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Poderosos y acaudalados romanos frecuentaban este lugar de ocio donde disfrutaban de lujos y la corrupción que tanto agradaba a la élite más pudiente del Imperio romano. Bayas se encontraba en una zona de gran actividad volcánica en el golfo de Nápoles y donde se habilitaron termas y baños para disfrutar del agua caliente que brotaba de manantiales sulfurosos subterráneos. No era una ciudad en si sino que lo formaban varias mansiones o palacios repartidos por el paisaje que fueron frecuentados durante siglos por los dirigentes del Imperio romano. Ciertos escritos de Tito Libio  sobre las propiedades medicinales de las aguas de este lugar hicieron que los romanos que se lo podían permitir acudieran a los tratamientos beneficiosos de las cálidas aguas y de paso asistir a fiestas privadas que era en realidad lo que más atraía a los asiduos visitantes que tenían la oportunidad de dar rienda suelta a vicios que en sociedad se debían ocultar. 

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Una gran zona fue expropiada y convertida en residencia del Emperador Augusto lo que incrementó el interés que despertaba este lugar. También Nerón mandó contruír un palacio y de siguieron otros altos personajes que disfrutaban de fiestas y comilonas convirtiendo el lugar en una especie de Las Vegas para los romanos que disfrutaban de buena posición. En fuentes históricas documentadas se asegura que este era un lugar propenso a toda clase de vicios y que las fiestas que se hacían en las playas fueron sonadas y legendarias.

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Esto duró hasta la invasión bárbara que arrasaron el lugar y lo siguió destruyendo la invasión musulmana que contribuyó a la caída del Imperio Romano. Mucho más tarde y ya en el siglo XVI varios terremotos y el despertar de varios volcanes terminaron de hundir las construcciones convirtiendo lo que fue un centro de gran esplendor en un parque arqueológico subacuático. Son numerosos los submarinistas que cada año recorren las antiguas calzadas, mosaicos, esculturas y restos de construcciones que se encuentran a unos 15 metros de profundidad como testimonio del gran esplendor que disfrutaron los romanos. 

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