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De color blanco brillante y con reflejos irisados, el nácar es un material que se emplea en joyería junto con el oro y la plata. Cuando un cuerpo extraño se introduce en un molusco, este lo recubre y lo va forrando con capas de una sustancia que segrega hasta que se forma una perla. De esta mismo sustancia es el nácar que recubre las conchas por lo que es llamado también madreperla, por ser el material madre de las perlas. Mucho más blando que otros materiales se trabaja muy bien en joyería.

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El nácar ya se usaba en China y Japón antes del cristianismo y se utilizaba para recubrir esculturas, objetos de decoración y para hacer botones. A partir del siglo XIV ya comenzó a ser introducido en Europa, primero para realizar pequeñas figuras religiosas y más tarde para decorar instrumentos musicales, abanicos, muebles, etc, técnicas que se copiaron de los chinos. Más tarde y ya en el siglo XVI se incorporó el nácar a la joyería lo que hizo que la demanda de este material creciera de forma exagerada.

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En la actualidad se puede apreciar este material en varios tipos de joyas como son pendientes, colgantes, collares, anillos, pulseras, gemelos, etc. El nácar se encuentra formado por un 90% de cristales de Araganito (especie de carbonato de calcio) en capas superpuestas y separadas por membranas de conchiolina, un complejo de macromoléculas orgánicas de proteínas fibrosas quitinoidales y polisacáridos que segrega la capa del molusco. En el mundo esotérico se relaciona el nácar con la brujeía blanca. Se cree que vuelve a las personas más dulces y que ayuda a que las mujeres se queden embarazadas. También se utiliza el nácar algunos rituales para que de prosperidad y riquezas.

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