¿El mito de la monogamia?

Por otra parte, en El mito de la monogamia, David Barash, psicólogo de la Universidad de Washington y experto en conducta animal, y Judith Eve Lipton, psiquiatra del Swedish Medical Center en Washington, cuestionan la idea de que la fidelidad sea algo más que una cuestión social. Ambos autores citan numerosos ejemplos que demuestran que en la naturaleza, la exclusividad sexual es casi inexistente. Pese a que el comportamiento aparente de ciertas especies ha dado pie a algunos biólogos para defender que la fidelidad existe, las pruebas de ADN dicen lo contrario.

Hay animales, sobre todo aves, socialmente monógamos, pero ninguno mantiene plena fidelidad sexual. Incluso los más citados como especies que conviven en parejas estables, como los gansos y los cisnes, son realmente infieles, según probó un estudio de la Universidad de Melbourne. Dicen Barash y Lipton que, en términos evolutivos, a los machos de cualquier especie les conviene esparcir al máximo sus espermatozoides para asegurar la transmisión de sus genes.Por eso, sus cuerpos –las hormonas y el cerebro, base del comportamiento– están diseñados para la promiscuidad y son fácilmente excitables por los estímulos novedosos. Entonces, ¿por qué es tan difícil sacar del armario esta tendencia biológica a la variedad erótica? La respuesta es simple: los celos sexuales. Para Barash y Lipton, “el instinto que lleva a ser promiscuo es natural, pero la tendencia a odiar que tu pareja haga exactamente lo mismo también lo es”. Y ese es el principal argumento en contra de la posibilidad real del poliamor: la dificultad para controlar los celos.

Se hacen los suecos

En 2005, la empresa de telefonía móvil Halebop hizo una encuesta sobre el respeto a la intimidad de las comunicaciones entre parejas suecas. Solo una cuarta parte confesaba que les movían los celos.

El principal argumento en contra de la posibilidad real del poliamor es la dificultad para controlar los celos.

En una encuesta de la Universidad Complutense de Madrid dirigida por el profesor de Psicología Florencio Jiménez Burillo, el 40 % de los entrevistados confesaban sentir muchos celos; el 30 %, bastantes; un 20 % decía que algunos; y solo una de cada diez personas declaraba estar libre del pecado de la sospecha. En suma, este instinto posesivo es un obstáculo para la relación multiamorosa.

monogamia

Otra dificultad para el poliamor es lo complicado que puede resultar gestionar la organización de la vida diaria. Si ya la convivencia entre dos es compleja –se dice que "una pareja son dos personas que se juntan para dedicarse todo el tiempo a resolver problemas que no tendrían si no estuvieran juntas"–, cuando se trata de tres, organizar agendas, distribuir responsabilidades –por ejemplo, el cuidado de los niños– o decidir qué hacer con el tiempo libre exige hacer encaje de bolillos.

Para controlar los celos, hacen falta grandes dosis de autocontrol, como sabemos por el filósofo inglés Bertrand Russell y la aristócrata Lady Ottoline Morrell, que formaron una de las parejas más interesantes de principios del siglo XX. Su relación fue siempre compleja y apasionada, y trataron de encontrar un equilibrio entre el instinto posesivo y sus convicciones racionales de libertad.

Morrell estaba casada y mantenía una intensa vida social con los artistas del llamado grupo de Bloomsbury, con Aldous Huxley, con Winston Churchill… Cuando empezó a salir con Russell, este le pidió que dejara el sexo con su marido, que se distanciara del escritor Lytton Strachey y que se involucrara en menos proyectos –era una mujer muy activa y dinámica– para no quitar tiempo y energía a su relación. Pero, poco a poco, el filósofo se percató de que sus celos entraban en contradicción con sus ideas. En Matrimonio y moral escribió: "Una vida no puede fundarse en el miedo, la prohibición y la mutua interferencia de la libertad.

No hay duda de que los celos mutuos generan más infortunio en la pareja que la Empleó los celos que sentía como fuerza impulsora para escribir y así convertirse en un ser irreemplazable para Morrell.

 

 

polyamory

No hay duda de que los celos mutuos generan más infortunio en la pareja que la Empleó los celos que sentía como fuerza impulsora para escribir y así convertirse en un ser irreemplazable para Morrell.

La correspondencia refleja que su instinto de posesión le impulsaba a ser más auténtico. Era su táctica para convertirse en alguien especial: cuanto más se sentía él mismo, más sabía que era único para la otra persona. Así trascendía el peligro de ser reemplazado por potenciales rivales. El sentimiento de alarma actuaba como estimulante para explorar su propia personalidad.

Hace falta capacidad para resolver conflictos de forma asertiva, es decir, comunicándose sin tratar de imponerse al otro, sin agresividad pero también evitando la sumisión.

Varios formatos

Partiendo de esa base de comunicación, hay quienes marcan días específicos para estar todos juntos y otros que se alternan para convivir en parejas de forma igualitaria. Algunos comparten piso, otros viven en casas separadas y hay quienes solo se juntan para viajar.

Los estudios del psicólogo francés Serge Moscovici, director del Laboratorio Europeo de Psicología Social, sobre las personas que defienden posiciones no mayoritarias demuestran que, si resisten el clima de presión hacia los diferentes, pueden convertir su opción en algo aceptado cuando esta parte de la coherencia y la confianza.

Fuente Historia: muyinteresante.es/Poliamor ¿Se puede querer a mas de una persona? Parte II

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