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Monstruos Terrestres

Si solo creía que existían los monstruos marinos, esta equivocado, durante todo este siglo y anteriores, intrépidos y osados exploradores se han internado en las mas peligrosas y desconocidas selvas, así como en las heladas cubres, donde ningún otro hombre había llegado antes, pero aparte de tener éxito en sus proezas, regresaron con increíbles relatos e imágenes de seres que los habitan, que podrían demostrar la existen extrañas criaturas terrestres antidiluvianas.

¿Existe el Yeti? ¿Es verdad que hay dinosaurios vivos? Mientras varias expediciones tratan de dar con el Mokele Mbembe (el brontosaurio africano), y en el continente americano los investigadores no pueden entender porque el famoso Pie grande a veces esta directamente relacionado con Ovnis.

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Yeti ¿Hombre, mito o monstruo?

Todo el mundo ha oído hablar del abominable hombre de las nieves o yeti del Himalaya. Pero otros seres misteriosos, ni hombres ni bestias, han sido vistos en el mundo: en América del Norte, China, Australia, Africa, la tundra de Siberia y la jungla del Amazonas. Los Hombres salvajes de los bosques son figuras habituales en el folklore de algunos piases nórdicos. En la Inglaterra medieval se les denominaba woodwoses o woodhouses y en las iglesias de East Anglia existen bajorrelieves que los representan. Aunque resulta tentadora la idea de considerar a los woodwoses como pintorescas quimeras de la imaginación rural, aun reciente oleada de informes sobre hombres-bestia de hasta de 2,40 metros de altura que han sido vistos en América del Norte hace que no sea tan fácil ignorarlos.

Los bigfoot (expresión equivalente a pies grandes) o sasquatch, según la denominación amerindia usada en la Columbia Britanica, en Canadá, aparecen últimamente con tanta frecuencia en los titulares de periódicos, que tienden a ignorarse otras observaciones similares acaecidas en partes del mundo mas lejanas o menos dadas a la publicidad. Sin embargo de vez en cuando llegan informes desde el Himalaya, considerado tradicionalmente el hogar del Yeti.

En 1974, una chica nepalesa que guardaba un rebaño de yaks a 4250 m de altitud en las montañas cercanas al Everest, fue atacada por un yeti: y en 1978 lord y lady Hunt, que habían vuelto a Nepal para conmemorar el ascenso al Everest de 1953, vieron y fotografiaron grandes huellas en la nieve alrededor de sus cabañas. Mucho se ha escrito acerca del Yeti a lo largo de los años, aunque el número de observaciones reales ha sido muy pequeño. Como contrapartida, se ha escrito muy poco sobre hombres salvajes u hombres-bestia en China; pero, por lo que se ha publicado, parece que abundan en las provincias de Hopeh y Shansi, zona montañosa y boscosa situada al norte del país.

Pan Gensheng, un jefe de comuna de 33 años, presento un informe muy espectacular en junio de 1977. El hecho ocurrió cuando Pang estaba cortando leña en las montañas de Taibai, en la provincia de Shansi: el hombre velludo se acerco a unos dos metros y medio, y después a un metro y medio de donde yo estaba. Levante el hacha, dispuesto a luchar por mi vida. Nos quedamos así, los dos nmóviles, más de una hora. Después agarré una piedra y se la tire. Le dio en el pecho. Lanzo varios aullidos y se froto el lugar del golpe con la mano izquierda. Después fue hacia la izquierda, se apoyo en un árbol y se alejo, dirigiéndose lentamente hacia el fondo del barranco. Y hacia un ruido como si mascullara algo.

El hombre media algo mas de dos metros, tenia la frente huidiza y ojos negros muy hundidos. Su mandíbula era prominente y sus dientes delanteros, anchos. La cabellera castaño oscura le llegaba hasta los hombros, y tenia la cara y cuerpo cubierto de vello corto. Sus largos brazos le llegaban hasta las rodillas y caminaba erguido, con las piernas muy separadas. El Instituto de paleoantropología y paleontología vertebrada de la Academia China de Ciencias ha investigado estos informes, pero hasta ahora no ha logrado resolver el enigma del hombre salvaje, cuyo aspecto y conducta son por cierto, muy similares a los de otros piegrandes.

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Yeti: Huellas de pies en la nieve.

También en la Unión Soviética se han realizado investigaciones; la doctora Jeanna Kofmanva, desde 1955, tras las huellas de los llamados almas en las montañas del Cáucaso. Ha recibido muchos informes de testigos oculares y ha entrevistado personalmente a unas 4000 personas. Una de ellas es Mukhamed Tomákov, capataz de una granja, que en 1946 atrapó un almas en una cabaña de montaña, en Getmish. La criatura tenía aspecto humano pero estaba cubierta de pelo y corría a cuatro patas, sosteniéndose sobre las traseras sólo cuando se de tenía.

(A veces, pero no a menudo, los piesgrandes americanos han sido vistos corriendo a cuatro patas.) Cuando la criatura entró en la choza, Tomákov echó la llave a la puerta y fue a buscar una soga. Cuando volvió la puerta estaba abierta y la cabaña vacía.

Las montañas del Pamir, en la frontera sur de la Unión Soviética, son otra guarida de los hombres salvajes, cosa lógica, ya que constituyen una prolongación del Himalaya hacia el noroeste. En el verano de 1979 una expedición soviética encontró allí huellas de 34,3 cm de largo y 16,5 cm de ancho a la altura de los de dos; pero nadie vio quién o qué las había hecho. También han sido vistos hombres-bestia en Siberia; a principios de los años 60, un caza dor que vivía cerca del río Obivio a dos de estas criaturas cuando salían del bosque, una tarde, mientras caminaba con sus perros.

Los perros huyeron aterrorizados, pero no sufrieron daños. En general, los perros temen a esos seres; en América, a los piesgrandes no les gustan los perros, y se sabe que en ocasiones los han herido o matado. El cazador siberiano observó que los hombres salvajes estaban cu biertos de pelo oscuro, tenían brazos largos y volvían los pies hacia afuera cuando andaban. Sus ojos tenían un brillo rojo oscuro (otra característica que indica un parecido con los piesgrandes). En los años 20 un chuchunaa (nombre que significa proscrito y que se da al hombre-bestia en la región de Yakutia, en Siberia oriental) vestido con pieles de ciervo fue visto por unos aldeanos recolectando fruta.

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En América también se ha visto a piesgrandes comiendo frutas, y ha habido informes ocasionales de que llevan ropas.

X, Hibagones y Yowies

En todos los continentes sigue habiendo zonas inexploradas, selvas o montañas boscosas donde raramente penetra nadie. Por supuesto, cuanto más remotas sean dichas zonas, menos probables que se produzcan encuentros inesperados con estas formas de vida desconocidas, a menos que se organicen expediciones con la intención de localizarlas. Esto explica por qué sólo tenemos datos fragmentarios de América del Sur y Africa. Pero lo que se sabe sugiere que hay mucha actividad. En 1978, Jacqueline Roumeguere-Eber hardt, del Centro Nacional de Investigaciones Científicas de París, publicó una información acerca de sus investigaciones sobre el hombre bestia africano, a quien había bautizado, sin mucha imaginación, como X. En esa época disponía de 31 relatos de observaciones en 11 selvas de Kenya, y había conseguido identificar cuatro tipos diferentes de X. Un nativo fue capturado y examinado cuidadosamente por un X antes de ser empujado en dirección a su casa.

A veces aparecen informes en zonas mucho menos prometedoras. Nuestra idea occidental de Japón como pequeña nación industrializada deja poco margen para imaginar zonas remotas y deshabitadas con una población de hombres-bestia. Sin embargo, a principios de los años 70 fueron avistados varios hibagones (como se bautizó al animal) en el monte Hiba, cerca de Hiroshima.

El labrador Albert Kubo vio a una de estas criaturas de 1,50 m de altura, ojos grandes y olor nauseabundo, en 1974, cuando estaba en sus campos de arroz. (El fuerte olor caracteriza asimismo a muchos piesgrandes norteamericanos). El enorme y poco poblado continente australiano posee también, como era de esperar, su hombre-bestia. Los aborígenes, que aparentemente conocían bien su existencia, le daban muchos nombres diferentes, pero actualmente se le llama yowie. Se ha informado de su presencia con regularidad, especialmente en Nueva Gales del Sur y Queensland, desde fines del siglo 18. El 3 de octubre de 1894, un chico llamado Johnnie McWilliams vio uno mientras cabalgaba desde su casa en Snowball hacia la estafeta de correos de Jinden, en Nueva Gales del Sur.

El hombre, que salió huyendo, medía más de 1,80 m y era de complexión fuerte. Joseph y William Webb, preparándose para acampar una noche a finales de siglo en las montañas de Brindabella, Nueva Gales del Sur, tuvieron un encuentro más espectacular con un yowie. Escucharon un profundo bramido gutural y ruidos, como si alguien se abriera paso por los matorrales. Apareció entonces una criatura hirsuta, del tamaño de un hombre; al dispararle se volvió y huyó. En América del Norte hay indicios de que las armas de fuego no sirven contra estos gigantes velludos, porque no son suficientemente potentes, o por alguna razón más extraña.

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Rex Gilroy, australiano investigador de yowies, ha reunido más de 3 000 informes de observaciones, los cuales, como sucedió en América del Norte, aumentaron durante los años 70. Un encuentro a muy poca distancia, en la que el testigo pudo observar al yowie a poco más de dos metros, fue comunicada por un empleado de los parques nacionales en Springbrook, Queensland, en marzo de 1978. El yowie, al parecer, gruñía como un cerdo, se parecía mucho a un gorila y despedía un olor in mundo.

En definitiva, tanto su apariencia como su comportamiento hacen pensar que el yowie es un primo cercano del piesgrandes norteamericano.

Tras la huella del hombre-bestia.

Cientos de observaciones en todo el subcontinente norteamericano sugieren que el fabuloso piesgrandes existe realmente. Pero, ¿cómo puede sobrevivir esta criatura primitiva en la sociedad más desarrollada del mundo? Informes fidedignos acerca de hombres-bestia en el subcontinente americano se dieron a conocer ya en 1830. Aunque para la in formación anterior a 1900 tenemos que confiar en viejas crónicas periodísticas, investigadores decididos han encontrado algunas descripciones sugerentes de bestias muy similares a las observadas en la actualidad.

En 1851, por ejemplo, un diario local publicó la historia de dos cazadores de Greene County (Arkansas) que vieron un rebaño perseguido por un animal que tenía las inconfundibles características del ser humano. Era de gigantesca estatura, su cuerpo estaba cubierto de pelo y su cabeza provista de largos rizos que tapaban casi por entero cuello y hombros. El hombre salvaje, después de mirarlos fijamente durante un momento, se volvió huyendo a gran velocidad con saltos de tres a cuatro metros. Sus huellas medían unos 33 centímetros.

El cronista añadía que se pensaba que el animal era un superviviente del sísmo que asoló la región en 1811. En casi todos estos primeros informes se consideraba a los hombres-bestia como hombres salvajes, suponiendo que eran humanos que se habían refugiado en los bosques y en cuyo cuerpo se había desarrollado un tupido manto de pelo. Pero la moderna teoría evolucionista considera esto improbable. Esta observación, que tuvo lugar en Arkansas, demuestra que las apariciones de piesgrandes no se limitan a los estados del Noroeste (norte de California, Oregón, Washington) y la Columbia Británica, donde se han producido la mayoría de ellas. Aunque en dichas regiones, con vastas zonas de montañas boscosas, se ha originado más información que en otras, piesgrandes o sus huellas han sido vistos en casi todos los estados norteamericanos y en las provincias canadienses.

Muchos informes se limitan a describir un hombre-bestia apenas entrevisto en lugares boscosos. Pero existen otros muy detallados que muestran ciertos rasgos característicos. Al parecer, los piesgrandes son tímidos y no gustan de la presencia de los humanos, aunque también tienen una vena de curiosidad y a veces se acercan por la noche a grupos que acampan en los bosques, contemplan sus pertenencias y, ocasionalmente, balancean su caravana o su coche. Esta conducta y antiguos informes sobre la destrucción de campamentos de buscadores de minerales ponen de manifiesto el deseo de ahuyentar a los intrusos. También han sido vistos merodeando cerca de casas de campo y aldeas, atraídos probablemente por la facilidad para conseguir comida.

Pero, pese a su aspecto terrible y a la conducta provocadora de sus descubridores (cuya reacción es, con frecuencia, disparar primero y preguntar después), los piesgrandes no son agresivos con los humanos, existiendo muy pocas noticias de que hayan causado daños. A medida que avanza el siglo xx y crece el número de personas que conocen la existencia de los piesgrandes, las noticias sobre observaciones antiguas y recientes van en aumento, y en los años sesenta se dispone ya de un vasto archivo de informes. Aunque es obvio que esto se debía en parte a la mayor publicidad, ¿significaba también que los piesgrandes eran vistos con mayor frecuencia? Como, a causa del avance de la civilización, su hábitat debe ir reduciéndose gradualmente, es lógico suponer que su número disminuye.

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Quizá sea esta presión sobre su entorno lo que los fuerza a visitar lugares habitados en busca de alimentos, lo que explicaría a su vez el aumento de las observaciones. El Bigfoot casebook (Registro de piesgrandes) contiene unas 1000 observaciones de los últimos 150 años, y no es una colección completa. Según las estimaciones, sólo se comunica una de cada diez observaciones, o sea que pueden haber sido unas 10000 durante dicho periodo. Existen también numerosas noticias sobre grandes huellas de aspecto humano que han aparecido por lo general en el barro, la nieve o la arena, y que se supone que son de un piesgrandes.

