Momia Bilingue

Recuerdo que el teacher Ovidio Bacadiez, personaje histórico, no hacía parte del staf directivo, era más bien parte vital e imprescindible del inventario inmobiliario del Establecimiento, decía la leyenda, que huérfano muy joven a finales más o menos del siglo diecinueve fue enviado a Londres donde se educó y vivió suntuosa y disolutamente durante algo más de cincuenta años. Debido a las incalculables riquezas percibidas por su acaudalada y multimillonaria familia, quien poseía desde la colonia encomendera y virreinal enormes y extensas minas de cobre y plata en Huanchaca, cantón del antiguo Perú, hoy región de la hermana república de Bolivia, su lugar de origen. Sus modales, su atuendo, la correcta pronunciación, su fluidez y el conocimiento de la lengua de la corona británica, permitían confundirlo por un legítimo y probo mayordomo londinense.

Sin saberse muy bien por qué trágicas circunstancias apareció en el Colegio arruinado y dependiente, triste y lamentablemente para sobrevivir, de las clases que dictaba en todos los cursos para mejorar su exiguo ingreso salarial. A los ojos de las Directivas las edades no eran impedimento para la enseñanza del idioma de Shakespeare y si el obtener un rendimiento del lucrativo y económico empobrecido maestro, sabio momificado en su conocimiento, incapaz por lo tanto de poder y saberlo transmitir, menos a sus díscolos alumnos, quienes conscientes de la marcada desigualdad generacional, que los distanciaba del teacher, origen del problema, aprovechaban y controlaban la situación, atormentando desvergonzadamente al viejo senil con infinidad de disparates insensatos, como los impertinentes cucarrones voladores introducidos subrepticiamente en su elegante sombrero inglés, el repentino y voraz incendio provocado en la caneca de basura del salón, la inexplicable y dolorosa tachuela en el asiento del profesor, la incomprensible desaparición del paraguas o del maletín de un gastado cuero negro, el secuestro de la bufanda verde de finas líneas rojas o el deshombrado abrigo camel con solapa de terciopelo y sus grandes anteojos de carey, el cambio de nombres en la lista de la clase, apareciendo en ella cantantes de rock, boxeadores y toreros de moda, quienes nunca contestaron su asistencia y llevaban infinidad de fallas por su ausencia o peor aún, la simulada pelea en plena clase donde de pronto ante la mirada asombrada y atónita del teacher rodaba por el piso muy cerca de él, un diente gigantesco y áspero de caballo con todo y raíz, grotesco en sus matices de ocres, verdes y naranjas, que de inmediato uno de los agitadores se atribuía como una pérdida irreparable y devastadora de su joven dentadura, máxime por la abundante salsa de tomate que a borbotones ensangra su boca, evidenciando la autenticidad de la confrontación, la clase en este momento estaba totalmente descontrolada, era el imperio del desorden, semejante al clímax y máximo esplendor del espectáculo circense de tres pistas, donde no sabe el espectador a dónde ni qué mirar. La anarquía en el salón reinaba a todo bombo y el anciano consciente y desconcertado de la situación se refugiaba hundiéndose en la pasividad y la ausencia silenciosa del desahuciado, preguntándose seguramente con angustia en lo profundo de su conciencia, en esa edad del “chiflon” y del “dolor de costado”, qué circunstancia fatal torció en ese instante su lamentable, plana y desgastada existencia para merecer semejante tratamiento.

Durante todos estos años no avanzamos en el estudio más allá del primer capítulo del English Book, pérdida de tiempo realmente irreparable, que la vida se ha encargado de cobrar marcadamente.

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