De todos los interrogante que se nos presentan a lo largo de nuestra existencia, lo que ocurre tras la muerte sigue siendo la gran incógnita que el ser humano no consigue resolver. Loa materialistas y ateos nos dicen que no hay nada, que la vida es un proceso biológico y que cuando el cuerpo muere, nuestra personalidad muere con él, al igual que si de una batería se tratara, que al fallar, deja de generar electricidad.

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Las religiones, casi todas coinciden en lo mismo, que hay otra vida eterna, una buena para los buenos y una mala (infierno) para los malos. En la actualidad, muchos investigadores de fenómenos psíquicos opinan que hay algo que sobrevive durante cierto tiempo después de la muerte de una persona, permitiendo ser reconocido por familiares o amigos, para más tarde desintegrarse por completo.

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Los expiritístas creen en la existencia de vida después de la muerte. Afirman que los espíritus son capaces de mover los muebles. Familiares de fallecidos hablan con ellos de acontecimientos que solo ellos conocen y hasta afirman que algunos han tomado su forma anterior ante un familiar muy querido. Muchos parapsicólogos aceptan la existencia de "fantasmas" y afirman que son percepciones extrasensoriales, que es una facultad que poseen algunas mentes humanas y solo ellos pueden ver y sentir la presencia de los espíritus que llamamos "fantasmas".

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No obstante, muchos de los testimonios de personas que se han registrado, y que han ocurrido después de mucho tiempo que alguien ha muerto, han sido rechazados por identificación errónea, exageración, sueños, etc. Por desgracia, en la historia del expiritísmo, muchos fenómenos son falseados y la figura del "medium" suele ser un impostor que pretende lucrarse con la buena fe de los que creen tomar contacto con sus seres queridos.

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La existencia de vida después de la muerte, es una pregunta que la humanidad se ha hecho desde siempre, generación tras generación. Y lo cierto es que la mayoría de personas teme a la muerte, aún las más religiosas que creen en la existencia de una vida eterna. Y es que no hay una evidencia cierta de la continuación del yo después de que el cuerpo fallece. Solo los ateos más radicales pueden aceptar la muerte sin ningún temor ni miedo, pero si con la tristeza de dejar esta vida sabiendo que es el fin total de la existencia.

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