Sí muriéramos hoy, la creencia de la liberación eterna, se apoderaría de nuestra razón, corazón y  alma.

Sí muriéramos hoy, abandonaríamos lo conocido para explorar lo desconocido, en un viaje eterno sin regreso, como los precandidatos a viajar al planeta Marte.

Sí muriéramos hoy, tendríamos conocimiento del mayor secreto del hombre, sin poderlo revelar a nadie, lo que hay más allá.

Sí muriéramos hoy, el alma se revelaría en toda su dimensión, con toda su pureza causando llanto de lo bueno que pudimos hacer y no lo hicimos.

Sí muriéramos hoy, sabríamos de una vez por todas cual es el sentido de la vida, tal vez seríamos evaluados en el cumplimento de nuestra misión.

Sí muriéramos hoy, el plantea azul lo agradecería, un depredador menos, un destructor menos, un riesgo menos.

Sí muriéramos hoy, sería la oportunidad para un nuevo ser renovado, limpio de alma y de noble proceder, los niños recién nacidos.

Sí muriéramos hoy, sería la oportunidad de aclarar la idea de dios, tal vez estaríamos en su presencia, para saber de su infinito amor sin pedir a cambio más que la felicidad para todos.

Sí muriéramos hoy, los falsos profetas que pregonan la idea de dios sobre la base del temor, serían des mascarados y lamentarían su tremendo error.

Sí muriéramos hoy, nacería una flor y el sol volvería a brillar, la semilla de nuestro cuerpo corroboraría la ley científica, que nada se destruye todo se transforma.

Sí muriéramos hoy, ¿Qué impactos causaríamos en la gente que nos distingue?, presumida intención.

Nuestros padres sí existieran, sería un duro golpe para ellos, porque somos su creación material, aunque nuestro mundo interior sea de un origen lejano.

Para nuestros cónyuges, la impresión de la desaparición total y tal vez la pérdida de la contribución económica, por un tiempo el miedo a morar en las noches de soledad.

Para nuestros cónyuges, la liberación de una carga pesada, cuando el fracaso nos acompañó a todo momento, ni el papel de proveedores cumplíamos.

Para nuestros hermanos de sangre, la angustia de la extinción de la familia poco a poco, ¿Cuándo nos corresponderá el turno?, es la inquietud legada como herencia.

Para nuestros hijos la hora de saber de que sirvieron las cantaletas, y de asumir la responsabilidad de trasegar el mundo sin nuestra compañía, para cumplir el rol que una vez tuvimos.

Para nuestros conocidos el asombro de la desaparición total, ya que en vida la desaparición parcial siempre alimentó el reino de la indiferencia bilateral.

Para nuestros casi nulos amigos, la angustia de la pérdida del tesoro de la entrega total en los momentos de adversidad.

Para nuestros vecinos la curiosidad de la partida de uno más, que se nos adelantó en el viaje, que algún día todos emprenderemos.  

Al final, al cabo de unos meses, seremos olvidados para siempre, quedando vacía nuestra casa de recuerdos, por que ha sido vendida para la repartición económica de la herencia.

Sí muriéramos hoy, nuevos caminos universales por marco polos desconocidos, se revelarían a los habitantes de nuevas dimensiones.

Sí muriéramos hoy, veríamos quién realmente vivió o sobrevivió, la lucha de años se resumirá solo en esto, la felicidad o la amargura nos acompañará.

Sí muriéramos hoy, no podríamos comprobar que después de la muerte nada existe, un suspiro final y adiós para siempre.

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