Las Navidades son para los niños. La magia de la ilusión, de las luces de colores, la espera de los regalos, la inquietud por si vienen los Reyes Magos o Papa Noel, la música de los villancicos, la comida diferente por ser Navidad, montar el Belén y poner las bolas en el árbol de Navidad.

Para los demás, la Navidad es tener que comprar, esperar la lotería (que como no toca: menos mal que tenemos salud), preparar las reuniones familiares (felices para muchos, obligatorias para otros), hacer el plan para las cenas y las comidas de las fiestas, salir con los del trabajo, la reunión de los del yoga, la cena de los amigos de siempre, o del grupo de música (¡arriba el colesterol con las cenas!), dormir menos aunque no se baile, recordar las épocas en que aquello era la gran diversión y desear que se acaben pronto. Eso en el mejor de los casos.

Y luego está la verdadera Navidad, las que pasamos todos recordando a los que faltan. Mi madre decía que el anuncio de los Turrones del Almendro debería estar prohibido, porque mucha gente no vuelve por Navidad. La Navidad es el momento de la nostalgia, de la familia que está y de la familia que nos falta, del vacío y del dolor que deja la muerte en cada casa. No son fiestas felices aunque lo parezcan.

Sólo la ilusión de los ojos expectantes y sorprendidos de los pequeños de la casa, nos salva. Esa es la verdadera Magia de la Navidad, la magia de los niños que creen en la magia. 

Las Navidades son para los niños y por eso yo quiero ser como los niños. Creer en la magia, en la esperanza de que vivimos más allá de la muerte, en la ilusión de que estamos cerca de los que amamos porque, aunque se han ido, yo creo que también vuelven a casa por Navidad, para celebrarla con nosotros y sentirlos sin la distancia.

Por eso, hoy, yo también celebro la Navidad con la ilusión de los ojos de un niño. ¡Feliz Navidad mamá! ¡Feliz Navidad papá!

 

Comparte este Goo:

¿Tiene contenido inapropiado?

Comparte este goo con un amigo: