La mutilación genital femenina, una forma de barbarie

La mutilación genital femenina, también conocida como circuncisión femenina o ablación, consiste en la eliminación de tejido de cualquier parte de los genitales externos femeninos: clítorix, labios menores y labios mayores.

Esta práctica está vigente en unos cuarenta países, 29 de los cuales pertenecen a África y al Medio Oriente. Se han reportado casos de mutilación genita femenina en algunas naciones de Asia y América Latina, así como en poblaciones emigrantes que viven en Europa Occidental, Norteamérica, Australia y Nueva Zelanda.

Se desconoce su origen, pero se considera que la CIRCUNCISIÓN FEMENINA podría ser una práctica milenaria surgida en el antiguo Egipto, previa al Islam, que se difundió a través de la influencia de la civilización egipcia.

En las zonas donde tradicionalmente se practica la mutilación genital, ésta es un requisito ineludible para poder casarse, para alcanzar una determinada posición o simplemente para ser aceptada en la comunidad. Con la intervención, la mujer consigue ser limpia y pura. En todos los casos obedece a una cuestión de coherencia de grupo, aunque tenga implicaciones distintas según la etnia a la que se pertenezca.

Históricamente la mutilación genital femenina ha estado asociada a cinco factores fundamentales:

  1. Control de la sexualidad y el fomento de la castidad: Se cree que mitiga el deseo sexual femenino, garantiza la fidelidad e incrementa el placer sexual masculino.
  2. Funciones reproductivas: Existe la creencia que las mujeres no mutiladas no pueden concebir o que la mutilación mejora y facilita el parto. También se piensa que se puede arriesgar la vida del bebé si durante el parto éste toca el clítoris.
  3. Razones de higiene: La mujer no mutilada es considerada sucia y, por lo tanto, la comunidad le prohíbe la manipulación de agua y alimentos.
  4. Razones de estética: Se considera que los genitales carecen de belleza y son excesivamente voluminosos.Motivos religiosos: A menudo se justifica la mutilación genital femenina amparándose en la religión, indicando que se trata de un precepto islámico que emana del Corán.

La edad de la niña para la práctica de la ablación varía en dependencia de los contextos geográficos. En algunas regiones se realiza a los pocos días de nacida; en otras áreas entre los 5 y 10 años de edad. Incluso en determinados lugares, se mutilan a las niñas durante la menarquía, ora en la adolescencia, ora antes de casarse o dos meses antes del nacimiento del primer hijo.

Generalmente LA MUTILACIÓN GENITAL FEMENINA se efectúa en condiciones precarias -casi nunca en centros sanitarios-. Se utilizan instrumentos muy elementales como cuchillas, navajillas, tijeras o pedazos de vidrio. No se emplea la anestesia, y las heridas son tratadas con aceite, huevo, ceniza o papel mojado de cigarro, para promover la cicatrización; para el cierre de las mismas se emplean espinas como agujas e hilo de coser o pelo de caballo.

Dentro de las consecuencias principales están la pérdida casi total de sensibilidad sexual con el añadido trauma psicológico. Algunas niñas mueren desangradas o por la infección consecuente a las precarias condiciones quirúrgicas.

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