Algunas veces, los investigadores que estudian los informes han hallado también pelo o heces que podrían pertenecer a un piesgrandes, pero los análisis que se han hecho de estas sustancias no suelen ser concluyentes. Una selección de algunas informaciones correspondientes al presente siglo nos dará una imagen clara del piesgrandes y de su conducta. En 1969 Albert M. Fletcher escribió acerca de un encuentro que tuvo 50 años antes, cuando era leñador en Washington. En otoño de 1917, cuando tenía 17 años, trabajaba como leñador en un campamento junto al río Cowlitz, en el estado de Washington. Una noche de luna iba caminando por una senda en dirección a un baile, cuando tuve la incómoda sensación de que algo me seguía de cerca. Miré varias veces por encima del hombro, pero no vi nada.

Cuando llegué a una curva del camino, me escondí detrás de un árbol y esperé para ver de qué se trataba. Casi en seguida apareció una criatura muy grande y de aspecto humano, que debía medir unos dos metros o algo más. Caminaba sobre las patas traseras, estaba cubierta de pelo oscuro, tenía barba y un pecho amplio, y, por lo que pude ver, no llevaba ningún tipo de ropa. Sin salir de mi asombro, grité alarmado y la criatura se volvió instantáneamente y se alejó corriendo por el bosque, siempre sobre las patas traseras. Cuando se lo conté a mis compañeros, algunos se rieron, pero otros aseguraron que habían visto lo mismo.

Nadie tenía una explicación, ni un nombre, pero todos estaban de acuerdo en que era algo grande, con aspecto de mono, y también en que se parecía a un hombre muy fornido.

Secuestro, Video y Leyendas.

Un informe, de 1924, relata algo que, de ser cierto, constituye el encuentro más espectacular con un piesgrandes entre los que se hallan registrados. Albert Ostman afirma haber sido secuestrado por un piesgrandes, que lo mantuvo cautivo varios días antes de que lograra escapar. El secuestro tuvo lugar cerca de loba Inlet, en la Columbia Británica, en cuyas montañas acampaba en busca de minerales. Una noche un piesgrandes de unos 2,40 m lo cogió en su saco de dormir y lo llevó por el campo durante lo que al incómodo y asustado Ostman le parecieron tres horas.

Aún estaba oscuro cuando llegaron a su destino, pero al amanecer Ostman pudo comprobar que había cuatro piesgrandes, un macho y una hembra adultos y un macho y una hembra infantiles. Durante su cautividad, Ostman pudo estudiar la forma de vida de la familia y pensar en el modo de huir. Pero todos sus intentos fueron frustrados por el viejo, como lo llamaba él. Ostman tenía su rifle, pero se resistía a hacer daño a las criaturas, pues lo trataban bien. Finalmente pudo escapar dando al viejo una gran cantidad de rapé, que lo dejó incapacitado. Mientras el piesgrandes corría a buscar agua, Ostman cogió sus cosas y salió huyendo a toda velocidad. Los encuentros en los que el testigo puede observar largamente y de cerca a la criatura son los más interesantes. Un observador tranquilo puede aportar mucho a nuestro conocimiento sobre la materia.

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Uno de los mejores informes de este tipo fue elaborado por William Roe, que vio a un piesgrandes en la montaña Mica, en la Columbia Británica, en octubre de 1955. Roe estaba oculto en un matorral, de modo que el piesgrandes (una hembra de 1,80 m de altura, 1 m de ancho y unos 135 kg de peso) se acercó sin percatarse de que era observado. Cuando estaba a unos seis metros de distancia, se puso en cuclillas junto al matorral en que se escondía Roe, quien más tarde escribió una cuidadosa descripción de la cabeza, la cara y el pelo del piesgrandes, y de la forma en que andaba. Por un momento se preguntó si no se habría metido sin darse cuenta en un set y estaba contemplando a un actor maquillado, pero pronto descartó esta idea. Su informe continúa así: Finalmente, esa cosa debió percibir mi olor, porque me miró directamente a través de un claro en el matorral. Una expresión de asombro pasó por su cara.

Me pareció tan cómica que sonrei. Siempre en cuclillas, retrocedió tres o cuatro pasos, después se irguió por completo y marchó velozmente por donde había venido. Me miró un instante por encima del hombro, pero no con temor, sino como si no quisiera entrar en contacto con algo extraño. Roe consideró la posibilidad de disparar a lo que hubiese resultado un ejemplar único y hasta levantó su rifle. Pero no pudo hacerlo. Aunque en un principio lo había considerado un animal, en aquel momento sentí que se trataba de un ser humano, y supe que si disparaba nunca me lo perdonaría.

¿Humano o Animal?

Los testigos no están seguros, y los investigadores tampoco. Si tuviéramos un cadáver para examinarlo, claman. Pero los que consideran que lo importan te es matar un piesgrandes para probar su existencia de una vez para siempre, se encuentran con la oposición de quienes piensan que hay que dejar en paz a la criatura. ¿Qué derecho tiene el hombre a cometer un asesinato para satisfacer su curiosidad? Algunos informes sugieren que alguien con la suficiente paciencia y calma podría incluso hacerse amigo de un piesgrandes.

En el otoño de 1966, una pareja que vivía cerca de Lower Bank, en Nueva Jersey, encontró huellas de 43 cm de longitud cerca de su casa, y más tarde vieron una cara que asomaba por una ventana situada a más de dos metros de altura. Durante algún tiempo fueron dejando con regularidad restos de verduras, que el piesgrandes consumía, pero una noche en que se olvidó, el visitante demostró su irritación arrojando un cubo de basura contra la pared. Un tiro al aire no lo asustó, y el hombre disparó al cuerpo del piesgrandes, que huyó para no volver más.

Video Polémico

Nueve metros de vacilante película en color de 16 mm conmovieron al mundillo de los buscadores de piesgrandes en 1967. Los interrogantes que planteaba la cinta aún no han sido desvelados a satisfacción de todos. Detrás de la cámara se hallaba Roger Patterson, que en octubre de ese año cabalgaba con Bob Gimlin por los remotos bosques de la región de Bluff Creek, en el norte de California, en busca de rastros de piesgrandes. Sus caballos retroce dieron atemorizados cuando se hallaron de improviso frente a un piesgrandes hembra, en cuclillas junto a un arroyo. Patterson desmontó de un salto, cogió su cámara y echó a correr tras la figura que se alejaba.

Antes de perderse de vista entre los árboles, el piesgrandes se volvió para mirar a los hombres. El famoso fragmento de película ha sido analizado numerosas veces desde 1967, pero aunque nadie haya podido probar que sea una falsificación, los hombres de ciencia se muestran escépticos sobre el particular. Esto puede deberse a cautela natural, o al curioso argumento de que los piesgrandes no pueden existir; por lo tanto, no existen.

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Entretanto, la criatura continúa apareciendo con regularidad en América del Norte, alarmando, aunque sin hacer daño, a los testigos, que invariablemente son cogidos por sorpresa, e intrigando a todos aquellos que meditan acerca de su existencia.

