El hombre moderno se ha olvidado de su hogar

Cómo seres humanos, al igual que los demás seres vivos, estamos sujetos a los cambios de la tierra, cambios naturales y cíclicos. A pesar de que actualmente el hombre ha logrado grandes avances tecnológicos, también es cierto que no podemos aislarnos de la influencia que tienen sobre nosotros los cambios de estación, el clima, el día, la noche, la altitud, la latitud, incluso el tipo de ecosistema en el que nos encontremos. Nuestro organismo también está vinculado con la naturaleza.

El hombre de la antigüedad

Ya los chinos, desde hace ya varios siglos, hablaban sobre el "método para alimentar la vida", el cual es un conjunto de recomendaciones para preservar la salud, prevenir enfermedades y retrasar el envejecimiento. Basadas principalmente en modificar y regular las actividades cotidianas de acuerdo a los cambios de yin yang durante las cuatro estaciones del año. Estas actividades comprenden desde la alimentación, el estado de ánimo, la actividad física, el descanso, la actividad sexual y la actividad espiritual.

En primavera y verano, el hombre debe de alimentar al yang de su cuerpo, ya que en otoño e invierno se debe de alimentar al yin. En primavera y verano la energía yang de la naturaleza crece y se fortalece, los seres vivos también tienen ese proceso, observemos las plantas como crecen y se multiplican, los animales inician su periodo de apareamiento; por lo tanto el hombre debe realizar actividades de exteriorización para alimentar a yang que se ubica en el exterior, y favorecer los procesos de crecimiento y desarrollo del interior del organismo. La primavera es la estación en que los seres vivos nacen, crecen y se reproducen. La naturaleza se llena de cosas nuevas y todos los seres vivos se enriquecen gradualmente. Durante este periodo es recomendable acostarse tarde, levantarse temprano, caminar por los parques, soltarse el pelo y aflojar cualquier cinturón que sujete la ropa. Durante esta estación el espíritu debe estar alegre, evitar la depresión.

El verano es la estación en la que todos los seres vivos se encuentra en su máximo esplendor, es una etapa de desarrollo y florecimiento. La mayoría de las plantas abren sus flores. El hombre debe acostarse tarde y levantarse temprano. Evitar molestarse y enojarse.

En otoño e invierno, la energía yang de la naturaleza se concentra y se almacena en el interior, así como sucede con los demás seres vivos, las plantas pierden sus hojas y desprenden las semillas, concentrando así su energía vital, algunos animales se preparan para invernar. En este periodo la actividad se debe reducir, regular y concentrar en el interior para favorecer los procesos de concentración y almacenamiento en el interior.

El otoño constituye la época de concentración. El hombre debe dormir y levantarse temprano. Y finalmente el invierno es una época de acumulación y almacenamiento. El hombre debe acostarse temprano y levantarse tarde. Se debe evitar a toda costa exponerse al frío y mucho menos permitir la sudoración, ya que de esta forma se desgasta la energía yang.

Observando el entorno

Si observamos la naturaleza nos daremos cuenta que casi todos los seres vivos adaptan su existencia a los cambios que en su entorno se presentan. El hombre es el único que por el contrario, modifica el entorno para satisfacer sus necesidades. Este alejamiento paulatino del todo, ha permitido que cada día, generación tras generación, el número de enfermedades aumente, enfermedades cada vez más complejas y aparentemente difíciles de erradicar. Sumémosle a todo esto, el mar de radiaciones en el que vivimos, la comida casi sintética que consumimos, químicos y conservadores, etc...

Por otro lado, estamos acostumbrados, actualmente desde que se nace, a adquirir el 90% de lo que necesitamos en un supermercado, el otro 10% llega por cables o tuberías. Se ha perdido el contacto con la tierra, siendo que todo proviene de ella. Te invito a que hagas un pequeño experimento en el jardín de tu casa, sino tienes jardín hazlo en un metro cuadrado de espacio que no utilices. Prepara un pequeño huerto (hay mucha información en la red sobre cómo hacerlo) y siembra hortalizas o alguna otra especie de vegetal o fruta. Involucra a tu familia en la siembra, riego y cuidado. Observa cómo algo cambiará en cada uno de los que participen, dense cuenta cómo en ese pedazo de tierra es capaz de crecer un ser vivo, el cual te dará su fruto que servirá como tu alimento y que pasará en pequeña o gran medida a formar parte de ti. Este proceso se genera día a día, segundo a segundo desde los orígenes del planeta mismo, y nunca se ha detenido. Pero lo más maravilloso es que somos parte y resultado del proceso, ¿por qué no tomar un papel más responsable entonces?.

Tal vez, cuando volvamos a formar un vínculo más directo con la tierra y adaptemos nuestro existir a su dinámica, la comprendamos y cuidemos, tal vez entonces, y solo entonces, el ser humano como especie trascienda.

Por último recuerda que tú existencia es el resultado de millones de decisiones, y hoy puedes decidir, hacer, dejar de hacer, mantener o cambiar poco a poco, pequeñas o grandes aspectos de tu vida.

Reintégrate, la tierra nos necesita.

Hijos de la Tierra

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