Un web proxy no es más que un servidor que actúa de intermediario mientras navegamos a través de la red. Normalmente, cuando tecleamos una dirección en nuestro ordenador, el navegador que estemos utilizando procede a establecer la conexión con el servidor correspondiente. Si hacemos uso de un proxy, esa conexión no será directa, sino que el proceso pasará a desarrollarse en dos fases: primero nuestro equipo buscará la conexión con el web proxy, y luego éste hará lo propio con el segundo servidor concernido. Todo el tráfico se encauzará entonces a través del proxy: los datos de ida y la información de vuelta. De una manera bastante gráfica cabría decir por lo tanto que éste hace un mero papel de intermediario. Y esto es bien cierto, pero no agota la cuestión, porque el web proxy no limita su función a interponerse, sino que dependiendo de su naturaleza y tipo aporta una serie funciones u otras; generalmente la diferencia estriba en la cantidad de datos que transmiten o dejan ver sobre el usuario y su equipo. Hablamos por lo tanto de navegación anónima, discreción y seguridad. Pero también permiten limitar la navegación o las descargas, e incluso pueden conllevar indeseables inconvenientes. Y, rizando el rizo, un web proxy puede servir para eludir, estableciendo un bypass, ciertas restricciones o cortapisas de otro proxy.

Si atendemos a una clasificación básica de los tipos más conocidos de web proxy que existen, nos encontramos con los siguientes grupos:

1-los proxys transparentes

Se denominan así porque no ocultan la identidad del usuario. Al conectarnos a internet a través de un web proxy de esta clase, éste se lo hará saber al servidor, pero al mismo tiempo pasará a indicarle nuestra dirección IP, con lo que nos permitirá navegar, pero no anónimamente. Una de sus funciones es la de comportarse como una suerte de buffer o memoria, haciendo uso de una caché en la que va almacenando las distintas páginas solicitadas. Si un usuario posteriormente quiere acceder a una dirección que ya ha sido ofrecida a otro internauta, el proxy verifica si la copia que ha registrado temporalmente en su memoria no ha sufrido modificaciones, y si es así se la enviará al nuevo solicitante sin tener que volver a conectarse con el correspondiente servidor y realizar todo el proceso. Y ésta es una de sus grandes ventajas: agilizan la velocidad de las conexiones.

2- los proxys anónimos

Su denominación es bastante precisa porque a través de un web proxy de navegación anónima el servidor sólo será informado de que la conexión se demanda desde un proxy, nada más: nuestra dirección IP no será revelada, y nuestra identidad permanecerá oculta y segura.

 

3- los proxys muy anónimos o de alto anonimato

Éstos son los que más herméticos resultan; plantean la conexión con el servidor sin ofrecerle ningún tipo de información, ni siquiera se identifican como proxy, de manera que hacen creeer que ellos mismo son el usuario.

 

Entre los inconvenientes que puede plantearnos el uso de un web proxy hay que tener en cuenta la posibilidad de que algunos contenidos no nos lleguen plenamente actualizados. Además no debe extrañarnos que en momentos puntuales de saturación de tráfico la conexión se torne lenta. El éxito de la navegación anónima también provoca que en un web proxy de este tipo puedan confluir demasiadas conexiones de forma simultánea.

En ocasiones el uso un web proxy nos vendrá impuesto. Empresas, centros de formación, fundaciones y otras organizaciones recurren a menudo a un proxy para permitir que múltiples equipos puedan conectarse a internet como si de uno solo se tratara. Canalizan así todo el tráfico, permitiendo establecer restricciones de acceso, bloqueando ciertas páginas o contenidos, evitando descargas o usos puntuales, y en definitiva permitiendo un análisis y control del tráfico. Esto cada vez resulta más familiar en las oficinas y puestos laborales.

 

Los web proxys son también los responsables de que en aquellos países donde la libertad sufre serias limitaciones, el acceso a internet se vea igualmente dificultado, con páginas y servicios bloqueados de forma permanente, IP´s de usuarios vetadas, control de los correos electrónicos, o apagones de la red.

Paradójicamente sortear tanto las pequeñas restricciones online en el trabajo o en la universidad, como los bloqueos de webs también es posible recurriendo a un web proxy. En internet hay muchas páginas que ofrecen listados de web proxys públicos, eso sí habrá que confirmar que están activos, y cerciorarse del tipo al que pertenecen. Haciendo uso de la IP que les identifica como servidor interpuesto y del puerto de escucha en el que trabajan ya podemos utilizarlos. Y si no son transparentes nos garantizarán seguridad y una navegación anónima sin límites, al sortear a través de una especie de bypass las restricciones impuestas por administradores y firewalls. También en países con regímenes no democráticos que interfieren en internet es posible burlar la censura con un bypass similar, siendo más exitoso con web proxys y aplicaciones específicas de pago.

 

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