Noneli de las Nieves

Si bien existen testimonios de hombres-bestia localizados en América y en Asia, faltan sin embargo noticias de ellos por lo que a los países europeos se refiere. La razón de la ausencia de hombres-bestia en Europa es fácil de adivinar: este continente fue civilizado mucho antes que los otros, y apenas quedan en él lugares vírgenes o inexplorados. De todos modos, durante el siglo pasado tuvieron lugar en el Pirineo catalán varios avistamientos de una extraña criatura de rasgos similares a los hombres-bestia que hemos estudiado. Desgraciadamente, no hay ninguna constancia científica de estos avistamientos y todo lo que sabemos del que posteriormente sería llamado hombre de las nieves de los Pirineos nos ha llegado a través de leyendas y tradiciones.

Según algunas de estas leyendas, muchas de las cuales circulan aún en el Ripollés y en la Cerdeña, este hombre-bestia europeo debió ser enormemente alto, blanco como la nieve y de perfil poco definido. Lo que en su momento pudo ser un avista miento real y concreto, se convirtió en la mentalidad popular, que ha de encontrar una explicación para todo aunque ésta sea aún más in creíble que la historia en sí, en una leyenda. Según ésta, antaño vivió en la comarca ripollesa un joven y apuesto mozo apellidado Nonelí, dotado de una belleza inigualable que era el encanto de cuantas doncellas lo trataban.

Este mozo fue enamorando y dando consecutiva mente su palabra formal de matrimonio a siete doncellas, incumpliéndola siempre. Todas ellas murieron, una por una, de dolor y de pena. Pero un día Nonelí conoció a otra muchacha, más bella que las anteriores, que lo enamoró locamente. La chica se reía de Nonelí y le rehuía. En cierta ocasión el joven quiso seguirla, movido por la pasión, pero la extraña muchacha caminaba con más rapidez. Desesperado al no poder alcanzarla, Nonelí maldijo su mala suerte y en un rapto de ira se maldijo a sí mismo, deseando volverse perro para correr más ligero. El frustrado mozo se convirtió entonces en un mastín grueso y fornido como un gigante, cubierto de una larga y frondosa pelambrera blanca como la nieve.

Según la leyenda, el monstruo Nonelí aparece cada año con las primeras nieves, viajando sin rumbo ni orientación, aullando desesperadamente, y la gente huye de él pues su vista es de muy mal agúero. No tenemos noticias de que haya sido visto en el presente siglo, pero algunos abuelos que aún se deleitan explicando la leyenda afirman haber oído hablar en su juventud de gente que había visto al Noneil de la Neu (Nonelí de las Nieves), que vivía en las altas cumbres, iba completamente desnudo y cubierto de vello espeso y blanco. Quizá su dura penitencia no haya terminado todavía. ¿Son los Hombres-bestia de este mundo o dimensión?

Al parecer, algunos hombres-bestia no pueden ser atravesados por las balas, mientras se dice que otros pueden desaparecer a voluntad.

¿Quiénes son estas extrañas y aterradoras criaturas?

 El enigma de los piesgrandes es de difícil resolución. No se trata simplemente de discernir si la criatura existe o no, y si es humana o irracional. Los informes más recientes contribuyen a complicar el problema. Al parecer, la altura media de los piesgrandes está comprendida entre 1,80 y 2,10 m, aun que han sido vistos especímenes mucho más pequeños, que podrían ser crías o individuos jóvenes. Otras veces, sin embargo, se reciben informes acerca de ejemplares mucho más altos. En agosto de 1977, un sargento de la USAF y dos amigos suyos vieron un ejemplar de 4,50 m mientras acampaban en el Belt Creek Canyon, en Montana.

Dispararon contra la bestia, pero al ver que ésta comenzaba a correr hacia ellos, pusieron pies en polvorosa y escaparon en sus coches. Sin embargo, este tipo de informes sobre visiones fugaces no deben tomarse al pie de la letra, pues las tensiones hacen que las apreciaciones del tamaño, por ejemplo resulten a menudo erróneas. Al parecer, algunos piesgrandes despiden un olor nauseabundo. Con ocasión de una serie de apariciones que tuvieron lugar en los alrededores de Little Fagle, en Dakota del Sur, en el otoño de 1977, un testigo declaró: Era como el hedor de una persona muerta desde ha cía tiempo. Permaneció en el aire durante unos 10 o 15 minutos. Sin embargo, no todos los pies grandes huelen mal. Se ha sugerido que pueden despedir hedor a voluntad, quizá para asegurarse de que la gente permanezca a distancia.

Otra característica curiosa es que algunas de estas criaturas tienen ojos excepcionalmente grandes y brillantes, por lo común de color rojo, y a veces amarillos o verdes. También las huellas son desconcertantes. Por lo general presentan cinco dedos y se asemejan a grandes pies humanos. Otras veces, sin embargo, muestran dos, tres, cuatro o seis dedos. Quizás esta anomalía se derive del trabajo de investigadores muy celosos que han intentado interpretar huellas poco definidas. Un número significativo de informes, muchos de ellos realizados por expertos cazadores, reflejan un extraño fenómeno: aparentemente, algunos piesgrandes no resultan afecta dos por los proyectiles.

En principio, las explicaciones posibles son tres: o los rifles utilizados no eran lo suficientemente potentes o los testigos no apuntaron bien debido a la excitación (a pesar de que algunos disparos fueron efectuados a muy corta distancia), o bien los piesgrandes no son criaturas de carne y hueso. Aunque la teoría de que los piesgrandes no son criaturas de carne y hueso parece increíble, hay, sin embargo, testimonio de evidencias aún más extraordinarias que la apoyan: la afirmación de que algunos piesgrandes son capaces en apariencia de desaparecer o volatilizarse. Una mujer de Pennsylvania que se encontró frente a uno en el umbral de su casa una noche de febrero de 1974, disparó contra él desde una distancia de 1,80 m, quedándose muy sorprendida al verlo desaparecer envuelto en un resplandor de luz.

Otros testigos oculares han apreciado indicios de insustancialidad en los piesgrandes que han visto. En el caso de Pennsylvania, el yerno de la testigo, que acudió en su ayuda al oír el disparo, vio otros piesgrandes en los linderos de los bosques próximos. También observó una brillante luz, roja e intermitente, como flotando sobre el bosque. En otros muchos casos se ha detectado la presencia de Ovnis y piesgrandes en la misma zona y en el mismo momento. ¿Simple coincidencia? ¿O forman parte del mismo fenómeno?

Otro extraño caso en que también intervino un Ovni ocurrió en una granja cerca de Greensburg, en Pennsylvania, la tarde del 25 de octubre de 1973. Al ver aterrizar en el campo una gran bola luminosa de color rojo, el hijo del granjero, Stephen, de 22 años, se acercó para investigar acompañado de dos niños de 10 años, observando desde muy cerca el brillante objeto casi a ras del suelo.

