La música es y ha sido un gran potenciador desde el comienzo de los tiempos.

Las antiguas tribus la utilizaban para realizar llamadas a la naturaleza, rituales de sanación, celebración de festejos, pero...

¿Alguien se ha preguntado alguna vez por qué el uso de los tambores, por ejemplo?

El rítmo dentro de la música (y de ahí el uso de instrumentos de percusión en aquellas ocasiones), es la parte que invita al movimiento, a lo físico, a la conexión con lo más primario del ser humano, la parte más instintiva (ya que acciona automáticamente esta parte cerebral, el sistema límbico). A nivel emocional, los sonidos rítmicos sacan la parte de emociones más fuertes, tales como la rabia y mejoran los estados de ansiedad.

Ésto da explicación a por qué en la época de la adolescencia a los jóvenes les gusta más escuchar MÚSICA basada en sistemas rítmicos, tales como el hip hop, heavy metal...

Por otro lado, la melodía es la encargada de propiciar la conexión con nuestros propios sentimientos. Cuando los sonidos son agudos, nos producen un estado de alegría, eufória y sensación elevadora (si bien, cuando extremadamente agudos molestan). En cambio, los sonidos graves nos llevan hacia un periodo de introspección de nosotros mismos, a recapacitar, centrarnos en nuestras emociones y sentirlas dentro conscientemente (por ejemplo, cuando nos encontramos tristes escuchamos música o canciones con éste patrón).

La armonía (hacer sonar dos o o más sonidos a la vez), pueden hacer que nos encontremos a gusto si son consonantes, o sintamos malestar o incomodidad cuando son disonantes.

Es importante que, si queremos trabajar con los estados anímicos (tal y como hacen los Musicoterapeutas en sus sesiones), además de tener la formación adecuada para ello, tengamos en mente estos y otros elementos musicales fundamentales (como la velocidad, volumen o intensidad...).

Porque la música, desde siempre, ha servido para elevar y sanar el espíritu.

Comparte este Goo:

¿Tiene contenido inapropiado?

Comparte este goo con un amigo: