Mujercitas y su secuela Buenas Esposas, explica la vida de cuatro hermanas (Meg, Jo, Beth y Amy) justo antes de la Guerra Civil americana. Basada en la vida de su escritora, Louise May Alcott, esta novela semi-autobiográfica refleja las experiencias de crecer junto a tres hermanas en Nueva Inglaterra.

Parte de la fascinación que se siente por Mujercitas es el trato que la autora hace de los roles de género. Por un lado, maneja la tradición, que cobra forma en las señoritas que asisten a clases de francés o de piano; y por el otro, crea una distinción, especialmente con el papel de Josephine, que es considerada como uno de los primeros atisbos del proto-feminismo. No en vano, Jo es uno de los personajes más recordados de la novela.

Mujercitas hace un amplio repaso al papel de la mujer en la sociedad de mediados del siglo XIX con el retrato de las diferentes interpretaciones de la feminidad. En la novela vemos una amplia gama de posibilidades en la integración de la mujer en la vida social y cultural a pesar de que las protagonistas se encuentren, en ocasiones, limitadas por el contexto histórico.

Las cuatro hermanas viven con su madre en Nueva Inglaterra a la espera del regreso de su padre, combatiente en la Guerra Civil. El libro comienza con los esfuerzos de la familia para sobrellevar no sólo la ausencia del padre sino también la pérdida de su fortuna.

Cada una de ellas, en su proceso de crecimiento y madurez, deberá enfrentarse a sus propios retos morales. Jo, por ejemplo, deberá dejar de lado su comportamiento masculino y aprender a comportarse como una dama. Sin embargo, como ya sabemos, ésta se revela a tal imposición a lo largo de toda la historia. Su audacia, queda patente cuando rechaza la propuesta de matrimonio de su vecino, y mejor amigo, Laurie con la excusa de perseguir su deseo de ser escritora.

Para conseguir hacer realidad ese sueño, Jo viaja a Nueva York, donde conocerá al profesor Friedrich Bhaer. Su intelectualidad y los puntos de vista comunes consiguen despertar el interés de la joven, que finalmente se casará con él y llevarán a cabo, de forma conjunta, un gran proyecto: una escuela privada para chicos.

A pesar de que los personajes están caracterizados por una gran ambición, todos ellos acaban por mostrarse dispuestos al sacrificio: Meg debe olvidar sus delirios de grandeza y belleza en pos del amor; Beth necesita superar su timidez y Amy debe arrinconar su vena aristocrática con el fin de facilitar la vida a todo el mundo. Con esto, Louise May Alcott pretendía acercar a la novela al Cristianismo, una religión que se caracteríza precisamente por mostrar cierto grado de altruismo cuando la situación lo requiere.

Otro elemento relacionado con la religión es el concepto de peregrinaje. Los viajes en el espacio más representativos son el de Jo a Nueva York, que tiene la finalidad de perseguir su sueño y huir de los sentimientos de Laurie; el del señor March, que viaja de voluntario a la guerra; o el de Laurie, que decide viajar a Europa para olvidar el rechazo de Jo. Sin embargo, considero que los viajes interiores, el cambio que experimentan los personajes, es el principal peregrinaje que todos ellos realizan: cada una de las hermanas debe aprender a superar sus cargas, sus normas, y los obstáculos con los que se encuentren en su camino.

Al final de la novela, el mensaje de Louise May Alcott en Mujercitas parece ser el siguiente: no importa donde vayas, no puedes escapar de tí mismo.

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