Hasta que la muerte nos separe (Génesis 23:1-6)

HASTA QUE LA MUERTE NOS SEPARE (Génesis 23:1-6)

¿Estamos nosotros viviendo en las sombras creadas por haberle dado la espalda a la Verdad y a la Vida que tenemos en Cristo Jesús? ¿A quién acudimos cuando la vida se derrumba?

Aunque Abraham había estado llorando en el valle de la sombra de muerte, sintió de algún modo que no podía haber sombra sin que hubiese una luz en alguna parte. Yo creo que las personas están viviendo actualmente en una sombra constante porque le han dado la espalda a la luz, y ellos mismos oscurecen su propia existencia. Pero si nos colocamos de cara a la luz, contemplando esa luz que procede de la ciudad cuyo constructor y hacedor es Dios, entonces solo aparece la sombra temporalmente cuando algún objeto oscurece la luz durante un momento.

Pero el hombre de fe eleva sus ojos y mira más allá de la sombra y ve la luz que todavía brilla, y les dice a estas personas: “Yo soy un extranjero y forastero entre vosotros. No hay nada que me satisfaga aquí abajo y no puedo nunca establecerme entre vosotros”. Recuerden que la fe de Abraham no se debilita a causa de la muerte de Sara, sino más bien se fortalece a causa de ella.

Si Abraham no se hubiese acordado de que era un peregrino y un extranjero, su corazón hubiese quedado destrozado por la desesperación a causa de la muerte de su amada esposa. Pero Abraham eleva sus ojos por encima de esto a la luz de la ciudad más arriba. Se acuerda de que nada en esta vida se suponía que cubriese totalmente las necesidades del corazón del peregrino extranjero que pasa por ella.

Esto es lo que hace la fe en la hora del dolor. La fortaleza misma de la fe de Abraham en medio de su angustia es que él es un extranjero y forastero, un peregrino de paso hacia la única ciudad que puede satisfacer al corazón humano.

Padre, sé que la vida puede a veces golpearnos de una manera terrible. Permite que yo sea capturada por Aquel que ha dicho que yo no puedo estar nunca completamente satisfecha con lo que hay aquí, y haz que mis ojos se fijen en la luz que procede de la ciudad más allá, para que yo sea adaptada a ese lugar. Amén

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