No es fácil motivarse para ir al gimnasio con cierta asiduidad. Vas el primer día animada, el segundo día menos animada y el tercer día ya has encontrado una excusa para no ir. Al final dejas el gimnasio y te olvidas de esos kilos que querías quemar haciendo ejercicio. La pereza te ha vencido.

Reconozco que la pereza me sigue venciendo. Todos los años me propongo ir al gimnasio una vez a la semana. Todos los años dejo de ir más pronto o más tarde. Nunca he conseguido ir más de un mes seguido. Lo único que me hace ir al gimnasio de vez en cuando son los chicos que van a hacer pesas. Me fascina mirar como levantan las pesas. Muchas veces me quedo quieta en la bicicleta estática y actuó de espectadora.

Mi hija mayor dice que su madre va al teatro cuando me ve enfundar uno de mis preciosos chándales para ir al gimnasio. Se ha dado cuenta de que últimamente sólo voy al gimnasio para contemplar la fauna masculina haciendo ejercicio. Mi marido ha empezado a darse cuenta del motivo de mis visitas al gimnasio. Por eso se ha apuntado. Ahora mi marido también levanta pesas y hace abdominales. El gimnasio no me está sirviendo para ponerme más guapa, pero me sirve para enamorarme de mi marido. Se está poniendo como un toro con tantas pesas y tanto ejercicio. Motivarse para ir al gimnasio está empezando a ser más fácil para mí.

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