También pudieron ver junto a la bola dos grandes criaturas, con apariencia de simio, de brillantes ojos verdes y largo pelo negro. Cuando las criaturas se acercaron, Stephen disparó contra sus cabezas, pero siguieron avanzando hacia los chicos. Entonces disparó tres veces contra la mayor de ellas, que levantó su mano. A continuación el Ovni desapareció y los piesgrandes se adentraron lentamente en el bosque más próximo. Cuando se solicitó la colaboración de unos investigadores, éstos, a pesar de que no vieron ni a los piesgrandes ni al OVNI, encontraron una zona pelada en el lugar en que había estado el objeto. Stephen entró en trance. Los cazadores de piesgrandes, que consideran que la labor de su vida es convencer al mundo de la existencia de estas criaturas, tienen una gran tarea por delante, pues, a pesar de la gran cantidad de datos que se poseen, pocos científicos o antropólogos profesionales prestarán atención a su trabajo.

Es indudable que si se consiguiese un cuerpo de piesgrandes el caso seria incontrovertible. En consecuencia, hay una especie de rivalidad (incluso hostilidad manifiesta) entre estos cazadores, que luchan por la primacía en capturar o matar uno de ellos. Hasta ahora ninguno ha tenido éxito. En 1917 el geólogo suizo Franois de Loys mató a un extraño ser de 1,50 m en la frontera entre Colombia y Venezuela, pero el zoólogo Bernard Heuvelmans cree que se trataba de un tipo desconocido de mono-araña. De los muchos informes procedentes de la URSS, el más reciente hace referencia a un hombre-bestia capturado y posteriormente muerto en las montañas próximas a Buinaksk, en el Daguestán.

Un miembro del ejército ruso, el coronel Karapetyan, vio a la criatura cuando todavía estaba viva, y posteriormente dio una descripción muy detallada. En diciembre de 1968, una noticia proceden te de Minnesota informaba acerca de un cuerpo de piesgrandes hallado en un bloque de hielo. El doctor Heuvelmans y el biólogo Ivan T. Sanderson, que ograron examinarlo, se convencieron de que el hielo contenía el cuerpo congelado de un tipo de homínido desconocido. Sin embargo, y por varias y complejas razones, nunca pudo disponerse del cuerpo para someterlo a un examen adecuado. Se cree que estas criaturas conocen perfecta mente el terreno en que habitan, de modo que pueden moverse mucho más rápidamente que un hombre y permanecer ocultas a voluntad.

Así pues, las probabilidades de que un cazador capture o mate una de ellas son muy remotas. La mayoría de las veces, lo único que puede hacer es entrevistar a los que la hayan visto, examinar las huellas y coleccionar recortes de periódicos. Este trabajo, desarrollado por aficionados entusiastas a lo largo del subcontinente norteamericano, ha cristalizado en una acumulación de datos y de teorías acerca de la naturaleza de los piesgrandes y de todos los hombres-bestia. Sin embargo, sin buenas fotografías, sin un cuerpo, sin un esqueleto, sin ni siquiera un solo hueso, lo único que los científicos pueden hacer especular.

De lo único que estamos seguros es que se han encontrado numerosas huellas, enormes y de apariencia humana, en zonas remotas y no es probable que todas sean falsas, y de que en América del Norte más de mil personas dicen haber visto grandes y peludos hombres-bestia. Las diversas teorías propuestas para explicar estos hechos son igualmente válidas para todos los hombres-bestia. Por otro lado, existe también la opinión de que los informes sobre hombres-bestia son falsos en su totalidad, cosa que parece improbable. Otra opinión es que en condiciones de es casa visibilidad los observadores pueden con fundirlos con animales conocidos. Esta explicación podría ser válida para algunos casos, pero no para todos ellos. Otro punto de vista es que se trata simplemente de casos de alucinación. Ciertas personas tienen alucinaciones y creen ver cosas que de hecho no existen.

¿No podría tratarse de casos similares? Sin embargo, esta teoría no explica el porqué de las huellas, que sí son reales. Un punto de vista más aceptable es el de que los hombres-bestia son un tipo de mono gigante o quizás una forma primitiva de un mono parecido al hombre, el Giganbopithecus. Esto es posible, e incluso probable, en ciertas partes del mundo. Otra posibilidad es que los hombres-bestia sean realmente hombres, sobrevivientes prehistóricos. Se ha dicho también que los hombres-bestia son un tipo de fenómeno paranormal, que pueden convertirse en un ser cuando disponen de un cierto tipo de energía (eléctrica, nuclear, física, etc.).

Otra posibilidad aún más remota es que los hombres-bestia provengan de los Ovnis por motivos todavía desconocidos. Contra esto se ha señalado que si tanto los Ovnis como los hombres-bestia son fenómenos paranormales, es probable que hayan sido creados de la misma manera, lo que podría explicar por qué a veces aparecen próximos en el tiempo y en el espacio. Finalmente, los hombres-bestia podrían ser hologramas, imágenes tridimensionales proyectadas desde el espacio por una inteligencia desconocida. Si esto es así, ¿quién lo hace y por qué?

Los investigadores no están de acuerdo en la interpretación de los datos, y quizá ninguna explicación pueda por sí sola justificar todas las observaciones relatadas. Lo más probable es que la expresión hombres-bestia englobe una amplia variedad de fenómenos que, por motivos desconocidos, se nos aparecen (o así lo creemos nosotros) bajo formas muy similares. En cualquier caso, el fenómeno de los hombres-bestia requiere una investigación mucho más profunda.

A la caza de Nessie.

Desde los años 30 se ha intentado localizar al monstruo del lago Ness por procedimientos científicos. La empresa se ve dificultada por la mala visibilidad del lago, pero aun así los archivos están repletos de supuestas pruebas. ¿Cuantas son genuinas?

Cuando el comandante Gould investigó por primera vez las observaciones sobre el monstruo del lago Ness, en 1933, debía limitarse a valorar exclusivamente las declaraciones de los testigos. Aunque recomendó el uso de la fotografía para una investigación más activa del fenómeno, Gould se dio cuenta de que sería imposible lograr una identificación positiva únicamente por este método. El primer intento activo de lograr pruebas sólidas tuvo lugar en el mismo año 1933. Se contrató a un cazador de caza mayor y a un fotógrafo; los dos se dedicaron a explorar la costa y pronto se vieron recompensados por una pista, fabricada con una pata de hipopótamo disecada.

Esta espléndida broma se convirtió en precedente, tanto de los bromistas del lago Ness como de la comprensible tradición de prudencia científica con respecto al mismo. Desde entonces quedó acuñada la imagen típica y un tanto ridícula del cazador ortodoxo del monstruo: paciente y optimista, aguarda bajo la lluvia, con cámara y prismáticos, esperando el caprichoso afloramiento de Nessie. Las numerosas y repetidas observaciones realizadas en el lago Ness sugieren la existencia de una población de animales grandes en sus aguas. Esto, y algunos descubrimientos científicos inexplicables, particularmente los realizados gracias al sonar, son todo lo que tenemos en la actualidad.

