Llamamos funeral a la serie de ceremonias que acompañan al fallecido en su viaje al tras su muerte. Los romanos eran muy respetuosos y cuidadosos con los difuntos, lo primero era lavar y perfumar al fallecido completamente. Se vestía con los mejores ropajes y se exponía en el vestíbulo de la casa con los pies hacia la entrada. Como se hace actualmente también cubrían el cuerpo y sus alrededores de numerosas flores, esto provocaba que el olor de la descomposición disminuyera.

El velatorio era largo y el fallecido era visitado por todos sus parientes. Las mujeres lloraban y si no era así se contrataban a féminas que si lo hacían, aunque no conocieran al difunto. Las clases más bajas llevaban el cadáver al sepulcro con sus propios medios y sin demasiada pompa. Sin embargo las clases más altas, dependiendo del carácter público que tuviera el difunto, podían contratar bandas de música y pedir oraciones en los templos del foro. En general los funerales de personajes públicos eran muy exagerados y llamativos.

En la Antigua Roma el sepulcro también se convertía en algo de extrema importancia, puesto que para los romanos la vida seguía después de la muerte. El lugar en el que iban a encontrar la paz y permanecer durante un tiempo tenía que estar en buenas condiciones, si se pertenecía a una familia acomodada o de clase alta se podía disponer de un buen sepulcro grande y ostentoso donde se podría ir dando sepultura a toda la familia.

Los cementerios o necrópolis debían estar alejados de las ciudades y la profanación de tumbas estaba muy perseguido y castigado en Roma, pero aun así se practicaba la compra-venta ilegal de sepulcros.

Son conocidos por su grandeza algunos sepulcros o mausoleos que aún hoy en día se mantienen en pie y pueden visitarse. Es el caso de "La tumba de Cecilia Metella", en la via Apia y el Mausoleo de la madre de Constantino, llamado el "Mausoleo de Constantina".

muerte en la antigua Roma: funeral y sepulcro

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