. No podemos hablar de Democracia en un estado donde no se impone la ley. Y donde cada quien se cree su propio estado regido por leyes individuales.

Debe construirse un sistema donde cada área sea atendida por expertos en la materia. Donde se conozca la técnica de la producción y la comercialización para satisfacer la demanda nacional y atender al mercado internacional. Donde cada individuo vea al país como una plataforma para satisfacer sus necesidades y la de sus primogénitos de las próximas generaciones.

Debe concebirse una cultura enmarcada en una calidad de vida sujeta al nuevo tiempo. Erradicando la mentalidad mediocre del habitante de la sociedad. Donde disfrutemos de los alcances y los beneficios del mundo. Debemos conocer otros mundos, otras tierras, otros sistemas, mejores o peores que el nuestro y luchar para el cambio.

La Democracia, como sistema igualitario de los derechos de todos, no puede generarse en un sistema donde no impera el orden, se desconoce el sentido de pertenencia patriótico, convive el interés individual y no existen las buenas costumbres. El régimen ideal se consigue creando y aplicando el conjunto de leyes y normas que garanticen el correcto funcionamiento del sistema público.

Definición de democracia... hay muchas interpretaciones, pero la democracia debe ser la cúspide de la forma de vida de un pueblo que ha alcanzado la excelencia de la cultura. Una forma de vida albergada en los principios de justicia y respeto hacia el propio individuo, hacia los demás y hacia el medio ambiente.

Hoy, los Pérez o quienes vivan esta situación de miseria de espiritual, todavía no se dan cuenta de lo inmersos que están en su desgracia, muchos les vociferan que emancipen sus creencias oscuras y cerradas, ellos aún responden justificando que la oscuridad es la mejor vida y que lo miserable es su cimiento.

La cultura mediocre, que rechaza valores imprescindibles para el desarrollo, no es una característica natural de la especie, es lo que emana del pensamiento de importantes sectores humanos que han creado imaginarias fortalezas convertidas en universos perfectos. Es el resultado de no saber quiénes somos, de dónde venimos, ni hacia dónde vamos. Es la desvaloración de la existencia.

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