Se ha hablado bastante acerca de los tiempos de inspiración entre los escritores. Que si en la mañana, tempranito a escribir; que si en la tarde es mi mejor hora; que si las primeras horas de la noche. No son pocos quienes prefieren los horarios nocturnos y desvelan sus horas de sueño para producir textos inspirados.

Sin embargo, ahora quiero hablar de otros motivos para hacerlo, más mundanos, podrían parecer a muchos, pero que determinan ciertamente los resultados de la escritura para bien. Y no me refiero a los grandes temas, ya mencioné la trivialidad aparente de estos motivos. Es decir que aquí no estamos frente a los grandes temas como pueden ser la vida, la muerte, el amor, etc. Los llamados temas eternos, cuya presencia no tiene una fecha ni siquiera una escuela determinada que los trate. Son todas las escuelas, son todos los estilos quienes tocan los temas eternos.

Como ya dije, ahora no se trata sino de los motivos mundanos. El clima, bien podría ser de entre ellos tal vez el más conocido. Que si tiempos de calor producen cierta energía para escribir estos o aquellos temas (pienso en Paradiso, de José Lezama Lima, que no pudo haber sido escrita en lugares gélidos). Es en los fríos en que hay otra disposición a la escritura (yo entre ellos) para dar rienda suelta a lo que llevamos en pensamiento. La lluvia es también un buen tiempo que ha muchos autores lleva a escribir. La lluvia nos encierra en nuestra casa y no nos permite salir físicamente, ¿qué hacer entonces? Salir anímicamente y dar a conocer a todos aquello qué pensamos en esos momentos de encierro (que no necesariamente son aburridos, como nos han querido hacer ver).

Hay otros motivos para escribir y de los que cada autor puede contarnos sobre estas manías (porque eso parecieran ser, manías, ya verán). Que alguien conoce nuestra inclinación por las letras y nos regala una encantadora libretita de pastas de colores, ¡pues vamos a escribir! Que hemos comprado un bolígrafo ex profeso para nuestra escritura, ¡pues vámonos a escribir! Que hay un reto entre amigos del que creen no podremos cumplir, ¡y allá vamos, a escribir! Lugares (el rincón de la casa), espacios (debajo de aquel árbol), con esta o aquella música.

Los motivos, o mejor dicho los motivadores, para la escritura pueden ser muy particulares y dependen del gusto de cada escritor. No interrumpamos las consideraciones particulares que cada uno tiene, no lo cuestionemos. Dejemos que cada quien continúe con esas debilidades, que al final de cuentas somos nosotros quienes saldremos ganando con sus manías y particularidades, los lectores ávidos (que, no mintamos, también guardamos nuestros secretos de lectura).

Las manías de los escritores para trabajar

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