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Monstruos Marinos

Desde hace miles de años, los humanos se han inquietado por los relatos de viajeros que afirman haber visto extraños monstruos marinos. Las profundidades del océano están pobladas por numerosas criaturas que la ciencia todavía desconoce, y dichos relatos no pueden ser descartados tranquilamente como fruto de la imaginación. Si tenemos en cuenta que más del 60 % de la Superficie de la Tierra está cubierta por agua, difícilmente puede sorprendernos que la humanidad tenga noticia de la existencia de monstruos marinos desde la más remota antigüedad.

E incluso en nuestros días, los biólogos marinos, que llevan mucho tiempo estudiando las profundidades de los océanos, están dispuestos a aceptar con cierta prudencia que los numerosos informes de observaciones de monstruos marinos parecen probar que muchas criaturas, por ahora desconocidas y no clasificadas, pululan en lo más oscuro y oculto de las aguas.

Animales no catalogados:

Uno de los monstruos más activos de los últimos años es el que recibe el nombre de Morgawr (en dialecto cómico, gigante de los mares), que ha sido visto con frecuencia durante 1975 y 1976 junto a Falmouth Bay, en la costa de Cornualles (Gran Bretaña). El 5 de marzo de 1976 fueron publicadas en el Falmouth Packei dos fotografías de la bestia que, aunque llegaron a la redacción en forma anónima, resultan bastante convincentes. El 25 de abril de 1977, el barco de pesca japonés Zuiyo Maru atrapó en sus redes un gran cadáver, parcialmente descompuesto, a unos 45 km al este de Christchurch (Nueva Zelanda).

El capitán, Akira Tanaka, tras fotografiarlo, lo devolvió al mar temeroso de que pudiera contaminar sus capturas. El incidente intrigó a la prensa mundial y un equipo de televisión voló desde Japón para hacer un reportaje. Aunque los tripulantes del barco estaban con vencidos de que habían visto un monstruo desconocido, las fotografías parecían mostrar un tiburón en estado de descomposición.

Hoy en dia la polemica continua, descartando la posibilidad de que sea un tiburon muerto.

¿Plesiosaurio?

El calamar gigante o "Kraken" como lo llamaban los marineros de siglos pasados, resulto ser para los escépticos sobre animales gigantes una verdadera realidad. Hoy se estima que pueden existir calamares de 40 metros de longitud, los cuales luchan ferozmente con las ballenas blancas, estos gigantescos seres viven a gran profundidad y pocas veces salen a la superficie, se cree que estos calamares fueron varias veces confundidos con serpientes marinas y otros monstruos marinos, ya que los calamares tienden a sacar algunos de sus tentáculos fuera del agua en forma de serpiente.

El calamar bebe que vemos en la foto apareció muerto en las playas de Bahía Bustamante a 300 kilómetros de Puerto Madryn (Argentina). Este pequeño ejemplar mide 4,20 metros de largo y pesa 180 kilos, actualmente se lo exhibe en el museo de Puerto Madryn. La foto tomada por Miguel Caffarena, donde además de aparecer sus dos hijos, podemos comparar el tamaño de este pequeño Kraken. Gracias a Miguel por tomarse la molestia de enviarme la foto e informarme sobre este curioso caso.

Criaturas de las profundidades.

Desde hace miles de años, los humanos se han inquietado por los relatos de viajeros que afirman haber visto extraños monstruos marinos. Las profundidades del océano están pobladas por numerosas criaturas que la ciencia todavía desconoce, y dichos relatos no pueden ser descartados tranquilamente como fruto de la imaginación. Si tenemos en cuenta que más del 60 % de la superficie de la Tierra está cubierta por agua, difícilmente puede sorprendernos que la humanidad tenga noticia de la existencia de monstruos marinos desde la más remota antigüedad.

E incluso en nuestros días, los biólogos marinos, que llevan mucho tiempo estudiando las profundidades de los océanos, están dispuestos a aceptar con cierta prudencia que los numerosos informes de observaciones de monstruos marinos parecen probar que muchas criaturas, por ahora desconocidas y no clasificadas, pululan en lo más oscuro y oculto de las aguas.

La bíblica bestia del mal, el Leviatán (la serpiente enroscada; el dragón que vive en el mar), es mencionada cinco veces en el Antiguo Testamento, y todas las mitologías nos hablan de gigantescas serpientes marinas. Los eclesiásticos escandinavos recopilaron muchos de los primeros informes sobre monstruos marinos. El arzobispo Olaf Mansson, más conocido como Olaus Magnus, que vivió exiliado en Roma tras el triunfo de la Reforma en Suecia a mediados del siglo XVI, publicó en 1555 una historia natural de las tierras del Norte que contiene informes sobre serpientes marinas.

Entre ellas describe una de 60 m de longitud y 6 m. de grosor que era capaz de comer terneros, cerdos y corderos, y que incluso podía arrebatar a los hombres de la cubierta de los barcos. La descripción del arzobispo es muy interesante.

Explica que la serpiente marina es de color negro, que de su cuello pende una melena, que sus ojos son resplandecientes y que yergue la cabeza como una columna. Pues bien, estas características aparecen también en informes recientes, lo que nos permite suponer que Olaus Magnus escribía basándose en testimonios directos de los hechos, que luego fueron distorsionados por los avatares de la transmisión oral. Doscientos años después los historiadores seguían recogiendo testimonios de la existencia de las serpientes marinas. Un misionero noruego, Hans Egede, informó de la aparición de un monstruo marino en la costa de Groenlandia el 6 de julio de 1734.

El misionero escribió que el cuerpo de la bestia era tan grueso como el de un barco y tres o cuatro veces más largo, y que el monstruo surgía de las aguas, con un salto ágil y volvía a sumergirse. Otro escritor del siglo XVIII que afrontó misterio de las serpientes marinas fue el obispo de Bergen, Erik Pontoppidan. Tras una minuciosa investigación, comprobó que era raro el año en que no se hubiera visto alguna en las costas escandinavas, publicando el informe de sus descubrimientos en 1752. Un año antes, el obispo había hecho leer ante el Tribunal de Justicia de Bergen una carta del capitán Lorenz von Ferry en la que se describía con todo lujo de detalles una serpiente marina que él y su tripulación habían visto mientras se dirigían a tierra en un bote de remos, junto a la localidad de Molde (Noruega) en 1746.

El capitán describía así a la serpiente: tenía una cabeza gris semejante a la de un caballo, grandes ojos negros, boca negra y larga melena blanca. Detrás de la cabeza del monstruo, pudieron apreciar hasta siete u ocho promontorios que salían del agua, y el cuerpo de la bestia se retorcía formando espirales.Cuando el capitán Von Ferry ordenó hacer fuego contra la serpiente, ésta se sumergió en el agua y no volvió a aparecer.

En el transcurso del siglo XVIII el peso cada vez mayor de la crítica racionalista y del análisis científico determiné que los informes de los marineros que habían divisado monstruosas bestias marinas fueran considerados exagera dos y ridículos. Un científico noruego, Peter Ascanius, afirmó que la hilera de jorobas que habían visto los marineros no pertenecía a ningún descomunal monstruo marino, sino a una comitiva de delfines haciendo cabriolas. Y esta explicación tan endeble se convirtió desde entonces en el recurso favorito de quienes pretendían desacreditar los testimonios sobre la existencia de monstruos marinos. Sin embargo, no deja de resultar sorprendente que los naturalistas que se tomaron la molestia de estudiar detenidamente los informes se pronunciaran casi invariablemente por la existencia de la serpiente marina.

Entre otros podemos citar a sir Joseph Banks, eminente científico británico que dio la vuelta al mundo con el capitán Cook, y a Thomas Hux ley, quien en 1893 escribió que no había razón alguna para dudar de que en el fondo de los mares existiesen reptiles serpentiformes de 15 m de longitud, o incluso más. Los biólogos marinos americanos con mayor reputación de la época convinieron en que las profundas simas de los mares, aún inexploradas, podían albergar especies de criaturas monstruosas, y uno de los conservadores del London Zoological Garden, A. D. Bartlett, afirmó en 1877 que consideraba una temeridad no hacer caso de una evidencia que procedía de fuentes tan diversas.

Constantin Samuel Rafinesque fue un brillante y polémico naturalista que contribuyó de forma importantísima al conocimiento de la flora y de la fauna americanas. Nacido en Europa en 1783, en 1815 emigró a Estados Unidos, donde fue profesor de ciencias naturales en la Universidad de Transylvania, en Kentucky. La serpiente marina, de cuya existencia estaba firmemente convencido, formaba parte del vasto campo de sus intereses. Durante la primera mitad del siglo XIX se registraron numerosas observaciones de serpientes marinas a lo largo de la costa nororiental de América. La zona donde abundaron más los testimonios fue en torno al puerto pesquero de Gloucester, en Massachusetts. Rafinesque examinó los informes y decidió dividirlos en cuatro grupos, denominando a las bestias Megophias, es decir, serpientes gigantescas.

