Las murallas de Jericó de Nicholas Wilcox es el segundo de los libros que componen la trilogía templaría, y la acción se desarrolla en plena segunda guerra mundial.  El jefe de las S.S. Hinmler, esta detrás de los TABOTAT, con la intención de dar un vuelco a la guerra que estan perdiendo.

Un estudiante alemán, que no ha ido a la guerra por problemas físicos, pero es profundamente nazi, hace un descubrimiento en Venecia. Las cartas de unos comerciantes que hablan de los tabotat y el arca de la alianza y de su posible ubicación.

Estas noticias llegan a Hinmler y a Hitler, que ven en ello una armas que podría dar un vuelco decisivo a la guerra, y así poder conquistar el mundo, con todo el poder místico de los tabotat.

Una escucha pone en aviso a los aliados, y aunque Churchill no le da mucho crédito, acude a un amigo en Escocia, que le confirma que puede ser posible, pero que los tabotat solo funcionan con el nombre de Dios, que activa su poder.

Los alemanes buscan los tabotat en Túnez, que se encuentra bajo su poder, pero es una búsqueda limitada por el tiempo, ya que los aliados se encuentran cerca. Rescatados los tabotat, ahora deben encontrar a quien pueda averiguar el nombre de Dios que activa el arca, por lo que sacan de un campo de concentración a un profesor judío, cuyo padre, un rabino intelectual pudo llegar a conocer ese nombre.

Un soldado mutilado y desfigurado en el frente ruso, un verdadero nazi, que incluso sirvió de inspiración el los carteles de propaganda, es encargado de escoltar al profesor a España, donde puede encontrarse la clave del nombre de Dios. En su búsqueda por Andalucía del lugar donde suponen que se haya escrito este nombre, guardia y prisionero se van conociendo, y el soldado alemán comienza a cambiar su percepción del profesor y de los judíos. Pero el padre del profesor tubo la precaución de borrar las pista que conducen a el nombre de Dios.

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