El comportamiento del monstruo en la superficie es tan poco característico que no se pueden establecer pautas. Se dan más observaciones en los meses de verano, y se localizan particularmente en la desembocadura de los ríos. Pero las condiciones climáticas y la mayor afluencia de turistas deben ser tomadas en consideración. Además de las observaciones de los testigos, están las fotos que registran las apariciones. Aunque la imagen fotográfica parezca irrefutable y se considere que presenta pruebas concretas que pueden evaluarse de forma independiente, las limitaciones de las lentes hacen muy difícil esa valoración. Las cámaras corrientes son más imprecisas que el ojo desnudo y, desgraciadamente, resulta muy fácil manipular los negativos. La imagen usual de un objeto en el lago consiste en una imagen oscura contra un fondo claro.

Esto facilita muchísimo la falsificación del negativo, ya que basta con dibujar una silueta en el negativo o en la copia y después fotografiar el resultado, produciendo así un negativo original. Una de las maneras más fáciles y frecuentes de falsificar fotos consiste en fotografiar objetos corrientes fuera de con texto: esto abarca desde el simple truco de un par de neumáticos con una piedra arrojada al agua para alterar la superficie, hasta monigotes de gran complejidad. A veces aparecen fotografías que tienen un interés real. Las que fueron tomadas desde 1933 hasta hoy pueden dividirse en dos grupos: las malas que bien podrían ser genuinas y las buenas que probablemente no lo son.

Nessie Filmado

En 1962 se organizó el Buró de Investigación del lago Ness, destinado en primer término a centralizar la información, y en segundo lugar a promover la investigación activa. Alentado, quizá, por algunas de las fotos más populares del monstruo, el Buró inició un programa de vigilancia fotográfica intenso, prolongado y sistemático. A lo largo de los 10 años siguientes se rodaron varias películas, interesantes pero no espectaculares. En 1968 el Buró ya había comprendido que aunque se rodara una película con éxito, difícilmente se conseguiría la identificación del animal. Sin embargo, al ser las películas más difíciles de falsificar que las fotografías, proporcionan datos más valiosos. Dos de las secuencias cinematográficas tienen un valor excepcional.

La primera fue filmada el 23 de abril de 1960 por Tim Dinsdale, desde la desembocadura del río Foyers a un tercio de la distancia según se sube desde Fort Augustus. Muestra una giba que se mueve lentamente alejándose del punto de filmación, después gana velocidad cuando cruza el campo visual, y se sumerge. La película fue presentada a la citada organización; en términos muy amplios, los analistas llegaron a la conclusión de que el objeto era probablemente viviente, tenía más de 1,50 m de ancho, se movía por el agua a una velocidad de unos 16 km./h, y parecía sumergirse. La segunda película, filmada por Richard Raynor durante una expedición al lago Ness, en la mañana del 13 de junio de 1967, resulta excepcional por su calidad técnica.

Tomada desde la orilla opuesta a Dores, en el extremo norte del lago, muestra una estela en cuyo extremo aparece de vez en cuando un objeto sólido, que se sumerge cuando una barca entra en el campo visual. Raynor está dispuesto admitir la posibilidad de que el animal fuera una nutria (el objeto era, sin duda, viviente); los investigadores estimaron que la parte que aparece en la superficie podría tener 2 m de longitud; una nutria de este tamaño sería excepcional.

Las Fotografías Submarinas

La fotografía submarina comenzó a utilizarse como sistema de investigación en 1970. Sus posibilidades son en teoría enormes, ya que debería permitir la obtención de un perfil completo; en la práctica, sin embargo, el agua turbia y las limitaciones de los equipos normales de submarinismo reducen drásticamente su alcance y dificultan su interpretación. Las más interesantes son dos fotos, intensificadas por computadora, de un objeto parecido a una aleta, tomadas en 1972 por el doctor Robert Rines de la Academia de Ciencias Aplicadas de Boston (Estados Unidos) con una cámara con disparador automático y dotada de flash estroboscópico. Sean las que sean las discusiones sobre esta foto, si el objeto es una aleta no se parece a la de ninguno de los animales que habitan en el lago. Rines tomó otras fotografías en 1975. Se ha sugerido que dos de ellas son de objetos animados.

Algunos sostienen que uno de los objetos, al que se ha llamado la cabeza, es suficientemente simétrico como para sugerir una criatura viviente, dotada de cuernos que usada para respirar sin crear ondas. Desgraciadamente, lo desmiente el hecho de que dos tercios de las imágenes fotografiadas en el mismo período de 24 horas y en las mismas condiciones son totalmente inanimadas. Dada la forma de la cámara y la luz estroboscópica que llevaba sujeta arriba, pudo haberse inclinado hacia arriba o hacia abajo, si tocó el fondo. Pero sin duda, los datos más importantes son los proporcionados por el explorador de ecos y por el sonar.

Desarrollado durante la segunda guerra mundial para detectar la presencia de submarinos, el sonar es el único instrumento efectivo para ver debajo del agua, particularmente cuando el agua es turbia. En 1960 se había perfeccionado hasta tal punto que se usaba comercialmente para la pesca... y en la investigación del lago Ness. El sonar viene a ser el equivalente submarino del radar, con la diferencia de que transmite sonidos en vez de ondas de radio. Esos sonidos producen ecos cuando golpean cualquier objeto cuya densidad es mayor o menor que la del agua. Cuanto mayor sea la diferencia de densidad, más fuerte es el eco; de modo que no sólo registra los objetos sólidos, como el fondo, sino también volúmenes de aire.

Esto permite al sonar descubrir la presencia de peces y animales. Los tejidos vivientes tienen una densidad muy parecida a la del agua, de modo que casi no producen ecos, pero la mayor parte de los vertebrados acuáticos poseen cavidades de aire: los peces tienen vejigas natatorias y los mamíferos y reptiles, pulmones. Ya en 1964, una expedición combinada de Oxford y Cambridge logró obtener señales que consideré más fuertes que las producidas por los salmones. Tres barcos, equipados con sondas de sonido de 28 kilohertzios, se desplazaban simultáneamente por el lago, en un intento de detectar el paso de la criatura si se deslizaba por debajo de ellos, y de empujarla, llegado el caso, hacia una orilla.

El intento fracasó, pues como señaló el grupo, no era posible obtener ecos de criaturas que estuvieran cerca de la superficie, en los lados o en el fondo. Estos problemas siguen planteándose. En 1968 un grupo llevó al lago un sonar digital de investigación sectorial (50 kHz), fue instalado en la orilla, con el haz proyectado hacia la bahía de Urquhart, y vigiló automáticamente la zona durante 150 horas. El 28 de agosto registró la presencia de un objeto que se elevaba desde el fondo a una velocidad de unos 12 km/h. También registré otro objeto que se desplazaba a 25 km/h. Estas velocidades sugerían seres vivientes, y es improbable que se tratara de bancos de peces. El primer trabajo con un sonar de exploración se llevó a cabo en 1969. Un Scanner Honeywell 11(100 kHz) fue montado en un barco que recorría el lago de forma sistemática.