 

Pero los investigadores de fenómenos inexplicados sobre las apariciones de bestias marinas seguían encontrando una fuerte oposición entre los científicos. Uno de los más recalcitrantes era sir Richard Owen, sabio prestigioso, aunque de mentalidad muy conservadora, a quien Darwin había considerado uno de mis principales enemigos. En 1848 Owen sostuvo un intercambio epistolar de cierta acritud, que tuvo como marco las columnas de The Times, con el capitán Peter M"Quhae. El debate giraba en torno a una serpiente marina de 18 m que el capitán y su tripulación afirmaban haber visto en aguas del Atlántico Sur, desde la cubierta del Daedalus, el 6 de agosto de aquel mismo año.

Aunque Owen echó mano de la acostumbrada estratagema de los escépticos, que consistía en interpretar los informes de manera que se ajustasen a las propias preconcepciones (la identificación que dio era un león marino), el capitán M"Quhae se mantuvo firme en su convicción de que lo que había visto era una serpiente marina. Como es natural, los monstruos marinos han ocupado siempre un lugar importante en las consejas de los marineros. Algunos informes son exagerados sin duda, pero muchos otros, que consiguieron figurar en los diarios de a bordo, resultan curiosamente consistentes.

En mayo de 1901, cuando los oficiales del vapor Grangense, que navegaba por el Atlántico occidental, vieron desde el puente una criatura monstruosa semejante a un cocodrilo, con dientes de 15 cm, el capitán se negó a tomar nota del hecho en el diario de a bordo, objetando: Van a decir que estábamos borrachos; y les agradeceré señores, que se abstengan de mencionar lo ocurrido a nuestros agentes de Pará y Manaus.

Pero no faltaron otros menos cuidadosos con su reputación, como el teniente de navío George Sandford, el cual, como capitán del navío mercante Lady Combermere, en 1820 in formó haber visto en aguas del Atlántico una serpiente de 18 a 30 m de longitud que arrojaba un chorro de agua como una ballena. El 15 de mayo de 1833, cuatro oficiales del ejército británico y un intendente militar, que habían salido de pesca, vieron una serpiente de unos 24 m de longitud que nadaba por el mar a no más de 180 m de donde ellos estaban. La aparición se produjo en Mahone Bay, a unos 65 km al oeste de Halifax, en Nueva Escocia, y los testigos quedaron tan convencidos de la importancia de lo que habían visto que firmaron todos una declaración a la que añadieron: No hubo posibilidad alguna de error, ninguna ilusión, y estamos muy satisfechos de haber tenido el privilegio de ver la auténtica y genuina serpiente marina, que siempre ha sido considerada como producto de la imaginación de algunos capitanes de barco yanquis.

Otra aparición de un monstruo marino semejante a un cocodrilo tuvo por testigos al capitán y la tripulación del Eagle el 23 de marzo de 1830, pocas horas antes de que el barco atracara en Charleston, en Carolina del Sur. El capitán Deland acercó su goleta a menos de 22 m de la bestia y le disparó con un mosquete a la cabeza. Alcanzado por el proyectil, el monstruo se sumergió debajo del navío y lo golpeó repetidas veces con la cola, provocando serios desperfectos en el casco. Otro de los militares que vio de cerca un monstruo marino de las profundidades fue el mayor H. W. J. Senior, de los Bengal Staff Corps. El 28 de enero de 1879, viajando en el City of Baltimore por aguas del golfo de Adén, pudo ver, a una distancia de 450 m del barco, una cabeza semejante a la de un bulldog, con un cuello de unos 60 cm de diámetro, que salía del agua hasta alcanzar una altura de seis a nueve metros.

La criatura se movía con tal rapidez que le resultó imposible seguirla con los prismáticos. Su relato fue firmado también por otros testigos. Ha pasado un siglo desde el episodio anterior, y durante este tiempo los monstruos marinos han continuado emergiendo ante sus asustados observadores. El intrépido capitán John Ridgway, que cruzaba el Atlántico en un bote de remos, vio un monstruo pocos minutos antes de la medianoche del 25 de julio de 1966. Su compañero, el sargento Chay Blyth, que más tarde se convertiría en un balandrista de fama mundial, estaba profundamente dormido.

Mientras remaba, Ridgway oyó un ruido parecido a un silbido y, de pronto, vio una serpiente de unos 10 m de longitud, con el cuerpo fosforescente era como si de su cuerpo colgara una hilera de luces de neón, que se acercaba a toda velocidad, se sumergía debajo del bote y no volvía a aparecer.

