Mujeres portento de belleza natural. Anna

—Mujeres hay que son un portento de belleza, natural además y, no como las prefabricadas para los concursos de belleza; por cierto; no tengo nada en contra de los concursos de belleza. Solo que en mi caso en particular tengo mi propio patrón de belleza. -Bueno en realidad es un comentario al margen, perdonen esta disquisición, para algunos quizás impertinente.

—Anna, es una hermosa mujer, de mediana estatura, con un peso acorde a la misma, cuerpo bien proporcionado, blanquísima, con una mata de pelo castaño oscuro, ojos grandes rasgados de color miel, boca grande carnosa, nariz clásica, cejas arqueadas. –En fin, una mujer de notable belleza, pero; fuera de esos cánones de las mises de pasarela, de concurso. Aunado a esto, su rostro denotaba un rictus de tristeza que le confería un encanto especial. Su edad de apreciación indefinible, pues exhibía la madures de una mujer de cierta edad, que no tenía relación con su apariencia de mujer relativamente joven.

—Desde hace cierto tiempo esta mujer acapara mi atención, que me atrae tal cual fuera un imán o como el néctar de la flor que atrae a la abeja para disfrutar de su dulzura, alegóricamente hablando, en las mañanas, en las tardes cuándo regreso del trabajo y en mis noches de desvelo como una imagen permanente en mi mente y en mis sueños. –Me intriga su soledad, su aire melancólico, la mirada ensoñadora cargada de tristeza. –La miro a través de los cristales de mi ventana- Ella vive en un pequeño chalet en frente de mi casa- Algunas veces se ha dado cuenta de la insistencia de mi mirada y, puedo decir que ha pasado la suya, velada, por encima de mi cabeza sin ninguna expresión. Hoy, me ha tomado por sorpresa un auto parado en frente de su chalet- es sábado- mi curiosidad me acosaba, me sentía enervado por la ignorancia de no saber quién era la persona o quien fuera, en la casa de la dama. –Monté una guardia permanente con la ventana entrecerrada, espiando desvergonzadamente, hasta saber cuál era la visita en cuestión, pasaron más de dos horas hasta ver por fin el objeto de mi espionaje- Un hombre de edad madura de pelo canoso, de cierto atractivo.

belleza

La despedida

Ambos caminaron tomados de la mano hasta la puerta del pequeño jardín- Se abrazaron, él la apretó fuertemente contra su pecho, ella lloraba sobre su hombro de manera convulsa- separándose luego precipitadamente, corriendo Anna al interior del chalet, el hombre dio media vuelta subiendo al automóvil alejándose raudamente.

—Ustedes se preguntarán. ¿Cómo es que yo sé cómo, se llama la mujer de este relato? ¡Fácil, esta mujer hoy día es mi esposa! –La vida está llena de sorpresas- Luego de la despedida, pasaron aproximadamente unos tres meses. –Digo despedida porque realmente eso es lo que pasó.

En este día al parecer los arcanos se pusieron de mi lado ¡Ya era hora! –Viernes, caminaba hacia mi casa, mi paso de lento andar, distraído, con las manos metidas en los bolsillos del pantalón- ¡Oh sorpresa! –Alguien sale de repente de una tienda de lencería y choca inopinadamente contra mi pecho- extiendo mis brazos a la fémina sujetándola por la cintura y espalda- ¡¡Dios perdón señor!! –Si ella supiera… - sin soltarla-

—Discúlpame tú mujer, estaba distraído.

—Qué pena, que descuido

—No te preocupes chica, tranquila

—¿Te conozco?

—Somos vecinos, vivo frente a tu casa. - Tendiéndole la mano- diciendo Jorge.

—¡Con razón tu cara me parecía conocida, -Aceptó su mano, murmurando Anna! – Suéltame ya, no voy a caerme.

—Disculpa- soltándola.

—A partir de ese día, la vida solo me regalaba sonrisas y momentos gratos. Con el tiempo, Anna y yo, luego de amigos, establecimos una relación personal-amorosa muy cálida. Ella con el tiempo, a medida que desarrollamos una verdadera confianza mutua, me contó muchas cosas de su vida. El hombre de aquel sábado en la tarde se estaba despidiendo de Anna, realmente era un hombre mayor, que rectificó a tiempo un error cometido por fuerza del atractivo de una mujer mucho más joven que él, a la que tenía deslumbrada por caballero y buena persona, además de profesor. -Afortunadamente, se impuso el raciocinio y el amor que él le profesaba, dejándola libre, dejándola ir. Por ser un hombre adinerado, la dejó en posesión del chalet y de una considerable fortuna y…

—Un año ya. Anna se encuentra en la dulce espera, haciéndome el hombre más feliz de la tierra- No quiero saber más de su vida pasada. Yo amo con todo mi corazón solo su hermoso presente, puestas nuestras esperanzas en lo porvenir.

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