cultura

De Nacionalidad Europea o multicultural

En un artículo anterior titulado ¿Qué significa la Nacionalidad? escribí acerca de la nacionalidad como vínculo legal a un determinado país y su definición, ya que poseerla nos concede ciertos derechos y nos posiciona en una sociedad u otra como individuo y parte de ella.

No obstante, este hecho determina solamente la parte burocrática y legal, ya que un papel, un pasaporte o una ley, por mucho que nos sitúe en una sociedad o un lugar determinado, no dictamina jamás lo que una persona puede sentir o creer y lo que los demás puedan pensar de la misma. Y ahí es donde entra en conflicto la individualidad de la persona.

Experiencias con personas de doble nacionalidad

He tenido la oportunidad de conocer a varias personas en esta situación y de conversar con ellas. (Los nombres aquí mencionados han sido cambiados para preservar la intimidad de las personas.)

Miguel nació en Berlín en el seno de una familia turca, ello no tiene nada extraño debido a que en Alemania hay muchas familias procedente de Turquía asentadas desde hace generaciones. (La inmigración turca en Alemania tuvo lugar concretamente después de la Segunda Guerra Mundial, cuando se necesitaba mano de obra para volver a levantar al país.) Dentro de su hogar, lo criaron a su manera, según las normas y la cultura de su país de procedencia. Habla tanto el turco como el alemán a perfección. Al mismo tiempo se ha adaptado a la vida en Alemania, ya que de puertas para afuera de su hogar, se crió como uno más y realizó todos sus estudios en el país germano donde luego comenzó a trabajar. Hoy en día tiene familia tanto en ambos países.

En una ocasión conversamos sobre la vida y su experiencia en Alemania. Aunque hay mucho que le ata a este país, nunca se ha sentido alemán del todo ni ha sido visto como tal por los demás, ya que su nombre y su físico evidencian sus orígenes verdaderos. Este hecho influyó en que, durante su infancia, fue siempre considerado como extranjero por los demás amigos y compañeros. Es como que la ley te integra, pero la sociedad no, al no verte como uno de ellos. No obstante, cuando viaja a su país de origen, lo lógico sería que ahí sí le aceptasen como uno de ellos ya que lo comparte todo (nombre y apellido, físico, idioma, cultura e ideología), no obstante ahí también le ven como alguien quien viene de fuera. La gente se fija en los detalles y notan en sus gestos y la forma de expresarse que es distinto.

La misma experiencia le pasó a María. Nació en el seno de una familia otomana pero fuera de su país de origen. Dentro de su hogar recibió la misma educación como la hubiese recibido en Turquía, pero por fuera de su casa creció como otra alemana más. Habiendo crecido como otomana, le dio la posibilidad de recibir una educación diferente, mientras la educación recibida en Alemania le ofreció la posibilidad de conocer otra cultura más “democrática”. Conviven dos culturas en una misma persona, un hecho que sin lugar a dudas la enriquecen, como a Miguel, porque se crían bilingües y entre dos mundos diferentes. Actualmente, María no está del todo feliz donde está, porque no comparte ciertos aspectos con la mentalidad alemana, pero tampoco se ve regresando a su país de origen, donde está toda su familia. Aunque la quiere mucho, no se ve capaz de vivir en un país patriarcal después de haberse criado en la democracia.

Además conocí a Elena, una mujer sudafricana que emigró a Alemania cuando tenía apenas dieciocho años. Aprendió el idioma y la cultura y realizó allí sus estudios de formación profesional. Aunque ya “integrada” después de haber rehecho su vida, no se puede olvidar de su pasado al que añora mucho. Desde que se fue, su vida no ha sido igual, ya que su mentalidad, creencias y forma de ser distan bastante de la gente que la rodean. No obstante, tampoco puede regresar a su país de origen a causa del racismo que existe aún en su país natal y se siente fuertemente el odio de los negros hacia los blancos, según me comentó.

Tres personas distintas, de diferentes edades, orígenes, familias y experiencias, coinciden en su forma de pensar: aunque aprendes dos o más culturas, aunque te adaptes, aprendas el idioma a perfección, siempre serás alguien de afuera, de otra cultura el extranjero o la extranjera. Por un lado, aprendes más, entre varios idiomas, otros valores, a conocer más gente, te abre la mente, te cambia la visión por completo. De ahí choca la persona con otra, cuando la otra no ha salido nunca de su entorno que es lo único que conoce. En Alemania, el nacionalismo se hace evidente. Pero tal vez el hecho de compartir paralelamente la mentalidad con otra cultura te hace pensar de forma distinta, de ver las cosas de otro ángulo, lo que dificulta integrarte del todo, porque siempre hay algo que te hace diferente, pero nunca mejor o peor que los demás.

Me pregunto si es un conflicto interno y personal de cada persona, o si radica en la sociedad alemana. Porque también he conocido el lado opuesto, alemanes que han emigrado a España, pero, ¿se han adaptado? Mi experiencia me dice que no, al menos no todos. Porque muchos siguen leyendo la prensa y libros en alemán (que de por sí no es ningún error, ya que conservan su idioma, pero no hacen esfuerzo alguno o suficiente por aprender el español), siguen viendo la tele todo en alemán, noticias de Alemania, se juntan con otros alemanes formando sus propios círculos. En resumen, crean su propia aldea alemana fuera de su país.

En una ocasión, atendí a un cliente y le pregunté, pero ¿de dónde es usted? A lo cual me respondió: “De Europa, soy europeo.”

Quiero decir con eso que el llevar varias culturas dentro de sí no es nada malo ni una enfermedad, aunque hay a quien le cueste convivir con eso. Más bien forja una nueva personalidad e identidad opuesta al nacionalismo. Esa ideología, la del nacionalismo, sí ha llevado al odio y al racismo, algo incomprensible e incompatible con los que llevamos dentro a varias culturas.

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