Gigantes Marinos.

Junto a las observaciones clásicas de monstruos marinos existen también las clásicas falsificaciones, pero no por ello debemos descartar la existencia de criaturas desconocidas. Para aclarar este tema han contribuido las técnicas de investigación del zoólogo belga Bernard Heuvelmans. A pesar de que numerosos científicos siguen mostrándose escépticos ante la existencia de monstruos subacuáticos, los informes sobre observaciones, algunos muy detallados, desde todos los rincones de la Tierra, continúan dando testimonio de gigantescas criaturas. La publicidad dada a las observaciones más famosas han acarreado consecuencias de dos clases: la acumulación de informes similares, muchos de los cuales presentan todas las garantías de autenticidad, y la subsiguiente avalancha de embustes.

El celo de los investigadores se ha dirigido a desenmascarar estos últimos, que han servido para ridiculizar a aquellos informes que les han dado fe. Un informe falaz que contiene, quizá deliberadamente, una clave de su auténtica naturaleza, fue publicado en 1848 en el Globe, apenas una semana después de que The Times sacara a la luz el testimonio de Peter M"Quhae, capitán del Daedalus sobre una serpiente marina. La patraña fue publicada en forma de una carta con matasellos de Glasgow del 19 de octubre, pretendidamente remitida por James Henderson, capitán del Mary Ann. Henderson escribía que el 20 de septiembre Mark Trelawny, capitán del bergantín Daphne, había divisado una enorme serpiente, o culebra, con cabeza de dragón, y que casi de inmediato había ordenado cargar un cañón con metralla y hacer fuego contra la bestia.

El monstruo, de unos 30 m de longitud, tras echar espuma por la boca y azotar la superficie de las aguas, se alejó a una velocidad de 16 nudos. El Times reprodujo la historia y un agudo lector escribió para preguntar cómo se las había arreglado el Daphne para recorrer en sólo diez días la distancia que mediaba entre el lugar del encuentro con la bestia y Lisboa, ciudad en la que el capitán Trelawny había relatado el suceso a Henderson. La distancia recorrida era de 8000 km y hubiera requerido una velocidad media de 20 nudos. El lector comentaba con sarcasmo: Probablemente la serpiente llevó a remolque al bergantín. Investigaciones posteriores demostraron que la carta era un embuste. Los científicos escépticos exigen restos físicos que puedan someter a examen.

Periódicamente el mar arroja en remotas playas grandes y extrañas osamentas, pero, debido a las urgencias inmediatas de la investigación científica y a la lejanía de las localizaciones, estos restos son habitualmente ignorados o identificados desde lejos como despojos de criaturas marinas conocidas. Muchas veces se los ha considerado como pertenecientes a la especie del marrajo gigante. Un cuerpo de 17 m de longitud fue arrojado por el mar en 1808 en una playa de la isla de Stronsay, en el archipiélago de las Orcadas, pero antes de que pudiera llevarse a cabo un riguroso examen científico, las tormentas destrozaron el putrefacto cadáver. El dibujo que se realizó a partir de las descripciones de los testigos representa a un animal extraordinario, de largo cuello y ondulante cola, y provisto de tres pares de patas, conformación hasta ahora desconocida para un vertebrado.

Finalmente, los restos fueron identificados como pertenecientes a un tiburón por el cirujano británico Everard Home, que había realiza do un estudio sobre la anatomía de los tiburones y pudo obtener algunas muestras de los huesos de la bestia. Cuando el mar deposita un cadáver de tiburón en una playa, la rápida descomposición de ciertas partes de la anatomía del animal, principalmente la mandíbula inferior, los lóbulos inferiores de la cola y las aletas, da a los restos el aspecto de una criatura fantástica, con cuello largo y delgado, y cola. En 1925, el cadáver de un ser no identificado fue depositado por el mar en las rocas de Santa Cruz, en la costa californiana. Los restos parecían corresponder a un animal de nueve metros de longitud, largo cuello y enorme cabeza con boca en forma de pico de pato, pero posteriormente fueron identificados como pertenecientes a una especie muy rara de ballena que habita en las aguas del Pacifico norte.