El contacto más interesante se realizó el 10 de octubre, a una profundidad de 70 a 160 metros, y fue seguido durante tres minutos. También en 1969 se probó en el lago el sumergible Pisces, de Vickers Oceanics, así como un pequeño submarino privado, el Viperfish, construido por el norteamericano Dan Taylor. Este último tenía la intención de disparar dardos para extraer muestras de los tejidos del monstruo, una vez éste por radar. Desgraciadamente, este submarino no estaba equipado para navegar en aguas turbias. En el lago Morar se intentó acabar con este estancamiento: gracias a las observaciones efectuadas allí en 1970-72, se originó una leyenda de monstruos similar. La gran ventaja que presenta este lago es que sus aguas son muy claras.

En 1974, las expediciones comenzaron a utilizar vehículos tripulados de observación submarina: los observadores ocupaban por turnos una cabina de observación su mergible (Machan) dotada de una cámara con gran angular, que descansaba pasivamente en el lecho del lago. Además de esta vigilancia se utilizó la televisión subacuática. Resultaría muy interesante poder filmar los movimientos: los peces y reptiles, por ejemplo, ondulan horizontalmente; los mamíferos, verticalmente. Las expediciones al lago Morar nunca tuvieron la exclusiva finalidad de probar la existencia de un monstruo; querían identificarlo, de modo que las técnicas subacuáticas se consideraron valiosas sólo si podían proporcionar un perfil completo de la criatura.

Para resolver las ambiguedades del sonar, el paso lógico era combinarlo con la fotografia submarina. La expedición de 1976 calibró las posibilidades de usar delfines amaestrados para acercarse a un contacto de sonar y fotografiarlo. Desgraciadamente surge el problema de que los delfines no se adaptan al agua dulce. Además, existían otros inconvenientes: el transporte de delfines era peligroso, alimentarles resultaba complicado, las bajas temperaturas del lago Ness, especialmente por debajo de la termoclina, no eran adecuadas para los del fines… y, finalmente, los delfines son lo bastante inteligentes como para negarse a trabajar en circunstancias tan poco cómodas. De ahí que se abandonara este proyecto.

En la actualidad, la búsqueda de restos orgánicos hasta los 300 metros de profundidad constituye uno de los principales objetivos de las expediciones llevadas a cabo por buceadores y trabajos de dragado. Las dificultades de estas operaciones, de momento, son considerables, pero este sistema, si se utiliza metódicamente, será decisivo, en uno u otro sentido. Si durante los últimos 6000 años hubo animales grandes en el lago Ness, ahora tiene que haber animales muertos en él. Ahora que se dispone de medios adecuados, se ha sugerido que los investigadores deberían proseguir su tarea sin criticar al establishment científico por su supuesta inercia.

Si tenemos fe en la naturaleza humana, el mero volumen de testimonios acerca del lago Ness justifica la búsqueda. Pero las pruebas serias sólo pueden ser confirmadas por medios que están disponibles desde hace poco tiempo. Los cazadores de monstruos deberán tener algo más de paciencia. Mientras tanto, estos cazadores deben facilitar sus conocimientos a otros hombres de ciencia que trabajan en campos menos controvertidos de la biología de agua dulce, para saber más sobre las profundidades desconocidas de los lagos escoceses como posible hábitat de monstruos. La exploración plena de nuestro mundo perdido.

Nessie: ¿Reptil, Mamífero o Pez?

Las leyendas locales hablan desde siempre de criaturas misteriosas que viven en las profundidades del Lago Ness. ¿Que clase de ser puede sobrevivir en esas aguas frías y estériles? ¿Será un mamífero, un reptil o un anfibio? Y... ¿Que aspecto tiene?

El mundo cuenta cada vez con menos regiones inexploradas, regiones hostiles o inaccesibles: selvas, cordilleras, islas remotas o fondos de mares y lagos. Pero en esos lugares todavía es posible encontrar criaturas desconocidas. Aunque los escépticos descartan en principio las historias locales, el folklore y las leyendas que suelen rodear a estas criaturas, éstas sólo pueden ser consideradas verdaderas o falsas después de cuidadosas investigaciones y documentación. En algunos casos esto se ha realizado con éxito y los monstruos han sido identificados como genuinas criaturas vivientes: un monstruoso antílope con cabeza de jirafa y grupa de cebra resultó ser el okapi. Situado en el Gran Glen, el lago Ness tiene una profundidad máxima de 300 metros, y 35 kilómetros de longitud. Debido a los depósitos de turba, en el agua la visibilidad es muy deficiente. Los lagos escoceses están, en cuanto a su origen, emparentados con los fiordos de Escandinavia e Irlanda.

Los glaciares excavaron los valles ya existentes, incluyendo la falla del Gran Glen, hasta hace unos 10000 años, cuando el hielo se retiró por última vez. Durante algún tiempo, algunos de los lagos estuvieron comunicados con el mar, cuyo nivel se había elevado debido al hielo que se había fundido. Después, al desaparecer el peso del hielo, la superficie del lago Ness quedó a unos 16 metros por encima del nivel del mar. La conexión entre estas aguas y el mar sugiere recordar algunas historias de monstruos marinos paralelas: desde que la proa de las naves vikingas llevaba el Dragón del Mar como mascarón, el folklore escandinavo y céltico ha estado lleno de referencias a una criatura de cuello largo con una giba en el lomo.

El obispo de Bergen, Erik Pontoppidan, en su Historia natural de Noruega (1752), hacía referencia al gran kraken, tema de mitologías e historias de pescadores; otra de las criaturas míticas era el Sor-Orm, criatura parecida a una serpiente pero con ondulaciones verticales. En Escandinavia muchos lagos tienen una tradición de criaturas que aparecen ocasionalmente en la superficie; entre ellos figuran el lago Suldal y el lago Storsjo, donde todavía se pueden ver dispositivos hechos en el siglo XIX para atrapar al animal. Existen tradiciones similares en el lago Okanagan de América del Norte, en el Lagerflot de Islandia y en los lagos de Connemara en Irlanda, que están habitados por el pooka, kelpie o eachuisge, caballo de agua en gaélico. El kelpie y el caballo de agua aparecen en el folklore de los Highlands escoceses.

Es curioso que el primer testimonio escrito sobre un monstruo acuático en el río Ness relata un incidente acaecido en el año 565, que aparece en la Vida de Santa Columba de san Adamán. Ese tipo de aparición era considerado y en alguna medida sigue siendo así, como de mal agüero, e inspiraba reticencia. Siempre hubo informes sobre el lago Ness. Personas que viven allí recuerdan que en su infancia se les decía que no se bañaran en el lago, por temor al kelpie. Pero en realidad, el lago comenzó a llamar la atención después de 1933; ese año se construyó un camino en la ladera norte y se cortaron árboles y matorrales para obtener una vista mejor. Aumentaron los visitantes, y también las observaciones del monstruo.

