Reflexiones de la vida con la muerte de un hermano

El caos, eclipsado por un café con leche, me da la tranquilidad que necesito por unos minutos… luego el caos descubierto, el ruido, la molestia, el Sol caliente, el calor del Sol, la mosca, el suelo salitroso, el olor a comida mal hecha, el otro, el sobrante, la suciedad del plato, el noticiero, la yerba seca del mate usado, el hielo acumulado en la heladera, los políticos, los recuerdos, el ardor, el uso malo del amor, el piano desafinado, las bocinas de afuera, los bajos sueldos, la cerveza sin gas. Permanecer en un café con leche en la extensión mayor del tiempo… Observo hacia adentro, ya no logro mirar más afuera, hay ahora un velo que no deja ver nada, en cambio abro una ventana hacia adentro, y puedo ver, como si mis ojos ahora pudiesen ver hacia atrás, pero no en el tiempo, hacia atrás en el espacio, luego veo, imagino lo que quiero imaginar, quizás una noche en mi casa, con mis viejos, riendo los dos, mi hermano dando vueltas, yo mirando de lejos la secuencia, cálida, expresiva. Mis viejos se necesitaban, el uno al otro, como ahora yo necesito apagarme, como ellos necesitaron encenderse. Mi hermano en cambio nunca necesitó de nada, él iba un paso más adelantado de todos, y fue el primero en incendiarse. Ser humano, banalizar, materializar, necesitar, ignorar, eclipsar. No debo, no creo, no siento. La taza se enfría, me levanto lentamente, dejo caer mi humanidad al piso y pienso… “mi último trago”. Las pocas pastillas caen desesperadas, recuerdo, como aquella tarde cuando mi hermano tiró todas mis canicas, recuerdo mi tristeza, sólo la tristeza, ya me olvidé de su rostro, me acuerdo su ceja levantada, la mano blanca, el desorden de su habitación. La muerte es más que un hermano… mejor dicho, su muerte es más hermana que la mía, por ser primera, temprana y tosca… mi muerte es menos. Su muerte, como hecho espiritual, quizás sea todo eso, todo eso junto, el café con leche también. Quizás su muerte sea una mezcla donde todo converge, mi muerte y su muerte, lo banal y lo humano, el Sol caliente y el alma fría, la suciedad del plato, la comida rancia, el sobrante, la yerba seca y el hielo acumulado, todo es parte de todo… quizás, quién sabe, que su muerte es el espejo de la vida, su vida y mi vida, pero en el instante antes de morir se mezcla todo, se mezcla a tal punto que nos preguntamos si seguimos vivos o si ya morimos, si él murió, si yo morí, se mezcla, por un instante, un breve instante, pasa a ser más que un hermano, es “mi hermano”, el único, la muerte es “mi hermano”. Ahora entiendo, cuando yo de chico miraba el reflejo de la ventana, amaba el bullicio en casa, las visitas, el calor del invierno, el olor a sal del mar, mi vieja que cada tanto quemaba la comida, mi viejo que hablaba de los tiempos peronistas, tocando un piano absurdo sin melodías ciertas, levantarme y ver los platos sucios y el mate con yerba, todo del día anterior, porque el día anterior había sido algún cumpleaños de horas extensas, ahora entiendo, entiendo que mi muerte va a estar lejos de todo eso, todo eso junto, ahora entiendo que la muerte de todo eso es una aberración, en cambio la mía no me afecta. En orden cronológico, mi hermano se prende fuego, mis padres se prenden fuego y yo me tomo unas pastillas (canicas). Las pastillas están haciendo efecto. Luego existo, recuerdo ser el hermano de él, el que lo cuidó, el único que fue, y el que pudo haber sido. FIN

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