La gran masa globular en descomposición que en julio de 1960 fue arrojada por el mar en una remota playa del oeste de Tasmania, mereció escasa atención oficial hasta que, en marzo de 1962, los científicos de Hobart localizaron desde el aire el lugar exacto en que se encontraba y enviaron un grupo a investigar. Finalmente, y con ayuda de helicópteros, se transportaron muestras de los restos para su análisis, y el informe oficial afirmó que se trataba de una gran masa de materia grasa en descomposición, perteneciente seguramente a una ballena.

Sin embargo, los biólogos que habían seguido el caso de cerca consideraron muy improbable esta versión.

Clases de Monstruos Marinos

¿Por qué la serpiente marina sigue siendo un animal relativamente desconocido? Una de las razones podría ser que, aunque más del 60 % de la superficie terrestre está cubierta por el agua, sólo una pequeña parte es atravesada por la navegación comercial, que sigue rutas estrechas y prefijadas. Los casos citados, y centenares más que pueden encontrarse en los diversos trabajos que se han publicado sobre el tema, llevan a la conclusión de que no existe un único tipo de monstruo marino.

En 1965, el zoólogo belga Bernard Heuvelmans completó el más detallado y exhaustivo trabajo que se ha publicado sobre el particular: En la estela de las serpientes marinas, libro de valor inapreciable para todos los investigadores. En su obra, el doctor Heuvelmans describe y analiza más de quinientos informes que van desde 1639 hasta 1964.

De toda esta masa documental, saca diversas conclusiones de las que vamos a intentar ofrecer un breve compendio. De las 587 observaciones que recogió, Heuvelmans considera que 56 de ellas son falsas. En otro grupo reúne las referentes a criaturas marinas conocidas que habían sido tomadas por monstruos marinos desconocidos, encontrando 52 casos. Otros 121 informes fueron descartados porque las descripciones eran demasiado vagas o ambiguas.

Quedan así 358 observaciones, con diversas características respecto al modo de aparición y comportamiento, que pueden dividirse en nueve tipos que van desde la serpiente de cuello largo, que es la que aparece con mayor frecuencia, tiene un cuerpo en forma de cigarro y cuatro pies palmípedos, y nada con gran rapidez, hasta los poco frecuentes saurios marinos, que parecen cocodrilos de 15 a 18 m de longitud y que sólo han sido vistos en las aguas de los trópicos.

El doctor Heuvelmans se refiere jocosamente a los otros tipos como caballos de mar, multijorobadas, supernutrias, multialetas, superanguilas, padres-de-todas-las-tortugas y barrigas amarillas. Descubrió también un grupo que denominó periscopios ambiguos y que puede ser asimilado a los monstruos de cuello largo o a las superanguilas. Heuvelmans sostiene que la serpiente de cuello largo y las de las cuatro primeras categorías pertenecen a la clase de los mamíferos. La superanguila es probablemente un pez cuyo hábitat normal reside en las profundidades del océano, y que cuando es visto en la superficie está por lo general cerca de la muerte.

Los saurios marinos podrían ser muy bien supervivientes del periodo jurásico que se desenvuelven perfectamente bajo la superficie de las aguas, y que de este modo han podido sobrevivir hasta nuestros días. El grupo de los barrigas amarillas resulta algo más difícil de clasificar a causa de la falta de descripciones detalladas, pero posiblemente sean peces, o quizá tiburones. Otra de las observaciones del doctor Heuvelmans pone de manifiesto que las apariciones más frecuentes durante el presente siglo han sido las del monstruo del cuello largo, que debe de estar en plena expansión.

Por el contrario, la supernutria no ha sido vista desde 1848, y Heuvelmans sugiere que estas dos especies pueden estar o haber estado compitiendo por el mismo nicho ecológico, y que la supernutria ha resultado perdedora, e incluso puede haberse extinguido. El mundo submarino no ha sido aún total mente explorado y, a pesar de los escépticos, parece que hay abundantes pruebas de que existen gigantescas criaturas desconocidas. Los científicos creen que dentro de poco podrán tener un conocimiento mucho más amplio de la vida en las profundidades de los océanos.

Además, cada año se descubren nuevas especies, de modo que quizá no se haga esperar la respuesta al misterio de los monstruos marinos.

 

 

 

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Comentarios:

  1. Escrito por anonimo
    Fecha: 2010-05-13 16:13:50

    esas fotos son sorprendentes les voy a contar a todo el mundo

  2. Escrito por anonimo no doy mi nombre
    Fecha: 2012-06-16 00:54:40

    la verdad estoy creyendo en q esto es ciertoooooo por Dios voy a qdar traumado mentalmentee esto es increible te felicito mennn gracias aorita copio tu web para publicarlo eres lo mejorrrr..

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