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Mujeres de clase alta del siglo XIX fueron las que usaron este utensilio del Miriñaque, también llamado Crinolina o Armador. Nació principalmente para sustituir a las numerosas capas de enaguas, muchas veces almidonadas que usaron durante muchos años las damas elegantes de la sociedad europea. Primero se confeccionaron con telas muy rígidas con tramos de crin pero muy pronto se convirtió en una especie de jaula con varios aros de acero que primero sostenía las enaguas y finalmente el vestido que se podía balancear a ambos lados.

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Esta estructura tan extravagante lo tuvieron que sufrir las mujeres desde desde 1830 hasta 1870 más o menos, siendo la Emperatriz Eugenia de Montijo de Francia la que marcó y potenció la moda del Miriñaque que fue rápidaente copiado por las damas ricas españolas durante el reinado de Isabel II. Para evitar mostrar las piernas al sentarse, las damas usaban unos pantalones largos con bonitos encajes en las puntas que era señal de elegancia y categoría.

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El Miriñaque fue reemplazado por el Polisón sobre 1870 que era un armazón de telas muy tiesas que se colocaba solamente en la parte posterior atado con cintas a la cintura. La figura de la mujer resultaba recta por delante y todos los adornos del vestido se situaban detrás algunas veces formando cola. Tanto el Miriñaque como el Polisón o el corsé que apareció más tarde, fueron prendas que martirizaron a las mujeres ricas del siglo XIX y hasta que no estalló la Primera Guerra Mundial y con la llegada del Modernismo, fue cuando estas prendas abandonaron los armarios para nunca más volver.

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