misterio

El misterio que entraña la mujer.

En infinidad de veces, la mujer es un misterio insondable para aquel amante que se siente no tan seguro e irresoluto, al no saber cuál es la forma mejor, la más adecuada para estimular a su pareja. La capacidad e idoneidad ante el sexo.

Es cierto que la psicología ocupa un lugar preponderante, de modo que por lo común, la mujer tiene la necesidad de sentir que él está con toda su atención puesta en sus reacciones, dispuesto a conocerla hasta lo más íntimo, y lo hará, dedicándole todo el tiempo que sea necesario para que su emoción (libido) despierte y fluya ardorosamente.

En el intento de alcanzar la inalcanzable perfección, la autoestima se diluye y nos asalta un temor casi irracional a ser rechazados. Las mujeres tienen en gran estima el humor, los sueños compartidos, la imaginación y sienten especial predilección de ser sorprendidas por su pareja (amante), rechazan los gestos repetitivos, las caricias anunciadas, amén de la monotonía. A medida que crece el ritmo de la excitación de ellas, que generalmente es de poco a poco, paulatino, lento.

Los estímulos a los que ella reacciona no, solamente son específicamente físicos, sino que espera de alguna manera, que él transmita la emoción erótica a su mente y sentidos.

erótica

Sueños eróticos

Ellas utilizan sus propios recursos mentales y psicológicos en el acto del amor, los recuerdos, fantasías, imágenes y hasta los sueños eróticos que han experimentado. Por lo tanto, es primordial que el amante asuma, que además de excitar las zonas erógenas, estimule intensamente sus emociones. Entre otras maneras de hacerlo, es musitarle al oído lo hermosa que es, y el deseo que siente por ella.

Entonces; al mismo tiempo que se estimula el terreno emocional, el hombre ha de ser altamente sensible a las manifestaciones que se van expresando en el cuerpo femenino, a las sutiles señales de que; el deseo de ella va in crescendo y, sus diferentes matices.

Las palabras emocionadas, los sonidos que se emiten en el goce del placer de las caricias, los movimientos sinuosos cada vez más pronunciados, de su cuerpo. Eso, es indicativo de que ya la amante está literalmente dispuesta para su entrega plena, total.

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