La primera que obtuvo amplia publicidad tuvo lugar el 14 de abril de 1933 y apareció en el Inverness Caurier: según los testigos, el señor y la señora Mackay, la criatura, parecida a una ballena, se exhibió durante un minuto entero. Esta observación fue seguida de otras... y pronto el lago Ness causó sensación en todo el mundo. A esas alturas, la biología, la paleontología y la zoología ya estaban lo bastante maduras como para plantearse sistemáticamente la naturaleza de la criatura. Para ello había que contestar a muchas preguntas: por ejemplo, ¿cuándo llegó allí? ¿Cómo sobrevive? Y, lo que es más importante, ¿qué es?

No se puede decir que el lago Ness sea un cul-de-sac de la evolución, ya que cualquier animal que viva en el lago tiene que haber llegado allí después de la retirada del hielo, hace 10 000 años, procedente de otra zona de agua dulce o del mar. Todas las especies de gran tamaño que viven actualmente en el lago pueden migrar por el río. Los peces son, sobre todo, salmónidos, salmones, trucha de mar, trucha de río y anguilas que pasan la mayor parte de su vida adulta en agua dulce. La explicación más probable de la presencia de una especie desconocida es que llegó también desde el mar por el río Ness. Como hábitat, el lago se caracteriza no sólo por su gran tamaño sino por su estabilidad. La mayor parte del agua que contiene no altera su temperatura en más de medio grado por encima o por debajo de los 5,5°C.

Las fuentes potenciales de alimento dentro del lago son las plantas, el plancton, el detritus (materia orgánica acumulada en el fondo) y los peces. Las aguas oscuras y turbias, la acentuada inclinación de las laderas y el corto verano restringen el crecimiento de las plantas con raíces, que se hallan, en su mayor parte, en los primeros tres metros de agua. Todos los animales herbívoros requieren un volumen muy considerable de comida para sobrevivir; la escasez de vegetación acuática en el lago descarta estas especies. Algunos de los animales más grandes del mundo se alimentan con plancton, por ejemplo el mayor de los mamíferos, la ballena azul; podría ser que el monstruo también comiera plancton. Pero, en general, los lagos escoceses se caracterizan por una relativa esterilidad. Los animales que se alimentan con plancton presentan adaptaciones físicas para capturar y extraer el plancton del agua, así como bocas grandes, para engullir la mayor cantidad de agua posible, cosa que, según las observaciones, no es el caso de nuestro animal.

En general, los depósitos de detritus del lago Ness no son ricos en material orgánico; las muestras que se han tomado indican que la materia orgánica representa sólo un 15 a 30 % del total. Sin duda, la fuente de alimento más lógica para un animal de gran tamaño son los salmónidos migratorios (salmón y trucha de mar). Efectivamente, algunos aspectos de la conducta del monstruo apoyan la teoría de que se trata de un predador de peces. Las observaciones se hacen con más frecuencia en la desemboca dura de los ríos crecidos, cuando los salmones los remontan para desovar; se ha advertido también alguna aceleración súbita de los movimientos del monstruo, que podría muy bien coincidir con la captura de un pez. Una objeción a la existencia del monstruo ha sido siempre la ausencia de restos flotantes en la orilla.

Hay pocos informes acerca de osamentas extrañas encontradas en los lagos escoceses, y ninguno de ellos es reciente. Los lagos Ness y Morar son profundos y fríos; el agua fría demora la descomposición, y da tiempo a las anguilas para dar cuenta de los restos. Esto puede explicar la reputación que tiene el lago Ness de no devolver a los muertos. La presencia de un predador marino de peces adaptado al lago no es, en si misma, muy notable. Lo realmente notable es que todavía se desconozca su naturaleza. Existen varias teorías al respecto. El invertebrado más grande que se conoce es el pulpo gigante, animal mítico hasta hace poco. Muy pocas de las observaciones del lago Ness podrían aplicársele. Por otra parte, si no fuera porque hasta hace poco el lago Ness era un brazo de mar, podría suponerse que se trata de un anfibio; pero el problema es que no hay y la paleontología indica que nunca hubo anfibios marinos.

Ciertamente, la teoría más popular afirma que el monstruo es un reptil. Sin embargo, las objeciones biológicas son importantes. La temperatura del lago parece demasiado baja para que un reptil mantenga su actividad. Además, tendría que salir a respirar a la superficie y desplazarse a la orilla a poner sus huevos. El reptil que más se adapta a las descripciones es el plesiosaurio. Con el precedente del celacanto, ausente dé los registros fósiles durante 70 millones de años y hallado con vida y en buen estado en el Océano Indico en 1938, el mero hecho de que el plesiosaurio haya estado extinguido durante un periodo similar no detiene a sus defensores. No obstante, desde el punto de vista del en torno, un mamífero de la familia de las focas sería más probable. Pero las focas procrean en tierra. Y la necesidad de respirar frecuentemente y por tanto, de salir a la superficie no les permitiría resultar tan esquivas.

La solución menos improbable seria un pez, cosa que explicaría, por cierto, las escasas apariciones en la superficie y también tomaría en cuenta la reproducción. Podría tratarse de una enorme anguila de especie conocida o desconocida. Algunos datos del sonar indican que el contacto se eleva y vuelve al fondo, cosa que es coherente con el comportamiento de la anguila y del bagre europeo. La forma romboidal de la aleta que aparecía en una foto del doctor Robert Rines le llevó a sugerir el nombre científico Nessiteras Rhom bopteryx para el animal. Se ha señalado que la forma de la aleta la hace poco eficiente para la propulsión acuática: probablemente el elemento de propulsión fundamental sería la cola, y las aletas funcionarían como timones, o quizá como frenos. Esto apoya la hipótesis del pez: de hecho, lo más parecido a la aleta de la foto es la de un dipnoo australiano que funciona como una pata para arrastrarse por el fondo.

Sin embargo, pese a todos los esfuerzos, no disponemos todavía de información suficiente para sugerir con seguridad un grupo animal.

 

 

 

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Comentarios:

  1. Escrito por anonimo
    Fecha: 2011-05-25 03:53:53

    pie grande exite y hay uno hay mas ygual q´los ovnis lo creo g.e.h

  2. Escrito por Arthur
    Fecha: 2011-11-08 16:47:14

    Mucha gente es escéptica a este tipo de cosas, pero muchos de los que han tenido este tipo de experiencias no se las pueden estar inventando, sencillamente existen criaturas que muy pocos tenemos la posibilidad de verlas. Digo esto porque hace algunos años tuve una experiencia de este tipo; solo que no fue con un pie grande sino alguna otra criatura que pueda existir y que no tengo idea como se llame. Solo sé que existe o podrían existir muchas y solo quedaría investigar mas acerca de todo esto que ha sido y seguirá siendo un misterio. El lugar si lo puedo decir. Queda en el pie de monte amazónico y la criatura a la que me refiero es horrorosa, con cara de bestia, de unos 2.50 a 3 metros de altura, camina erguida, tiene un pelaje un poco largo de color rojo, al igual que los ojos, muy grandes de color rojo, las orejas de mas de 50 cm, al igual que la trompa, es decir toda la cara aproximadamente de 1 metro.

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